EncuEntros. rEvista dE ciEncias Humanas, tEoría social y PEnsamiEnto crítico. issn: 2343-6131 / dEP. lEgal: PP 201202Zu4143

año 6. n° 7. EnEro-Julio 2018 pp. 91-114
univErsidad nacional ExPErimEntal rafaEl maría Baralt
La Genealogía como método histórico-filosófico para el estudio de la cultura organizacional pública. Genealogy as a historical-philosophical
method for the study of public
organizational culture
Norjhira Romero
Eduardo Villasmil
eduardojovillasmil23@gmail.com
RESUMEN
Presentamos una propuesta
de método histórico-filosófica desde la perspectiva del pensador francés Michel
Foucault -pensamiento que relacionamos con Nietzsche, de quien se apropia
y reelabora la genealogía-, como
una historia del
presente, cuya actividad no puede ser
labrada por la “conciencia espontánea” sino por un trabajo
de reconstrucción intelectual que piensa el pasadocomolahistoriadelaconstruccióndelaculturadelmundoorganizacionalpúblicoactual
Palabras Claves: Genealogía, Focault,
Organizacional. .
ABSTRACT
We present a proposal of historical-philosophical
method
from the perspec-
tive of the French thinker
Michel Foucault -thought
we relate to Nietzsche, who appropriates and re-elaborates
the genealogy-, as a history of the pre- sent,
whose activity can not
be shaped by “spontaneous awareness” “But for a work of intellectual reconstruction that thinks
about the past as the history
of the construction of the culture of the current
public organizational world
Keywords: Genealogy, Focault, Organizational.
Recibido: 29-05.2017 • Aceptado: 23-06-2017
En
el curso de 1976, Foucault establece tres registros: 1. La his- toria, 2. La filosofía, 3. La toma de partido,
lo que podemos carac- terizar
como una especie de militantismo. Estos tres registros de discurso convergen hacia una nueva forma de entender y
escribir la historia.
Yves Charles Zarka.
Mira,
difícilmente se puede decir eso. ¿Tienes
documentos? Michel Foucault.
A
manera de introducción*.
Al hacer genealogía desde la figura foucaultiana estamos cons- truyendo una arqueología del saber, porque nos estamos pre- guntando cómo
se constituye un saber,
lo cual
tiene doble implicación, por una parte, mostrar el funcionamiento
de los razona-
mientos en el interior de una cultura
(en este caso una organizacional pública), y por la otra, una interrogación a los saberes
de una época.
Ante tan interesante afirmación y ante esta intención,
unas pala- bras de Deleuze que consideramos condensa el propósito teórico:
Una teoría es exactamente como una caja de herramientas (…) es preciso que
sirva, que funcione, y que funcione para otros, no para uno mismo. Si no hay personas que se sirvan
de ella, comen- zando por el propio teórico,
que deja entonces
de ser teórico, es que la teoría no vale nada, o que aún no llegó su momento (…) Es
curioso que un autor que pasa por un puro intelectual, Proust, quien lo haya
dicho tan claramente: tratad mi libro
como un par de lentes dirigidos hacia el exterior, y bien, si no os sirven, tomad otros, encontrad vosotros mismos
vuestro aparato que es necesa- riamente un aparato de combate. Negrillas
nuestras. (Deleuze y Foucault, 1972:107-108).
Este planteamiento en clave foucaultiana tiene que ver con: las prác- ticas
o discursos que han llegado
a considerarse “normales”, la cons- titución del sujeto y las sujeciones, la historia con sus intensidades, dis-
*Agradecemos a la Dra.
Julissa Rubio Álvarez y al maestro Prof. Dr.
Gregorio Valera-Villegas, por
sus inspiradoras orientaciones sobre genealogía, cuyo texto pertenece a uno
mayor como parte de la investigación que desarrollamos y que con ampliaciones
viene siendo mostrado en otras publicaciones.
continuidades, sus desfallecimientos, sus furores secretos,
sus grandes agitaciones febriles tanto como sus
síncopes, es el cuerpo mismo
del devenir.
Siguiendo a Foucault para hacer
genealogía nos preguntaremos
por las condiciones de posibilidad
de los asuntos públicos intentan- do mostrar
cuándo, por qué y en qué circunstancias aparecen como acontecimiento organizacional en el contexto venezolano, mostrar los mecanismos que han posibilitado que sea como es y quién o qué
y por qué (se) decidió
eso y no otra cualquiera de las posibles. En otras palabras,
¿Cómo funciona esto?, ¿Cómo y qué
es lo
que lo hace posible (poder)?,
¿Cómo se fundamenta?, ¿Qué
es lo que la legiti-
ma?, ¿Qué enunciados han funcionado con efectos de verdad (saber)?.
De allí que realizar una investigación
histórico-filosófica apoyada en el
planteamiento de Foucault
como historiador, quien estaba particular- mente interesado en el cambio de la cosas a través del tiempo, es efec-
tuarla distinto al sentido de la disciplina histórica, historia monumen-
tal y a la historia
reliquia. De allí que con firmeza señala
que Paul Ree
… se equivoca, como los ingleses,
al describir génesis
lineales, al ordenar, por ejemplo, solo en función de lo útil…
como si las palabras hubiesen guardado su sentido, los deseos su dirección, las ideas su lógica;
como si este mundo de cosas dichas y queridas no hubiese conocido
invasiones, luchas, rapiñas,
disfraces, astu- cias. De ahí la necesidad, para la genealogía, de una
indispens- able cautela: localizar la singularidad de los acontecimientos, fuera de toda finalidad
monótona; atisbarlos donde menos se los
espera, y en lo que pasa por no tener historia –los sentimientos, el amor,
la conciencia, los instintos-; captar su retorno, no para tra- zar la curva
lenta de una evolución sino para reconocer las difer- entes escenas en las que han representado distintos papeles;
definir incluso el punto de su ausencia, el momento en que no han
sucedido… (Foucault, 2004:11-12).
Dejando visible
que la crítica de Foucault
es a la historia concebida
como lineal, como progresiva, como totalizante, se convierte en una crítica a la comprensión de la historia
monumental y “suprahistórica”, que mostramos para inspirar el diseño
y desarrollo de nuevos estudios en Ciencias Admi-
nistrativas y Gerencia Pública, con el desafío de mirar de otro modo, en- contrar un tono nuevo o distinto
con otro modo de hacer las mismas cosas.
Para Foucault construir una historia efectiva
implica una desgarradu- ra que nos permita
el desligamiento de los procesos
de continuidad y la
instalación definitiva en el campo de fuerzas
de la historia donde se pre-
sencia el quiebre, el choque y las tensiones que produce las erupciones
del acontecimiento. Una historia de múltiples rostros,
una historia sin protagonistas, una historia sin sujeto. El reto es salir de la “prisión”
de la forma de pensar la
historia desde la perspectiva de la evolución y la linea- lidad para situarse
en el terreno de la discontinuidad y la ruptura
como en un campo de batalla,
como señala Foucault
en La arqueología del saber:
La
ruptura no es un tiempo muerto e indiferenciado que se inter- cale – siquiera fuese por un instante-
entre dos fases manifiestas; no es el lapso sin duración que separe dos épocas y desplegase de una
y otra parte de una fisura, dos tiempos heterogéneos; es siem- pre entre
unas positividades definidas, una discontinuidad especi- ficada por cierto número
de transformaciones distintas. (Foucault,
2007:293).
Para atrapar esta discontinuidad y poder problematizarla, Michel Foucault
construye una red de conceptos: umbral, ruptura, corte, mutación, transforma- ción, a la vez que configura
un universo lingüístico para el abordaje
de la historia. El objetivo para Foucault es hacer de la historia
una contramemo- ria y hacer desplegar
otra forma de tiempo. Una historia sin universales
antropológicos, una historia
sin el peso de gravedad
de la causalidad, pero con el rigor de una “desmultiplicación causal”, una historia
de los bordes.
Arqueología
y genealogía foucaultiana.
Genealogía y arqueología no son sinónimas. Arqueología y genealogía no se oponen, sino por el contrario, se complementan. La arqueología se con- centra en las formaciones discursivas y en los procesos de construcción de enunciados,
la genealogía se centra en el análisis del movimiento y las for-
mas de configuración de las relaciones de fuerzas y sus estrategias de poder.
Fernando Bereñak
(2011) señala que la noción
de arqueología fue tomada
por Foucault de Kant, mientras
que la noción de genealogía fue reelaborada a partir de Nietzsche. Michael Foucault denomina
arqueología a su méto-
do en función de la idea de estratos superpuestos de civilización y plantea que la estabilidad en sistemas de pensamiento y discurso puede existir du- rante
períodos relativamente extensos
y luego, de manera repentina
puede
acaecer el cambio. De allí que Nietzsche con La genealogía de la moral fue
una profunda y permanente influencia. El rechazo a las nociones de hom- bre racional y verdad absoluta, y la
fundamentación de la historia sobre la irracionalidad y la contingencia fueron motivo de especial interés para él.
Del modelo basado en estratos, sugerido
por el término “arqueolo-
gía”, Foucault pasó al cual llamaría “genealogía” concebido como una multiplicidad de series provistas de ramas de proliferación ilimitada. Comenzó por demostrar que algunas de estas ramas conducen a callejo-
nes sin salida, y que era inadecuado buscar una lógica en esa progresión.
En el texto Nietzsche, la genealogía, la historia, Foucault (2004) conceptuali-
zará la noción de origen en un sentido más histórico. Los términos alema-
nes Ursprungy Erfindung Foucault los contrapone y al primero lo concibe como “origen” y al segundo como “invención”, y los acoge para desarro- llar su metodología histórica.
Esta concepción de origen como invención,
como artificio, es la que permite a Foucault ubicar la genealogía en una po- sición donde queda atrapada
en su propia perspectiva y desde allí pueda
realizar una operación sobre sí misma, bajo este enfoque, la “emergencia” y la “procedencia” serán el objeto de búsqueda
de la genealogía foucaul-
tiana. La visibilidad de “comienzo”
y “procedencia” se construye a través
de las distancias que conforman
las diferencias. En este sentido,
la genea- logía buscará la dispersión del accidente mostrando
la heterogeneidad y las diferencias que conforman la historia. La idea es rastrear y compro-
bar que en la historia, detrás de las cosas, hay “otra cosa bien distinta”.
Al decir de Márquez
(2014: 236-237), Foucault
juega con dos operaciones
en su metodología: una arqueológica y otra genealógica. El entramado epis-
temológico foucaultiano tiene
un eje que es la relación saber-poder y con re-
lación a él, Foucault construyó una metodología de interconexión profunda. Esta metodología es la arqueología-genealogía: mientras
la primera es apli-
ca para develar los intríngulis propios de las configuraciones del saber, la se-
gunda lo será para descubrir los armazones del poder y sus prácticas sociales.
Por eso que seguir
el complejo curso
del origen, o mejor dicho
el co- mienzo histórico
entendido como invención
dispersa de la cosa, es iden-
tificar los accidentes, los errores,
las falsas apariencias y los cálculos
fa- llidos que dieron nacimiento a aquellas cosas
que continúan existiendo
y tienen valor para nosotros: es descubrir que la verdad o el ser no co- rresponden a la raíz
que sabemos y somos, sino a la exterioridad de los
accidentes. No hay absolutos, no hay verdad absoluta, porque todo está sometido a la mirada desintegradora de la historia
(genealógica).
Es decir, lo interesante para la genealogía será interrogar a la historia
en sus puntos de inflexión, en sus márgenes,
en sus puntos marginales. En pa- labras de Manuel Cruz (2006:16-17) en el prólogo
Escrutando el presente,
ex- presa que es la necesidad
de examinar la historia desde la perspectiva de la actualidad. Pero no desde esta o aquella particular actualidad, sino desde la
actualidad en cuanto tal, esto es, desde
la perspectiva de lo que ha termina-
do siendo real. Pero no para ensalzarlo, ni para cargar de razón, con efectos retroactivos, el proceso que nos trajo hasta aquí (reeditando, por enésima
vez, el engaño de contar
la historia desde
el punto de vista de los vencedo- res) sino, justo a la inversa,
para mostrar su fragilidad, para destacar preci-
samente que lo que algunos
se empeñan en considerar universal y necesario
–por el solo hecho
de haber terminado ocurriendo- es en realidad histórico y contingente. He aquí el gesto más consecuentemente histórico posible. En contra de lo que a menudo los propios historiadores
acostumbran a hacer.
Prosigue Manuel Cruz exponiendo que a los intentos de sancio-
nar lo real presentándolo como
la desembocadura inevitable
del pa- sado, hay que oponer
una historia crítica
y eficaz. Crítica
para de- moler esas construcciones narrativas, obsoletas
y complacientes, que obturan realmente
la posibilidad de entender la fragilidad de lo que pasa,
y eficaz porque no se olvide que, a fin de cuentas,
lo que está en juego es la posibilidad (o no) de contribuir a que el mundo sea diferente.
En este sentido, considera
Foucault que la genealogía exige
del saber minucia, gran número de materiales acumulados y paciencia; las cons-
trucciones se realizan de pequeñas
verdades sin apariencia, establecidas según un método riguroso… la genealogía no se opone a la historia, pero si
se opone a la búsqueda
del “origen”, porque buscar tal origen es tratar
de encontrar “lo que ya existía”, el “eso
mismo” de una imagen exacta- mente adecuada a sí misma…
comprometerse a quitar todas las
máscaras, para desvelar al fin una identidad primera.
Es decir, como dice Foucault (2004:11) “la genealogía es gris, meticulosa y pacientemente documental. Trabaja con pergaminos embrollados, borrosos, varias veces
reescritos”.
La genealogía no pretende
remontar el tiempo para restablecer una gran continuidad más allá de la dispersión del olvido; su tarea no es
mostrar que el pasado aún está ahí, bien vivo en el presente, animándo- lo todavía en secreto.
Pero si, pretende
conservar lo que ha sucedido
en su propia dispersión: localizar los accidentes, las mínimas desviaciones
–o al contrario, los giros completos-, los errores, las faltas de apreciación,
los malos cálculos que han dado nacimiento a lo que existe y es válido para nosotros; es descubrir
que en la raíz de lo que conocemos y de lo que somos no hay ni el ser ni la verdad, sino la exterioridad del accidente.
Igualmente, el genealogista se toma la molestia de escuchar la historia
y descubrir que detrás de las
cosas hay “otra cosa bien distinta” como lo
señalamos anteriormente, que fue construida pieza a pieza a partir
de figuras extrañas a ella; y “ya no cree que la verdad siga siendo verdad
cuando se le arranca el velo”. En efecto, el genealogista parte
a la bús- queda del comienzo, -de los innumerables comienzos que dejan esa sos-
pecha…, esa marca casi borrada que no podrían engañar a un ojo un poco
histórico-. Pero Foucault
nos dice que no nos engañemos, toda vez que
Esa herencia
no es una adquisición, un haber que se acumule
y se solidifique; más bien es un conjunto
de fallas, de fisuras, de capas
heterogéneas que la vuelven inestable y que, desde el interior o desde abajo,
amenazan al frágil heredero: “la injusticia y la ines- tabilidad en el espíritu
de ciertos hombres, su desorden y su falta de
medida son las últimas consecuencias de innumerables inexac- titudes lógicas, de falta de
profundidad, de conclusiones preco- ces, de las que son culpables sus antepasados”. La búsqueda de la
procedencia no fundamenta, al contrario: agita lo que se percibía inmóvil, fragmenta lo que se pensaba unido;
muestra la heteroge- neidad de lo que imaginábamos conforme
a sí mismo… la proce- dencia atañe al cuerpo…
es el cuerpo el que lleva en su vida y su muerte, en su fuerza y en su debilidad,
la sanción de toda verdad y de todo error… (Foucault, 2004: 28-31).
Es decir, para Foucault
el cuerpo es superficie de inscripción de los acon- tecimientos (mientras que el lenguaje los marca y las ideas los disuelven), lugar de disociación del
Yo (al que trata de prestar la quimera de una unidad substancial); voluntad en perpetuo desmoronamiento. La genealogía, como análisis de la procedencia, del surgimiento, de la invención
para no decir origen, está, pues, en la articulación del cuerpo y la historia.
Debe mostrar el
cuerpo totalmente impregnado de historia, y la historia
arruinando al cuerpo.
Acompañados de Romero-Pérez (2014) queremos hacer
notar que no estamos en contra del conocimiento metódico
como tal (tradicionalmen- te llamado científico) y le reconocemos toda la legitimidad de su sistema (positivismo empírico
y el método de las ciencias naturales), pero si es- timamos que su imposición en las Ciencias
Administrativas y en la Ge- rencia
(como ciencia, arte y técnica),
tiende a dejarnos
ciegos ante otros modos de mostrar, de saber, de crear una nueva forma
de ser (Heideg- ger), de nuevas formas de vida (Wittgenstein), que proporcionan una nueva
capacidad para conocer/comprender los acontecimientos que su-
ceden en las organizaciones públicas, las cuales no sólo son cuestión de espacio físico, nómina, tecnologías, estructura, tiempo, tareas y roles que
pueden ser combinados en determinadas formas, sino que van más allá,
porque se trata del bien común y se interesa
por el hombre en sociedad, los modos de organización, de gestión, de control, de puesta en práctica
y de
regulación que producen
la realidad social,
y que para analizarlos
Foucault estableció el concepto de
Gubernamentalidad (arte de gobernar).
En la búsqueda de otro modelo
de saber distinto
al de la ciencia me- tódica a través del método científico, Michel Foucault quiere
hacer apa- recer las discontinuidades, las formaciones discursivas, las formacio- nes de los conceptos, lo original y lo regular,
las contradicciones y las
transformaciones, por lo que: 1) Se cuestiona
el surgimiento común- mente
entendido, mostrando historias
alternativas de su desarrollo. 2) No solo preguntando por el origen de las ideas, valores
o identidades sociales, sino mostrando
cómo estas surgen como producto
de rela-
ciones de fuerza, y 3) No es la construcción de un desarrollo lineal sino que pretende
mostrar el pasado
plural y a veces contradictorio que re- vela las huellas de la influencia que ha tenido
el poder sobre
la verdad.
El camino metodológico del modo de pensar y hacer genealógico.
Narrar la ruta singular que se recorre acompañados de Foucault en un
intento de “pensar de otro modo” o pensar “diferente” la investigación en administración o gerencia pública
que pudiéramos llamar
“un modo de pensar
genealógico” que se funda en la idea de una exploración del conjunto de discursos que constituyen “el archivo” de origen en cuanto
fondo (Ground), en una incesante vuelta
a las fuentes, pero no para ha- cer
con ella una historia, ni tampoco para complacerse en revivir el pa- sado,
sino para hacer el pasado “presente”
y “trans-parente”, no es una mera reconstrucción sino una refundación de lo fundamentado.
En esta forma de investigación foucaultina la genealogía es inse- parable de la arqueología, porque
para hacer el análisis de una cues- tión presente necesitamos de una arqueología y del arqueólogo.
El
arqueólogo no es otra cosa que el archivista, el cartógrafo que constituye nuestra
memoria mostrando a viejos testimonios como síntomas del presente. (Goncalvez, S/F:1-2).
En esta manera de abordar, se puede elaborar
una cuadrícula, una re-
tícula, una rejilla de especificaciones como modo de representación grá- fica, imagen en analogía
a los modos arqueológicos para reconstruir la mirada del genealogista, quien se enfrenta
a la tarea de configurar y en- tender las fracturas en la historia,
como acontecimiento, a partir de una
compleja malla de discursos en movimiento al decirlo con Martínez-Novillo.
El método o la forma concreta
de acercarse a la singularidad de los acon- tecimientos que tiene por objeto, Foucault
encuentra en Nietzsche las pistas
necesarias para desarrollar los principios
metodológicos de la genealogía:
• El color “gris” de la genealogía. El gris, lo fundado
en doc- umentos, lo realmente comprobable, lo efectivamente exist- ido. Frente al azul del cielo,
del metafísico que mira siem-
pre arriba, a las
alturas, a lo bello, la genealogía se dirige abajo, al gris de los documentos, los sótanos y los archivos.
• El método
genealógico exige un trabajo paciente
de docu- mentación, de búsqueda, acumulación y examen
de materia-
les escritos o dichos, los cuales busca
el genealogista allí donde
menos se los espera, en “bajos fondos”,
en márgenes, en lo di- cho
cotidianamente. Lo busca en ámbitos heterogéneos y dis- persos, es decir, en los múltiples
y diferentes escenarios posibles de aparición del acontecimiento
al
decir de Martínez-Novillo.
• Foucault desplaza el centro
de
atención de la genealogía
de la evolución del sentido de las palabras a los discur- sos (y su serie), entendidos como síntoma –y parte
consti- tutiva y constituyente- de la irrupción del acontecimiento.
En el método de análisis de la historia
propuesto por Foucault,
se abor- dan los documentos como restos arqueológicos, deteniéndose en el estu- dio de las reglas de formación de los discursos
y de sus discontinuidades.
• Se construye un archivo audio-visual de una
época deter- minada. Nos basamos en un tipo de investigación con fuen- tes documentales con una materialidad documental diver- sa: libros, publicaciones, crónicas, registros, instituciones, edificios, ordenanzas, leyes, informes de gestión, revistas especia- lizadas, pero además técnicas, costumbres, necesidades,
objetos.
• Para narrar
una historia de los márgenes: prácticas mudas, conductas de los costados, discursos heterogéneos.
Con Vey-
ne (1984 y 2009)
lo que llamamos fuente o documento es también y ante
todo un acontecimiento, grande
o pequeño.
• Lo anterior
entrecruzado con entrevistas a personas que al relatar
lo acontecido, sus discursos
se convierten y se constituyen también en “el archivo”. (Técnica de la revelación en la confesión). Discurso-docu- mento. Esto nos obliga
a redefinir lo que entiende
Foucault por fuen- te: no debe haber
fuente privilegiada, hay que leerlo
todo, conocer to- das
las instituciones y todas las prácticas (y las prácticas discursivas), teniendo en cuenta
que hasta los elementos inconscientes hacen parte del discurso
histórico. Recordando que los acontecimientos burocrá- ticos se perciben
a través de vestigios, de documentos y testimonios.
|
• Se |
rechaza |
el |
a priori |
universal |
sustitu- |
|
yéndolo |
por |
una |
red de |
a priori |
históricos. |
Convencidos de que un texto no es su propia interpretación, el método fundamental de Foucault consiste en comprender con la máxima
preci- sión lo que el autor del texto quiso decir en su tiempo. Una buena com- prensión supone estar inscrito
en cierta tradición
o estar impregnado de una tradición
extranjera nos lo recuerda Paul Veyne, quien añade que
El método de esta hermenéutica
es el que sigue: en lugar de partir
de los universales como esquema
de inteligibilidad de las “prácticas concretas”, que son
pensadas y comprendidas, aun cuando se practiquen en silencio, se partirá de
estas prácticas y del discurso singular y extraño que suponen, “para pasar en cier- to modo a los universales por la trama
de las conductas”; descu- brimos entonces la verdad verdadera del pasado y la “inexistencia de universales”. Para citar
sus propias palabras, “parto de la de- cisión a la vez teórica y
metodológica que consiste en decir:
supongamos que los universales no existen”; por ejemplo, su- pongamos que
la locura no existe, o más bien que sólo sea un falso concepto (aunque le
corresponda una realidad). “Desde ese momento, ¿Qué historia cabe hacer de esos diferentes aconte- cimientos, de esas diferentes prácticas
que, en apariencia, se atienen a ese supuesto que es la locura?”
Y que consiguen que termine existiendo como
locura verdadera a nuestros ojos (…) la locura y todas las cosas humanas no
tienen más elección que ser singularidades
(…) pues los discursos de los fenómenos son sin- gularidades en los dos sentidos de la
palabra: son extraños y no entran en una generalidad, siendo cada uno de ellos
único en su especie. Por lo tanto, para aislarlos, partamos de los detalles y
procedamos a aplicar una regresión a partir de las prácticas con-
cretas de poder, de sus
procedimientos, de sus instrumentos. (Veyne,
2009:24-25).
Si en algo son incómodos Nietzsche y Foucault es por su actitud ha-
cia cuestiones como
la verdad, toda vez que su forma particular
de
problematizarla, relativizándola, despojándola
de su carácter univer-
sal, esencial e indiscutible es determinante para el planteamiento teóri- co-metodológico de la genealogía, por lo que Martínez-Novillo agrega
En Nietzsche y Foucault, la verdad es despojada
de su supuesta esencia objetiva
e inmutable, de su status superior y transcenden-
tal, de su carácter sagrado, de su bondad y moralidad supremas, del “orgullo” cegador que inspira a los hombres y
les llena de “vanidad” (Nietzsche) y es rebajada
al nivel de la humanidad real, mediocre, falsa, embustera, cruel, a los “bajos fondos”
(Fou- cault) de esa humanidad de la que reniega y que oculta, al nivel
de lo contingente, “irrisorio”, “disparatado”, “irónico” (Fou- cault). La
verdad se reinserta en el devenir, es
un “invento”, un producto histórico, fruto de avatares, luchas, azares,
errores, em- bustes. Es su historia -olvidada-
lo que la constituye como ver-
dad.
(Martínez-Novillo, 2010:3).
A lo que prosigue
Martínez-Novillo que no se trata únicamente de “ver- dades oficiales” o ideológicas frente a “verdades
profundas” que habría que descubrir tras las primeras. Tampoco
se trata únicamente de arran- car el velo de las apariencias que oculta las esencias. Nietzsche
y Foucault van más allá de esas sospechas. Ese “impulso hacia
la verdad” (Nietzs-
che), esa “voluntad de verdad”
que caracteriza a la “voluntad
de saber” (Foucault). Ese querer-saber y ese querer-saber-la-verdad ocultan
en su arbitrariedad la
injusticia, la maldad, lo diferente, lo irracional, lo azaroso, lo intuitivo
en el hombre. No hay verdad sino en la historia y por la his- toria.
Es esto lo que permite a ambos autores tomar la necesaria
distancia crítica para fundar el proyecto
genealógico, y lo que les impulsa a iniciar
una historia de la moral (Nietzsche) y una historia de la verdad (Foucault).
El discurso sería entonces
la parte invisible, el pensamiento impensado donde se singulariza cada acontecimiento burocrático de la
historia, al de- cirlo con Foucault nos permitirá entender
esa apercepción del discurso:
El enunciado puede no estar oculto, y pese a ello no es visible; no se ofrece a la percepción como el portador manifiesto de sus
límites y de sus caracteres. Se requiere cierta conversión de la mirada y de la actitud para poder reconocerlo y
considerarlo a sí mismo. Tal vez sea eso demasiado conocido que se escabulle sin cesar,
tal vez sea [una] transparencia demasiado familiar. (Fou- cault, 2007:145).
Estamos de acuerdo con Veyne (2009),
que se requiere una mirada más
penetrante para percibirlo, y por eso el progreso
metodológico que supone la
escritura histórica de Foucault y la hermenéutica de los discursos
lleva entonces hasta su término una de las vías que tomó la investigación históri- ca hace ya dos siglos largos: no borrar el color local o más bien temporal.
De allí que Veyne indica que Foucault continúa
lo que fue desde el ro-
manticismo el gran trabajo de los historiadores: poner de manifiesto en qué consistió la originalidad de una formación
histórica, sin buscar lo
natural o lo razonable, prescindiendo
de nuestra inclinación, demasi- ado humana,
a la banalización al preciso de caer en el
anacronismo. De modo que los libros
de Foucault constituyen una crítica que no se di-
rige contra el método de los historiadores, sino sobre todo contra la fi-
losofía misma, cuyos grandes
problemas se disuelven,
según decía, en
cuestiones de historia,
pues “todos los conceptos son evoluciones”.
Al respecto Morín y Kern citado por Romero-Pérez (2014) nos recu- erdan que a pesar de las resistencias académicas, es desde el presente
donde hay que preparar la reforma del pensamiento que permitirá re-
sponder a los desafíos de la complejidad que nos impone lo real, en
otras palabras, es una inversión
en la tarea de repensar, la cual exige una
verdadera refundación, que precisa de una reforma
del pensamiento.
De lo anterior, en el diseño
que equivale al momento más artesanal de la
ejecución de la metódica de la investigación genealógica, es cuando,
quizás, surgen más preguntas en virtud que se asume la interpretación
como ejer- cicio, el proceso
es iterativo (un ir y venir entre lo teórico,
los documentos y el análisis crítico),
no lineal ni secuencial, con lo cual no se quiere decir que
pierde su sistematicidad y rigurosidad académica, intelectual o científica.
Estrategias heterogéneas para la investigación genealógica.
Nos apoyamos en los planteamientos desde
el capítulo Nietzs- che, la genealogía, la
historia que integra
su libro Microfísica del Po- der, que realiza nuestro
referente teórico epistémico, Michel
Foucault (1979), por lo que nos permitimos
señalar las siguientes
estrategias
que orientan una investigación de este tipo pero sin llegar a convertir-
se en “un paso a paso”, sino en un proceso recursivo/reflexivo/crítico:
1. Una investigación realizada con rigurosidad, sistematicidad, cohe- rencia, meticulosidad y pacientemente documentalista. Se trabaja sobre sendas o caminos algunas
veces reescritas, en formas de dis-
positivos que en palabras de Michel Foucault citado por García Fan- lo (2011) es el conjunto
decididamente heterogéneo que comprende
discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones
reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científi- cos,
proposiciones, en resumen, los elementos del dispositivo perte- necen a lo dicho como a lo no dicho. Por ende, el dispositivo es una red que puede establecerse entre estos elementos y también se pre-
sentan como un conjunto capaz de ser transformado y reordenado.
2. No se elabora con la única intención de lo útil, de su utilidad muy propia
del método científico que no pretendemos maleficar ni des- conocer los importantes logros, avances y aportes a todas las áreas
del conocimiento, sino desde la perspectiva transdisciplinaria (en- tendida como “en – a través,
y más allá de las disciplinas”), toda vez
que otras disciplinas también se ocupan
de ésta, o concurren en un tema común, o porque un concepto
demanda la colaboración de más campos del saber para construir objetos de estudios
o proble- matizar asuntos de las Ciencias Administrativas y en especial
de la Gerencia Pública,
en virtud de los diversos
ámbitos de que se ocupa.
3. Es con el deseo de conocer las luchas, para percibir la singulari-
dad del suceso en la cultura organizacional pública. Encontrar esa particularidad allí donde menos se espera y en aquello
que pasa desapercibida por no tener nada o poca historia (como
la que nos ocupa,
que están allí en las administraciones
públicas
pero no nos preguntamos cómo se erigió,
sino que por uso y cos- tumbre
lo hacemos). Es captar su retorno, pero no su evolución,
sino para reencontrar las diferentes escenas en las que se han ju- gado
diferentes papeles; definir
incluso el momento
de su ausen- cia, el momento en que no han tenido lugar (si es que los hay).
Lo anterior, teniendo presente
que la genealogía no se opone a la historia como la visión de águila y profunda del filósofo en relación de la mirada profunda del sabio; se opone por el contrario al despliegue meta-histórico de las significaciones ideales
y de los indefinidos teleológicos. Se opone a la búsqueda del origen, porque no es intentar encontrar
“lo que estaba ya
dado” lo “aquello
mismo”, sino tener por adventicias algunas de las pericias (destrezas) que han podido
tener lugar. Es un intento de levantar las máscaras, para desvelar una identidad, y que detrás de esa cosa existe otro algo distinto y que su esencia fue construida pieza por pieza a partir de figuras que le eran
extrañas, pero que nació de un modo perfectamente razonable, del azar o de “armas”
lentamente forjadas a lo largo de luchas personales para en nuestro caso,
pensar en el bien común, en las necesida- des
propias de las organizaciones de oficina en la Gerencia
Pública para ofrecer respuesta
oportuna en los asuntos que le son de su competencia.
Ante la pregunta: ¿Por qué no buscamos el origen como algo precioso
y esen-
cial?, nos
permitimos señalar el siguiente conjunto heterogéneo de elementos:
• Michel Foucault
nos recuerda que creemos
que en sus comien- zos las cosas estaban
en su perfección y que salieron rutilantes de las manos del creador, o de
la luz sin sombra del primer amane- cer. Y esta historia nos muestra las luchas, lo difícil, lo irónico, las relaciones de saber/poder. Saber que
se acumula y se solidifica.
• En la genealogía
a las organizaciones pública nos proponemos no partir
a la búsqueda del “origen”, ni minusvalorar los episodios de la
historia de esta, sino por el contrario nos ocupamos en las meticulo- sidades y en los azares de los comienzos por ejemplo, prestamos una escrupulosa atención a la intención de los demás, para verlas surgir
quitadas las máscaras, con el rostro del otro (que también es la cons- titución histórica de uno mismo como funcionario público)
que se ha venido construyendo
de mil modos diferentes. Búsqueda sin pu-
dor para ir a buscarlas allí donde están “revolviendo los archivos”.
• Como genealogista se necesita de la historia para requerir la qui-
mera de la fuente, la procedencia (pertenencia a un grupo, el de la
tradición) o la emergencia como punto de surgimiento, es el prin- cipio y la ley singular de una aparición, la emergencia se produce
siempre en un determinado estado de fuerzas, la emergencia de- signa
un lugar de enfrentamiento. En un poco como el buen filó- sofo político tiene necesidad del médico para conjurar
la sombra del alma del político
y del gerente público. De allí que es preciso saber reconocer los sucesos
de la historia, sus sacudidas, sus sor- presas, las victorias afortunadas, las derrotas mal digeridas, que dan cuenta de los comienzos, de los afinidades y de las herencias
en cuanto a nuestro interés
investigativo. En palabras
de Foucault la historia,
con sus intensidades, sus debilidades, sus furores se- cretos, sus grandes agitaciones inquietas y sus desfallecimien-
tos, es el cuerpo mismo del devenir
de lo que deseamos mostrar.
• No es buscar la procedencia
en una continuidad
sin interrup-
ción, lo cual sería un error. Como si
los dispositivos burocrá-
ticos hubiesen aparecido desde el principio de los tiempos para el fin que tienen hoy día en las administraciones públicas.
• No se trata
de encontrar en una idea,
los caracteres que permitan
asimilarlos a todos, sino de percibir las
marcas sutiles singula- res que pueden entrecruzarse y formar una raíz difícil
de desen- redar. Aunque se utilicen categorías de semejanza, la procedencia
nos permite desembrollar para poner aparte las marcas diferentes.
• Allí donde posturas
epistémicas pretenden unificar o generali-
zarlo todo, la genealogía parte
a la búsqueda del comienzo
o de los comienzos
innombrables que dejan
una sospecha (no en vano Michel Foucault es uno de los pensadores
de la sospecha), sos- pecha de una marca casi borrada
que no sabría engañar a un ojo poco
histórico, de allí que el análisis
de la procedencia permi- te descomponer “mil”
sucesos perdidos hasta ahora.
La proce- dencia permite también
encontrar bajo
el aspecto único de un carácter, o de un concepto, la proliferación de sucesos
a través de los cuales (gracias
a los que, contra los que) se han formado.
• En todo caso, esta genealogía no pretende remontar
el tiempo para restablecer una gran continuidad por encima de la dispersión
del olvido. Su objetivo
no es mostrar que el pasado está todavía ahí bien
vivo en el presente, animándolo aún en secreto después de haber
impuesto en todas las etapas del recorrido una forma dibu- jada desde el comienzo.
Nada que se asemeje a la evolución.
Fue seguir la filial compleja de la procedencia, es al contrario
mante- ner lo que pasó en la dispersión que le es propia: es percibir, los accidentes, las desviaciones
ínfimas
–o al contrario los retornos
completos-, los errores, los fallos
de apreciación, los malos cálculos que han producido aquello que existe y es válido para nosotros en las burocracias necesarias al decirlo con Romero o administracio- nes públicas de la República Bolivariana de Venezuela, que supone
descubrir que en la raíz que conocemos
y de lo que somos no están en
absoluto la verdad ni el ser, sino la exterioridad del accidente.
• Como no se trata de un
saber que se acumula y se
solidifica, aunque también se
sistematiza el conocimiento, se
trata más bien de un con- junto de pliegues, de fisuras, de capas heterogéneas que lo hacen ines-
table y, desde el interior
o por debajo, amenazan al frágil heredero
(al asumirlo como una procedencia, que no funda, sino que al contrario:
remueve aquello
que se percibía inmóvil, fragmenta lo que se pensaba
unido; muestra la heterogeneidad de aquello que se imaginaba con- forme a sí mismo). Y eso es justamente lo que pretendemos mostrar en este puesta en escena,
entre cuyos aportes
está en no seguir colec- cionando hechos y registrarlos cuidadosamente, ni el caso de quie-
nes demuestran y refutan, ni es “puro” aferramiento a la objetividad. Sino precisamente, profundizar en teóricos epistémicos como Michel Foucault y su Maestro
Nietzsche, además de asumir una perspectiva
transdisciplinaria para mostrar otros modos que investigadores en la Ciencia Administrativa y Gerencia Pública, pueden tomar desde
otra forma de conocer la realidad y sus implicaciones (políticas, so- ciales, económicas y culturales) distanciada de lógicas matemáticas o de las ciencias
naturales de explicación de principios causas y efec-
tos, variables o verificación de hipótesis. Que no dejamos
de recono- cer su valor, sus aportes y brindamos el justo mérito que se merecen,
pero nos atrevemos a producir
conocimiento desde otra perspectiva
que contempla la búsqueda en archivo, el análisis crítico de los do- cumentos, la observación atenta,
la conversación con escucha intere- sada. Es una mirada que sabe dónde mira e igualmente lo que mira.
• Cada momento
de la historia se convierte en un ritual;
impone obli- gaciones y derechos; constituye cuidados procedimientos. Estable- ce marcas, graba recuerdos en las cosas e incluso
en los cuerpos de los funcionarios públicos; se hace contabilizadora de deudas.
• Análisis que nos permite
mostrar el estado
de fuerzas, la ma- nera
como luchan unas contra otras, o el combate
que realizan contra las circunstancias adversas,
o aún más, la tentativa
que
hacen –dividiéndose entre ellas mismas-
para escapar de la de- generación y revigorizarse
a partir
de su propio debilitamiento.
Dispositivo y acontecimiento:
términos claves en la estrategia discursi- va de Foucault para crear genealogía.
Son varios los conceptos
que permiten la arquitectura de toda una red de exploración histórica con Foucault,
tales como: archivo, episteme, enunciado, discurso, acontecimiento, dispositivo; y para efecto de la presente mostración nos detendremos en dos: dispositivo y acontecimiento, toda vez que la genea- logía se da por objeto la “singularidad de los acontecimientos”, el modo de
específico en que su irrupción o emergencia en un determinado campo de fuerzas y posibilidades, modifican y reconfiguran dicho estado de cosas.
Al decir de Agamben (2011), dispositivo es un término decisivo en la estrategia
del pensamiento de Foucault, quien
lo utiliza a par- tir de los años setenta,
cuando comienza a ocuparse de la “guber- namentalidad” o “gobierno
de hombres”. Si bien es cierto que no ofrece una definición en sentido propio, Foucault sí se acerca en una en-
trevista de 1977, al señalar
lo siguiente sobre
los elementos del dispositivo:
Aquello
sobre lo que trato de reparar con este nombre es […] un conjunto resueltamente heterogéneo que compone los discur-
sos, las instituciones, las habilitaciones arquitectónicas,
las decisiones reglamentarias, las
leyes, las medidas administra- tivas, los enunciados
científicos, las proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas. En fin, entre lo dicho y lo no dicho, he aquí los elementos del dispositivo. El
dispositivo mismo es la red que
tendemos entre estos elementos.
[…] Por dispositivo entiendo una suerte,
diríamos, de formación que, en un momen-
to dado, ha tenido por función mayoritaria responder a una urgencia. De este modo, el dispositivo tiene
una función estraté- gica dominante […]. He dicho que
el dispositivo tendría una naturaleza esencialmente estratégica; esto supone
que allí se efectúa una cierta manipulación de relaciones de fuerza, ya sea para desarrollarlas
en tal o cual dirección, ya sea para bloquearlas, o para
estabilizarlas, utilizarlas. Así,
el dispositi- vo siempre está inscrito en un juego de poder, pero también
liga- do a un límite o a los límites del saber,
que le dan nacimiento pero, ante todo, lo condicionan. Esto es el dispositivo: estrategias de relaciones de fuerza
sosteniendo tipos de saber, y [son] soste- nidas por ellos. (negrillas
nuestras). (Agamben, 2011: 249-264).
Giorgio Agamben
(2011:250)
lo resume brevemente
en tres puntos:
1. [El dispositivo] se trata de un conjunto heterogéneo que incluye vir-
tualmente cada cosa, sea discursiva o no: discursos, instituciones, edi- ficios, leyes,
medidas policíacas, proposiciones filosóficas. El disposi-
tivo, tomado en sí mismo,
es la red que se tiende entre
estos elementos.
2. El dispositivo siempre tiene una función estratégica con- creta, que siempre está inscrita en una relación de poder.
|
3. Como |
tal, |
el dispositivo resulta |
|
del |
cruza- |
|
miento |
de |
relaciones de
poder |
y |
de |
saber. |
Por otra parte, tenemos
el concepto de acontecimiento en
Michel Fou- cault, el cual señala que para entender la historia, no en el sentido plano, li-
neal, totalizante, progresiva y de
períodos largos como lo planteaba la his- toria tradicional con Descartes, sino en un sentido ruptural, es decir, en el
sentido donde lo que importa son los pliegues, las fisuras, los cortes, los quie-
bres, la ruptura y para ello replanteó
el concepto que permita entender las
fracturas en la historia y ese
concepto es precisamente el de acontecimiento.
El acontecimiento como una instancia singular
y práctica para el análisis de la(s) historia(s), en
palabras de Díaz (2010:1) éste se inscribe en una mi- rada de concurrencia
sobre las conexiones, estrategias, apoyos, bloqueos y juegos de fuerzas que han dado una emergencia singular en la historia y que se ha constituido legítimamente en una evidencia universal y necesaria. Existe detrás de cada acontecimiento una red policausal o al decir de Fou-
cault una suerte de desmultiplicación causal del
acontecimiento, aflora en un
terreno intenso de fuerzas y contra-fuerzas donde
lo múltiple se entrelaza,
se acerca, se distancia, se mezcla, se superpone, cede y se despliega sobre sí.
Al decir de Nietzsche en Así hablo
Zaratrusta, los acontecimientos más grandes no son nuestras horas más estruendosas, sino las más silenciosas.
Lo importante para Foucault es detener
la mirada en la rareza del even- to,
en la singularidad del evento,
en la originalidad del acaecer,
porque deja de ser un hecho absolutamente pasado como en la concepción de la historia tradicional. Esta nueva mirada del acontecimiento en Foucault tie- ne
encuentros con las críticas antipositivistas de la francesa
Escuela de los Annales, quienes fueron los pioneros en construir una mirada innovadora del acontecimiento no como un ente sino como construcción del historia-
dor, lejos de la visión
positivista del acontecimiento como hecho absoluto.
Foucault propone
entonces
una nueva mirada,
una mirada arqueo-
lógica que se sumerja en las profundidades del acontecimiento para penetrar las capas subterráneas que subyacen bajo la superficie
de los mismos, para desentramar las relaciones de saber, de poder y de ver-
dad que los soportan. Con Foucault asistimos
a un giro epistemológico
revolucionario en la historiografía occidental,
un giro marcado por la
problematización de los
pequeños trozos de la historia,
donde el des- equilibrio y la inestabilidad son los elementos
comunes del aconte- cer cotidiano. No es una recuperación de lo no visto, es una nueva mi-
rada a las objetivaciones/subjetivaciones:
lo decible
y lo enunciable.
En palabras de Márquez
(2014:224-225),
la noción
de acontecimien- to se encuentra ligada
a la noción de “irrupción” en el sentido
de un quiebre de la continuidad
y en un todo opuesta
a ésta. El aconteci-
miento se debe entender como la emergencia
de lo singular
que se opone
a la regularidad discursiva construida por los operadores
de
la continuidad. Al respecto Albano (2006)
opina que el rasgo funda- mental del acontecimiento es la singularidad y su carácter
irrepetible.
La emergencia del acontecimiento se origina en un cierto estado de fuerzas, donde no hay protagonistas ni responsables, que debe ser enten- dida
como efecto de sustituciones, emplazamientos y desvíos sistemáti-
cos. Es decir, el acontecimiento es lo que cambia el rumbo de una cosa. En
tanto procedimiento de indagación histórica, el acontecimiento en su forma foucaultiana, toma una nominación específica: acontecimienta-
lización. Este elaborado
término se intenta
referir, por un lado, no a una historia cronológica, lineal, progresiva y continua de hechos proceden- tes, sino a la toma de conciencia de las rupturas
de evidencia inducidas por ciertos acontecimientos singulares. Al decir de Veyne (1984:15) el acontecimiento no es aprehendido en ningún caso directa y plenamen-
te. Sólo se percibe de forma incompleta, lateral, a través de tekmeria, de vestigios, de documentos
y testimonios. Por lo que es necesario
pre- guntarse qué los individualiza, ya que suceden
en un momento dado.
A modo de cierre.
Podríamos preguntarnos ¿cuál sería la diferencia entre la genealogía y lo que tradicionalmente se llama historia? Que la historia
de los historiadores se procura un punto de apoyo fuera del tiempo;
pretende juzgarlo todo según
una objetividad de apocalipsis; porque
ha supuesto una verdad eterna y una conciencia idéntica a sí misma. Hay toda una tradición de la historia
(teológica o racionalista) que tiende a disolver
el suceso singular en una continuidad ideal al movimiento
teleológico o encadenamiento natural.
Por su parte la genealogía no se posa sobre
ningún absoluto. No debe ser más
que la agudeza de una mirada que
distingue, reparte,
dispersa, deja jugar
las separaciones y los márgenes
–una especie
de mirada disociante capaz de disociarse a sí misma y de
borrar la unidad que se supone conducirla soberanamente hacia su pasado.
Al decir de Foucault
el verdadero sentido histórico reconoce que vivimos sin referencias ni coordenadas
originarias, en miríadas de sucesos perdidos; y existe también el poder de subvertir
la relación de lo próximo
y lo lejano tal como son entendidos en la historia
tradicional, es decir,
en su fidelidad a la obediencia, que mira las lejanías y las alturas:
las épocas más nobles, las for-
mas más elevadas, las ideas
más abstractas, las individualidades más pura.
Afirmaciones que nos inquietan
y de
la cuales nos apoyamos para buscar la procedencia de acontecimientos burocráticos, no solo para ubicarlos sino para
comprenderlos en el actual contexto
administrativo, público, político y social, para ir acompañados de una historia
otra, una historia
nueva al de- cir de Foucault, alejada de
las historias monumentales, de las que son reli- quias y que no se tocan
o de las que simplemente son críticas sin mostrarnos
la otra, que miró más cerca pero para separarse bruscamente y retomado a distancia (mirada
parecida a la del médico que se sumerge para diagnos- ticar
y decir la diferencia), revolvió en las decadencias; afrontando
las vie- jas épocas con la sospecha
(no rencorosa sino divertida) de un murmullo bárbaro e inconfesable. La historia puede ser el conocimiento diferencial de las energías y los desfallecimientos, de las alturas y de los hundimien- tos, de los venenos
y los contravenenos. Puede ser la ciencia
de los reme- dios al decir de Nietzsche
citado por Foucault
en Microfísica del Poder.
Es importante que
se documenten los pasos que realiza el/la in- vestigador/a durante el desarrollo
de la investigación,
a fin de ev- idenciar la transparencia y claridad en los
procedimientos, de tal forma que se logre reconstruir
el proceso
en el informe final, valga decir, un informe académico
que da razón de la forma cómo se de- sarrolla, el enfoque de la investigación en el que se fundamentó, los hallazgos, la ubicación de las piezas arqueológicas y el análisis
crítico.
Para finalizar este acápite, es oportuno
señalar dos cosas, por una parte,
hacer genealogía no será jamás
partir a la búsqueda de su “origen”, de- spreciando como inaccesibles todos los episodios de la historia; será al con-
trario, insistir en las meticulosidades y azares de los comienzos, prestar una atención escrupulosa a su irrisoria
mezquindad; prepararse a verlos surgir,
al fin sin máscaras,
con la cara de lo otro, no tener pudor
en ir a buscarlos allí donde están –“registrando los bajos fondos”-; darles tiempo para ascender
del laberinto en el que jamás verdad alguna los ha tenido bajo custodia.
El método de la genealogía huye de las recetas prescritas y de las normas
rígidas. No tiene fórmulas de aplicación mecánica
sin embrago, no por ello renuncia al riguroso y obcecado estudio
de materiales disponibles. La geneal- ogía
se distingue de la especulación “metafísica” y del
empirismo positivista de la ciencia moderna,
combinando una mirada
orientada y particular (una perspectiva) – que desecha los principios objetivistas y realistas del positiv-
ismo- con una actitud positivista a la hora
de buscar y rebuscar documentos, analizar discursos, por lo cual acompañados de Martínez-Novillo pudiéra- mos decir que, solo conserva del positivismo una actitud metodológica.
Por tanto, es importante
estar atento/a para reconocer los acontecimien- tos de la historia,
sus sacudidas, sus sorpresas, las vacilantes victorias, las derrotas mal digeridas,
que explican los comienzos, los atavismos, las huellas y las herencias; como también hay que saber diagnosticar las en-
fermedades del cuerpo, los estados
de debilidad y de energía,
sus resis- tencias y sus fisuras en el mundo organizacional público latinoamericano.
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