ENCUENTROS
Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico
ISSN: 2343-6131 / ISSN-e: 2610-8046
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Maracaibo, Venezuela
Dossier
N° 12 Julio-Diciembre 2020
pp.
101-112
Elementos constitutivos del golpe de Estado: una propuesta de
su
mínimo común denominador.
Constituent elements of the coup d’état: a proposal for its lowest common denominator.
Ramón Alonso
Dugarte
Rangel Centro de Estudios
de África, Asia y Diásporas
Latinoamericanas Universidad de Los Andes
https://orcid.org/0000-0001-5087-4169
Mérida,
Venezuela
Este trabajo está
depositado en Zenodo:
DOI: http://doi.org/10.5281/zenodo.3693040
Resumen
La presente investigación busca sumergirse en el debate sobre los elementos
constitutivos del golpe de Estado, aquellas características presentes
en un fenómeno político para que
pueda ser catalogado como tal y que se ha denominado mínimo común denominador. El mismo se obtuvo al revisar diversas
definiciones y observar
los elementos más recurrentes
que componen al concepto: los actores, condiciones previas, factor de la legalidad, papel de la violencia, fase de planificación y desarrollo y los resultados
o consecuencias de los
golpes. La importancia de determinar los elementos constitutivos pasa por alejarnos del “estiramiento” conceptual y querer catalogar
a conveniencia unos actos de golpes y otros
no. En todo el trabajo
nos apoyamos en las herramientas metodológicas de la historia con- ceptual.
Palabras
claves: golpe de Estado, crisis política, historia conceptual y teoría política.
Abstract
The present investigation tries to immerse
itself in the debate on the constituent elements of the coup d’état, those characteristics present
in a political phenomenon so that it can be classified as such and which has been called the lowest common denominator. The same was obtained by reviewing various definitions and observing the most recurrent
elements that make up the concept:
the actors, preconditions, legality factor, and role of violence, planning and development phase, and the results or consequences of the blows.
The im- portance of determining the constituent elements
is to move away from the conceptual “stretch” and want to conveniently catalog
some acts of blows and others not. In all the
work
we rely on the methodological tools of conceptual history.
Keywords:
coup d’état, political crisis, conceptual history and political
theory.
Recibido:10/04/2020 Aceptado: 29/06/2020
Introducción
Reinhart
Koselleck (1993), uno de los fundadores de la Historia Con- ceptual, insistía
en que los conceptos modernos no pueden ser definidos sino más bien deberían
ser vistos como campos de batallas semánticas, permanentemente abiertos
a la ambigüedad, la polisemia y la disputa
entre los agentes históricos. Partiendo de estos preceptos podemos argüir que para la plena compresión de un concepto
una simple definición es insufi- ciente,
debemos abordarlo desde una perspectiva más amplia, desde una perspectiva
histórica, la cual permita ubicar los elementos que componen al fenómeno, debido precisamente a la ambigüedad suscitada por determi- nados conceptos.
La historia conceptual consiste en el estudio de la formación de
con- ceptos, su empleo y sus cambios. Su interés no precisa exclusivamente en hallar la definición correcta sino en su despliegue histórico. Uno de sus principales objetivos es
particularizar los cambios que a través del tiempo han sufrido los conceptos y
analizar la interrelación entre historia, política y lenguaje en un tiempo
histórico específico. El mismo
Koselleck apuntaba algunas características interesantes que nos sirven de marco me- todológico en la presente investigación,
entre ellas: analizar la “sedimen- tación” que con el pasar del tiempo envuelve
a los conceptos, no olvide- mos que, aunque las palabras utilizadas para
referírseles sigan siendo las mismas, ellos cambian
en sus contenidos; otro aspecto
es el estudio de las “constelaciones teóricas”
o los concentrados lingüísticos, lo cual refiere
a que difícilmente un concepto se explica así mismo sin relación con
otros conceptos, en nuestro caso no podemos entender los golpes de Estado sin
entender los conceptos de democracia, dictadura, gobierno de facto, per- sonalismo político, entre otros (Bödeker, 2009). Justamente estar atentos a estas
característica nos permite evitar (o achicar) la ambigüedad y el anacronismo.
El trabajo propone
la construcción un mínimo común denominador del golpe
de Estado: aquellas características presentes en un fenómeno
político para que pueda ser catalogado como tal. En este sentido,
en la primera parte revisaremos al- gunas definiciones y extraeremos los elementos constitutivos; en la segunda,
ana- lizaremos cada uno de ellos y al final, en las consideraciones finales,
haremos un llamado de atención
respecto de los cambios y permanencias
de los componentes.
La importancia de precisar los elementos constitutivos del golpe
de Estado nos ahuyenta del “estiramiento” conceptual, querer catalogar a
conveniencia unos actos de golpes y otros no. Si bien Reinhart Koselleck
insistía que los conceptos modernos deben ser vistos como campos de batallas
semánticas, abiertos a la ambigüedad, la polisemia y la disputa entre los agentes históricos, no deja de preocupar el uso deliberado de esta categoría y de otras más para persuadir/disuadir a
la opinión pública. En este
sentido, los estudios que contribuyan a precisar qué es un golpe de Estado evitan,
en lo posible, que toda acción de calle legítima pueda ser catalogada de “plan desestabilizador” y “forme parte
de un golpe de Esta- do”. Lo cual puede
desembocar en la represión a protestas legítimas, pues en el momento
que un presidente anuncia que está siendo asediado por un
golpe de Estado llega a tener legitimidad para repelerlo y cómo se detiene
un golpe si no es con los mecanismos de coerción del Estado. Llegando a una
escalada importante de violencia política.
El concepto golpe de
Estado.
Para
extraer el mínimo común denominador se tomaran de referencias algunas definiciones, aclarando que la lista de éstas llega a ser bastante larga pues existen tantas definiciones como interpretaciones hay. Sin em-
bargo, se han escogido las que a
nuestro juicio permiten avanzar en este ejercicio1. Una de ellas es la de Olivier Brichet
que en su libro Étude
du coup d’État en fait et en droit
considera al golpe de Estado:
“un acto de autoridad consistente en un atentado meditado,
ilegal y brusco a las normas de organización
de funcionamiento o de competencia de las autoridades constituidas; según
un plan preconcebido y por motivos
diversos, por un hombre
o grupo de hombres asociados con el fin de apoderarse del poder, o de defender o de reforzar su posición en el mismo, o
de producir una modificación en la
orien- tación política del país” (En: Rivas Nieto, 2006: 163).
Según esta definición no es un acto repentino
ni espontáneo, cabe señalar
que en- caja con la clasificación de violencia política
en la cual el golpe se enmarca dentro de
las conspiraciones (Khan, 1981). Además,
es un acto ilegal que rompe con la consti-
tución. Se destacan elementos como los de tiempo (brusco), actores y motivos
(diver- sos). Igualmente, otro elemento son las consecuencias, podrían ser para que un grupo
se refuerce en el poder o para cambiar la orientación política
de un determinado país.
1 Para un debate en torno al concepto golpe de Estado se puede ampliar en: Ramón A. Dugarte: “El
Golpe de Estado en América Latina. Un ejercicio
de Historia conceptual”, en: Procesos Históricos,
35, (Mérida-
Venezuela, 2019), pp. 147-164.
Recuperado de: http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/
procesoshistoricos/article/view/13770 (Consultado:
22/04/2018, 4:11 pm.)
Una definición
bastante interesante
es la de Jesús de Andrés Sanz quien
define al golpe como:
“Alteración o destrucción del orden político por parte de las
elites o de determi- nados cuerpos de la Administración, generalmente las fuerzas
armadas; con el fin
de conquistar el poder, controlarlo para permanecer en él, dirimir
rivalidades o alejar y excluir
a determinados grupos; recurriendo, tras una fase conspirativa y secreta, a la violencia o a la amenaza de su utilización; y suponiendo una ruptura
de la legalidad que implica,
en caso de éxito, cambios
en las personas, políticas o normativa
legal o, en caso de fracaso, modificaciones de diverso calado en el ritmo político” (2006: 3).
Cuatro elementos para destacar: a) el quiebre
constitucional de un país; b) los
actores que lo llevan a cabo; c) el uso o la amenaza del uso de la violencia y d) los cambios que se logran
en el devenir político de un país, bien sea que tengan éxito
o no. En este sentido, encontramos la definición de Rafael Martínez
quien define al golpe como:
“las acciones concatenadas y realizadas en un corto espacio de tiempo (exitosas
o no) encaminadas, mediante la amenaza (creíble pero no forzosamente
materiali- zada), a remover
(o a impedir que se alcance) el poder ejecutivo, por parte de un
pequeño grupo con alta capacidad de disuasión que utilizará cauces ilegales –no
siempre agresivos, aunque pueden serlo llegado el caso, pero sí que violentan–,
que luego tratará de justificar
arguyendo la defensa de unos intereses
propios a ese grupo que se
revisten de colectivos y que vienen a paliar el desastre al que abocaba la
acción del Gobierno depuesto” (2007: 202).
Observamos que mantendrán las características ya expuestas pero acá encon-
tramos los siguientes aspectos: los militares no son imprescindibles para dar un golpe
pero el grupo ejecutor sí necesita una alta capacidad
de fuerza en caso que tengan
que usar la violencia, con el latente
peligro que devenga
en una guerra civil. También
una vez alcanzados los objetivos se buscarán elementos de legitimación.
Mínimo Común Denominador de los golpes de Estado.
Partiendo de las anteriores definiciones los elementos que conforman al golpe
de Estado o su mínimo
común denominador son los siguientes: actores, causas o condiciones previas, factor de legalidad, uso de violencia, fase de planificación y desarrollo y los
resultados o consecuencias.
Los Actores.
El debate sobre los
actores ha sido fundamental porque si
revisamos desde que el
francés Gabriel Naudé acuña el término Coup d’État en
1637 éstos de alguna
manera siempre estarán ligados al aparato estatal,
específicamente a las Fuerzas
Armadas. Buena parte de la historiografía coincidirá que en primera
instancia esa
capacidad está reservada para el órgano militar. Los militares serán
quienes tienen esa capacidad
de ejecutarlos, como argüía Ekkart Zimmermann: “el ejército tiene ciertas características que hacen de él un elemento perfecto para los golpes de Es- tado, a saber: jerarquía funcional,
disciplina, mando centralizado, sólido espíritu de
cuerpo y comunicación interna eficaz” (En: Rivas Nieto, 2006: 166).
No obstante, debemos aclarar dos puntos al respecto: primero
que esa no es la única forma de intervención de los militares
en la política y segundo que los golpes no son llevados
a cabo exclusivamente por ellos.
De ninguna manera es descartable
la participación de otros sectores
o grupos civiles que pueden ser parte del aparato del Estado o no, como lo planteó
Curzio Mala- parte
cuando argumentó
en la década del 30’ que la oposición política
puede participar. Decía
el italiano, refiriéndose a la oposición
(comunista, fascista y nazi): “se apoderan
del gobierno, mediante
una acción audaz, repentina y mediante el empleo de una técnica
que se caracteriza por el uso de la sor-
presa y que reduce al mínimo el tamaño y la intensidad de la confrontación armada” (2009:
23).
La experiencia histórica demuestra que casi siempre
existió participación de las elites civiles
de la clase política conjuntamente con las Fuerzas
Arma- das. Por lo general, se dio la combinación de estos dos actores. De la misma forma han participado directa
o indirectamente, dependiendo de la coyuntura y de los objetivos
particulares, los empresarios, medios de comunicación, grupos mercenarios y grupos religiosos. Asimismo,
existe la posibilidad de participación de grupos extranjeros cuya intervención puede ser directa
e indirecta. Lo que sí está descartado es que se
requieran de masas populares para su ejecución, el golpe por lo general
lo ejecuta un reducido grupo.
Teó- ricamente este último punto es bastante
importante, determinará la existen- cia de los denominados “golpes
suaves” denunciados en los últimos años,
estos se suponen que son confabulados por un grupo
pequeño pero que en el transcurso de los días van incluyendo a más personas
hasta lograr la salida
del gobernante.
Causas
o Condiciones Previas.
Acá el debate también es bastante arduo
a partir de los ejemplos históri-
cos. Lo primero que se podría responder es que se dan en medio de una crisis política. Sin embargo, Fernando Elche Díaz al respecto manifiesta que: “se
han dado golpes de Estado en contexto de crisis y de auge económico, de pro-
testa y de atonía social,
de alta y de baja profesionalización, en fin, en contex- tos internacionales favorables o contrarios del clima regional”
(2008:7). Ade- más,
no se puede descartar de ninguna manera que dichas condiciones previas también pueden ser preparadas o exageradas por grupos desestabilizadores.
González Calleja
(2001) nos dice
que posterior a la Segunda
Guerra Mun- dial producto de la insistencia en estas prácticas
tanto en países de África como de América Latina, desde las ciencias sociales se diseñaron cuatro causas o razones para explicar la propensión a los golpes.
La primera, los explicaba desde el desarrollo técnico que habían alcanzado, eran acciones
subversivas que se entendían como estrategias para el acceso
ilegal al poder.
La segunda, concebía el golpe
como una estrategia de acceso al poder carac-
terística de una élite pretendidamente modernizadora como es el ejército. La tercera, contemplaba el golpe como un indicador
bastante fiel de un contexto de crisis social y económica propio de países del tercer mundo que buscan
una salida alternativa al neocolonialismo y al subdesarrollo. La cuarta teoría, interpretaba el golpismo como evidencia de la inestabilidad político-insti- tucional de un régimen fragilizado por un déficit
de legitimidad y por una cultura cívica fragmentada o escasamente desarrollada.
A partir
de estas explicaciones se pueden desarrollar diversas
hipótesis:
1. Los golpes de Estado no están relacionados con un determinado nivel de participación y de concienciación ciudadana, sino con la deslegitimación del gobierno (González
Calleja, 2001).
2. La cultura política del país es la determinante, sobre todo si en su devenir
histórico hay fundamentos personalistas (gendarme
necesario) y no se han consolidado las instituciones (Finer, 1969).
3. Los golpes de Estado
son para frenar procesos democratizadores, aunque en ocasiones han servido para impulsarlos (Varol, 2012).
Respecto a la primera
hipótesis, la deslegitimación del gobierno puede ser por diversas causas, entre ellas razones de tipo socioeconómico tales como: altos índi-
ces de pobreza, desempleo y corrupción, en donde la posibilidad del golpe surge
como una válvula de escape,
como un instrumento de resolución ante una crisis
política. Al parecer, en América Latina esta fue una de las causas por las que ac- tuaban
los militares a mediados del siglo XX, hacían su presencia en la
escena política como mediadores y luego como salvadores para “arreglar” la situación
desfavorable (Finer, 1969: 94).
Morris Janowitz analizó
en 51 países la relación
que hay entre el desarrollo económico y las posibilidades de participación de los militares en la política, y concluye: “a mayor desarrollo económico, hay menor posibilidad
de intervención militar” (En: González
Calleja, 2001: 106).
Luttwak (1968), por su parte,
entiende que ni el subdesarrollo
ni el desarrollo incitan o evitan los golpes.
No podemos tampoco
descartar la posibilidad de que las condiciones sean ma- nipulables en prejuicio del gobierno de turno (que se fabriquen
las condiciones), ese es uno de los argumentos más fuertes de aquellos que defienden la técnica
del golpe suave, en la cual se busca adrede la deslegitimación de dicho gobierno (Meysann, 2005).
La
segunda hipótesis nos habla que dentro de los condicionantes políticos,
la cultura política de un país llega a
ser un factor influyente:
“No cabe duda de que la tradición democrática de un país, el grado de centraliza- ción gubernamental y administrativa, la
robustez de la sociedad civil o la profe- sionalidad y neutralidad política de
sus diferentes burocracias imponen tácticas diferentes para el asalto ilegal al
poder” (Finer, 1969: 98).
Para Finer (1969), las crisis económicas y políticas eran
condicionan- tes importantes más no definitivas para los golpes,
aceptó que el nivel de industrialización de un país disminuía
la propensión al golpismo pero se decantó por la robustez de las instituciones,
dice que donde éstas son más sólidas la intervención de los militares en la
política es más difícil.
Nuestra
opinión al respecto de estas dos primeras hipótesis es un poco más ecléctica y
no por mera comodidad, debido a lo complejo del tema pensamos que ambas
hipótesis de alguna manera dicen algo de los condi- cionantes. Sin dudas, hay más probabilidades de golpe cuando
la legitima- ción del régimen
es puesta en duda e igualmente cuando la institucionali- dad es débil: bajo respeto a las leyes, escasa separación de
poderes, nula participación política, es decir, poca cultura
política. Por el contario, la uti-
lidad del golpe como técnica de intervención política decae a medida que se
ensancha el horizonte de la participación ciudadana en la cosa pública.
En relación a la tercera hipótesis, encontramos cómo los
golpes fueron utiliza- do por las elites
(civiles y militares) para afianzarse en el poder político en detri-
mento del resto de la sociedad de un
determinado país. Fue el caso del
proceso de militarización vivido por diversos países
de América Latina
a partir de las décadas del 50. Dichos golpes buscaron, en términos generales,
frenar procesos democra- tizadores e instauraron regímenes
dictatoriales con la ayuda de actores externos, especialmente de los Estados
Unidos de América.
También es cierto que algunos de esos movimientos ayudaron a sentar bases
distintas, o por lo menos
no degeneraron en dictaduras, lo que ha llevado a afirmar
que los golpes han servido
para impulsar procesos
democratizadores. Este plantea-
miento lo realiza Juan Carlos Rey (2002) cuando analiza
los sucesos venezolanos de octubre de 1945 y de enero de 1958. Igualmente, es planteado por Fernando
Flores Pinel (1980) para el caso de El Salvador
y más recientemente por Ozan Va-
rol (2012) cuando nos habla de los “golpes democráticos”. Planteamientos que no
compartimos delo todo pues entendemos que ningún golpe
puede ser democrático, cuando se busca cambiar
las estructuras políticas
y sociales en todo caso refiere
más a una revolución (Vallespín, 2007).
Factor de legalidad.
En lo particular pensamos
que una de las características más ilustrativas del golpe
de Estado es su capacidad
de romper el hilo constitucional de un país, si
algún cambio de gobierno se apega realmente
a la ley no podrá ser catalogado de golpe. Acá se abre nuevamente el debate en torno a si un golpe puede ser
democrático o no, es decir, si actúa ajustado
al marco constitucional favore- ciendo a la democracia en detrimento de un gobierno
dictatorial, autoritario o totalitario.
Por otro lado, para los diversos actores
que se inmiscuyen en las acciones
la legitimidad es fundamental y para
eso deben presumir que actúan apega- dos a
Derecho. Hay un afán en demostrar que las acciones
son legítimas: “los golpes que son actos totalmente ilegales
se pretende demostrar
forzadamente una inexistente legalidad” (Martínez, 2007:193). Fue el caso de los militares en América Latina pretendiendo legitimar
a posteriori sus
acciones, muchas veces encontraron la legitimación mostrándose como “salvadores” del país. Algo que
no ha cambiado del todo, sigue existiendo
interés en mostrarse ajustados a De- recho.
Uso de la Violencia.
Los golpes
se enmarcan dentro
de la violencia política, de hecho es una
de las características determinante: el uso o la amenaza
del uso de la violen-
cia. Los denominados golpes tradicionales (militares) se caracterizaron por su alta violencia
o la amenaza de su uso para alcanzar el éxito. Según
Collier (1985), dicha violencia se mantuvo luego de concretados los golpes con la
represión a los ciudadanos.
Fase de Planificación y desarrollo.
Jesús de Andrés Sanz (2006) plantea
que además de la violencia lo que
caracteriza al golpe es la sorpresa de la acción,
no es un acto espontáneo sino predeterminado ya que está precedido de una fase conspirativa, una fase or-
ganizativa bien definida,
lo cual lo aleja de una revuelta
política. Asimismo, el factor sorpresa y la rapidez en sus acciones
es lo que caracteriza al golpe
tradicional, en donde
la toma del poder se hace en un tiempo
“breve”. Factor que parece haber cambiado
ante el argumento de los golpes prolongados,
lentos, “suaves” lo que
permite entrever que el
tiempo puede variar (Meys- san, 2005).
Resultados o consecuencias.
En caso de éxito o fracaso las consecuencias van a depender, en buena
parte, de la intención de los actores y del momento en que se produzcan. Ha de tenerse en cuenta, como nos lo advierte Jesús de Andrés
Sanz, que todo golpe
se enfrenta no sólo a la respuesta
que provoque en el propio
Estado, sino también a la que “tenga lugar
en la sociedad de referencia
de tal forma que puede
fracasar al encontrar una resistencia popular mal calculada” (2006: 6).
Debido a los múltiples
escenarios, uno de los aspectos
que más debate suscita es responder en qué devienen:
¿En dictadura? ¿En democracia? ¿Son neutrales? Rivas Nieto al respecto nos dice:
“[…] aunque habitualmente hayan dado lugar a dictaduras, los
golpes de Estado no tienen una orientación doctrinal previa, no son ni de
“izquierdas” ni de “de- rechas”; no
tienen ideología porque pueden dar
lugar tanto a democracias como a
regímenes autoritarios. De hecho,
según diversos estudios, en el 60% de los golpes de Estado no hay motivaciones
ideológicas” (2006: 164).
Para
Luttwak (1968) no necesariamente los golpes eran de derechas o
de izquierdas, y sus resultados no devenían directamente en democracias o
en dictaduras. De Andrés Sanz por su parte, condiciona las
consecuencias y nos dice que:
“[…] en caso de éxito, supone la implantación de una nueva lega- lidad
y la asunción de un nuevo principio
legitimador, además de
cambios de personas y normativa legal en el gobierno, institucio- nes y régimen
en general. Y en caso de fracaso
igualmente va tener unas repercusiones importantes en el ritmo político” (2006: 6).
Es indudable que las repercusiones de un golpe son trascendentales para el futuro de los sistemas
políticos de un país. Aun así los golpes no llevan
consigo grandes transformaciones sociales como sí las pueden
llevar a cabo una
revolución, por eso es que nos parece
incompatible el planteamiento de golpes democráticos ya que deponer
un gobierno dictatorial por otro democrá-
tico supondrá cambios profundos, en cambio el objetivo del golpe es el poder político y no busca “modificar sustancialmente el régimen político,
la organi- zación económica o el sistema
social y cultural” (González Calleja, 2001:
13).
Consideraciones finales.
El mínimo común denominador del golpe de Estado son las características que deben estar presentes
en un fenómeno político para que sea catalogado como tal.
No obstante, en el análisis
vemos que algunas
características han presentado ma- yores cambios que
otras a lo largo del tiempo, por tal se pueden decir que algunas de ellas son fijas y otras variables.
Dentro de las fijas encontramos: a) El quiebre
constitucional, aunque en oca- siones tenga aparente
constitucionalidad, para que sea golpe tiene que haber que- branto
de la ley, sus actores siempre buscan legitimidad y hacen creer
que se actúa apegado a derecho
por el “bien de la patria”;
b) Fase de planificación, no es un acto
espontáneo sino predeterminado con una fase conspirativa y secreta: la finalidad
es tomar y/o permanecer en el poder; y c) El factor de la violencia física,
si bien alguien pueda argumentar
que con las nuevas tipologías
este factor es cambiante
pues no se necesita para acceder al poder, siempre hay la amenaza o posibilidad de su utilización. Además,
la violencia no se reduce
exclusivamente a la física, no hay
que olvidar que existen otros tipos de violencia.
En los componentes cambiantes encontramos: a) Los actores,
se asumió por mucho
tiempo que los golpes eran exclusivos de los militares pero hoy en día es cada
vez más cuestionado y se cuentan
a otros actores,
la presencia civil
por ejem- plo que no es obligada
pero tampoco extraña
y de igual forma no sólo se pueden
conseguir a actores nacionales sino también foráneos;
b) Las causas o motivos, como es obvio pueden variar dependiendo de cada situación,
se entiende que de- ben
existir ciertas condiciones para que se den pero éstas no están determinadas del todo, incluso hay la posibilidad que esas condiciones sean manipuladas o fabrica-
das por el grupo ejecutor;
c) El tiempo, puede ser un acto rápido, breve y certero, un acto brusco –de golpe–, y de igual
forma puede ser prolongado –suave–;
d) Están las consecuencias, según tenga éxito o no los resultados varían según los objetivos del grupo ejecutor.
Cabe resaltar
que el diagnosticar cuáles elementos han sido constantes y cuáles han presentado variaciones permiten evaluar
tres aspectos: primero,
la sofistica- ción
que ha adquirido a lo largo del tiempo el concepto;
segundo, evaluar la his- toricidad: los diversos cambios y permanencias que ha experimentado; y tercero, un análisis
exhaustivo del mínimo común, en especial de los componentes cam- biantes, nos permite entender la construcción de las diversas tipologías de golpes:
según varíen los actores, las causas, el tiempo y las consecuencias podremos hablar de golpe militar, autogolpe, golpe parlamentario, golpe democrático o golpe suave.
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