ENCUENTROS
Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico
ISSN: 2343-6131 / ISSN-e: 2610-8046
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Maracaibo, Venezuela
Dossier
N° 12 Julio-Diciembre 2020
pp. 127-145
La gran estampida. Humanos caminando en la modernidad líquida.
The Great Stampede.
Humans walking in liquid
modernity.
Franklin
Américo
CanazaChoque Universidad Católica de Santa María http://orcid.org/0000-0002-1929-6054
Arequipa,
Perú
Este trabajo está depositado en Zenodo:
DOI: http://doi.org/10.5281/zenodo.3693040
Resumen
Más allá de los manantiales que puedan provocar
una insistente movilización de humanos, incuban otras razones poderosamente caóticas que afrontan
los migrantes. Bajo esa pre- misa, se busca analizar
la evolución del fenómeno migratorio en un contexto
de tragedia humanitaria y desgarramiento planetario. Localizando a este análisis de era
dos causas potenciales por las cuales se exterioriza un nomadismo moderno
de alta gama. Uno y otro,
lógicamente letales en su tratamiento. La primera, perfila
que la migración humana es una
respuesta mecánica al cambio climático.
La segunda, resulta de una incesante mutilación del bienestar provocado por la guerra y de una violencia
generalizada en todas sus formas. Dos trayectos que sin duda, por sus comprendidos globalizantes y de inflexión, han trans-
formado intensamente las políticas extraterritoriales y el movimiento humano en tiempos de desesperación global.
Palabras claves: Migración
Humana; Globalización; Cambio Climático; Derechos Hu- manos.
Abstract
Beyond the springs that may lead to insistent mobilization of humans, they incubate other powerfully chaotic reasons faced by migrants.
Under this premise,
the aim is to analyze
the evolution of the migratory phenomenon in a context
of humanitarian tragedy
and planetary tear. Locating this analysis of was two potential reasons why a modern high-end noma-
dism is externalized. Both, logically lethal in their treatment. The first, outlines that human
migration is a mechanical response to climate
change. The second, results from relentless
mutilation of war-invoking welfare
and widespread violence
in all its forms. Two paths
that undoubtedly, due to their globalization and inflection, have intensely transformed extrate- rritorial policies and the human movement in times of
global despair.
Keywords: Human Migration;
Globalization; Climate Change; Human Rights.
Recibido:21/04/2020 Aceptado: 29/06/2020
Introducción
2015 y ´19 son años en el que las estaciones y frecuencias quedaran
cristali- zadas en dos imágenes eternas que quebrantaron los derechos humanos e indig-
naron al mundo de un drama migratorio evitable. Aylan Kurdi de 3 años (2015) y Valeria Martínez
de 1 año y 11 meses (2019), dos niños inmigrantes que aunque las unidades
temporales y geoespaciales los alejara. Ambos tuvieron un mismo
sueño por dentro, dejar la tragedia y la desesperanza en sus países a fin de buscar un futuro mejor en tierras receptoras. El naufragio que tenían que atravesar con su
familia era para entonces, la crisis y dificultad del tiempo tanto en Siria como en El Salvador. Dos destinos
desemejantes que en su propio éxodo, encontraron la muerte por ahogamiento. El primero, en las playas
de Ali Hoca Burnu (Turquía) en su intento de llegar a Grecia; y el segundo,
a las orillas del Río Bravo (México)
en la travesía de llegar a los Estados
Unidos de Norte
América (Zerega, 2019; BBC,
2019). Sin duda, dos acontecimientos lamentables que encriptaron la alerta roja en
gobiernos y agencias internacionales sobre una denominada crisis migratoria global (Bauman, 2016) que tendía a desmoronar los derechos humanos y de todo
aquello anexado a su contenido
(Campani, 2019).
Escenario que fundamentalmente ha precisado ser, uno de los desafíos globa- les de mayor magnitud
y de asunto clave por su ya mencionada crisis y finura
en las agendas internacionales, de gobiernos, organismos no gubernamentales y de
organizaciones defensoras de migrantes en todo el planeta (Sandoval
y Montoya,
2017). Tal alcance
exponencial, es en definitiva, una configuración demográfica de proliferación y desplazamiento humano que tuvo su agarre considerable a muta-
ciones sociales, políticas,
económicas y culturales germinadas a mediados
del si- glo XX (Sosa y Sandoval, 2018).
Y que el engrosamiento de
los flujos migratorios en las actuales
narrativas están adheridos, en gran parte
a las lógicas de producción del mercado global (B. J. Montoya
y Sandoval, 2017) y al crecimiento sustancial de líneas comunicativas totales
(M. S. Montoya y Granados, 2016). Sin obviar, que la
actual marea humana se ve eclipsada por oleadas de miseria, guerras, Estados
fallidos, la invención de nuevas rutas y formas de control, además de una creciente
incapacidad de gestionar poblaciones refugiadas
(Bundy, 2016).
Lo anterior, no es una cuestión nueva y extraña, desde que se tiene memoria,
la partida o abandono,
el tránsito o desplazamiento, la inmigración o asentamiento,
el retorno o reasentamiento, son procesos desemejantes (Cabieses, Gálvez y Ajraz,
2018) que los seres
humanos han estado
viviendo desde su existencia sobre
la Tie-
rra. Sin embargo, la evocación actual del fenómeno
migratorio moderno, involucra matices antes nunca percibidos
en los actores movilizados por diferentes motiva-
ciones y causas que hacen aleatoriamente una vez instalados
en no lugares de ori-
gen, cambiar la época, del ahora en todos
los sitios. Al tiempo en que
los cambios son irrefrenables, ahora
no solo nos atinamos frente
a una migración intensificada, sino también, generalizada en volumen y gravedad (Reyes y Martínez, 2015), en donde el hombre, antes cazador y recolector, ahora es cazado y confinado.
Tracción del momento,
cuyas causas pueden
resumirse a un dietario impensado en el que se presenta, principalmente, efectos provocados por desbalances ecológi-
cos, guerras y de aquellos
colapsos económicos, que en sus originadas ocasionan masas migradas sin un punto de retorno. Procesos
de gran alcance, que se han
acrecentado por los mismos enseres
de una turbulenta época globalizadora que favorece al constructo de un flujo
inter-transnacional de personas, bienes y servi-
cios, pensadas hace un tiempo, sin límites y regulaciones para el tránsito
humano entre continentes (Ortega,
2017; Fernández-Niño y Navarro-Lechuga, 2018). En
esa misma irrupción, dentro de la figura
clásica de la teoría social moderna del que
libera el sociólogo Zygmunt Bauman (2016), esto no tiene nada de novedoso. En efecto, el fenómeno de migraciones masivas
ha acompañado desde los comienzos a la modernidad,
lo diferente, es que a este,
actualmente se le han añadido
profun- das desestabilizaciones globales que en el rango de impacto
fuerza, constituyen y re-construyen un temor y miedo extendido
entre las personas
que se movilizan. Este, es un mal que asecha
e irrumpe toda tranquilidad e incluso, busca
en su amenaza latente
y mutable, introducirse en profundidad en lo humano,
y una vez dentro, extinguir la sensación
de bienestar de la sociedad
contemporánea a límites nunca antes avistados.
Bajo esa línea, se busca analizar la evolución del fenómeno migratorio
en un contexto de tragedia humanitaria y desgarramiento planetario. Localizando a este análisis dos causas potenciales por las cuales
se exterioriza un nomadismo moder-
no de alta gama. Uno y
otro, lógicamente letales en su tratamiento. La primera,
perfila que la migración humana es una respuesta mecánica
al cambio climático. La segunda, resulta de una incesante mutilación del bienestar
provocado por la guerra
y de una violencia generalizada en todas sus formas. Dos trayectos que sin
duda, por sus comprendidos globalizantes y de inflexión, han transformado
intensamente las políticas
extraterritoriales y el movimiento humano en tiempos de desesperación.
Desarrollo
Caminar bajo la noche. Desgarramiento globalizador y migración
hu- mana
En la gran mayoría de los debates,
los números suelen
ser el punto de partida a una extensa y cercana argumentación de lo creíble,
e incluso, pueden ser un marcador importante antes de comenzar un enunciado de gran potencia.
En una época de intensos desplazamientos proporcionales y numéricos
tanto internos como transfronterizos, las cifras más próximas indican que en 2015 había 244 a
250 millones
de movilizados en todo el mundo (Ospina,
2016). Siendo Europa y
Asia los continentes con la mayor gravedad de migrantes internacionales que acogieron a 75 millones de estos (62%) (McAuliffe, Weerasinghe, McCarthy, Pedrotti y Rango, 2018). Un dato que supera por completo
a las estimaciones da- das
en años preambulares, y que a la fecha,
el número de viajeros internacionales suman a 3 millones
de personas movidos diariamente (Frenk y Gómez-Dantés,
2007). A esta
misma, los registros precisan
que en 2016 se tuvo 40,3 millones de desplazados internos y 22,5 millones de refugiados, estimaciones actuales que sostienen una fuerte e inestable
condición demográfica en movimiento de niveles
sin precedentes en la geografía global (McAuliffe et al., 2018).
Todo indica que el tránsito
humano entre países, como hecho preliminar de la historia, es un fenómeno
consustancial de patrón
humano que ha transfor- mado civilizaciones enteras de manera drástica, y que al tiempo,
ha redefinido fronteras (Castillo
y Reguant, 2017), economías y los niveles regulatorios de un
marco jurídico internacional que se expone como una barrera
para aquellas olas migratorias de masa humana.
Una primera advertencia, es que cuando
se habla de migración, este último, no se reduce a un mero traslado y movimiento físico de personas, sino que este, desde un marco sociológico, se extiende en espacio
y tiempo, que a su vez abarcan diferentes subprocesos que alimentan y afectan
significativamente de manera indistinta a los sujetos
y colectivos humanos
en dinámica (León, 2005). Estos mismos procesos, se ven fuertemente agnados a complexidades capitalizadoras y a trazas
de securitización de fronteras, dos fenó-
menos que perfectamente han afectado
en la disminución de expulsados por paí- ses de origen,
en el incremento de retornos
voluntarios o forzados,
así como del re-direccionamiento de los grupos humanos a otros
lugares (Herrera y Sørensen,
2017).
De manera que, no
sería difícil decir que cual sea la intensidad de las mareas migratorias alrededor del orbe, resulta que estos se suscitan dentro de un contex-
to de crisis de derechos
humanos y del quebrantamiento de la seguridad humana (Varela, 2017);
además de asociarse a este, una tragedia forzada, interna y ex- terna
supranacional, ya sea por hambre,
beligerancias, precariedad, inseguridad, violencia o terror (Viniegra-Velázquez, 2017). En la misma, el desbordamiento
de los migrados interpela pensar dispositivos geopolíticos que intenten desalen-
tar el éxodo de migrantes a través de políticas de confinamiento y del control
de fronteras que incluyen
mecanismos militares, policiales, políticos, diplomáticos,
jurídicos y de labores estratégicas de inteligencia para la gubernamentalidad de las migraciones que, según la amplia documentación, recaen en altos niveles de impunidad y violación a los derechos
fundamentales (Varela, 2017) de primera
generación (civiles y políticos)
(Amnistía Internacional, 2018).
En ese recorrido, habría
que revelar, en primer
término, como punto
interfaz, nodal o pivote aquellas fuentes y causas que permean los procesos
migratorios, así como aquellas
que las originan. El primer
rastreo, no deja de
lado a la ya configurada globalización como punto inquebrantable (Camacho, 2013) de toda
dinámica económica agenciada en su esfera que, estructuralmente se presenta en sus formas más expresivas de globalidad, glocalización y globalismo (Sánchez,
2018), que como un ente
suprasensible cuestiona a los errantes
en todas las esca-
las y grados posibles de la posicionalidad que asume este en la aldea global
o de un nuevo orden mundial de tensas visiones geopolíticas.
Evidencia y etapa histórica que tiene su inflexión radial hace poco más de 50
años (Cabieses, Bernales
y McIntyre, 2017) sobre la cual se han tejido y se tejen
desarraigos globales, violencias
(Vargas-Valencia, 2018), guerras, pobreza, des- igualdades, incrementos demográficos, y demás fuerzas centrífugas de carácter
expansivo, que quedan estrechamente inscriptos a un poderoso
cambio climático colateral que no deja de ser, cada minuto que pasa, amenazante
para la huma- nidad. Tales proximidades han patentado y fortalecido los flujos migratorios a escalas insospechadas (Victoria, Tovar, Ospina, Tovar y Andrade, 2016), que de manera
dramática, circulan dentro y fuera de una devastadora globalización que estremece a las agencias internacionales, a gobiernos mundiales
y a la sociedad en su conjunto con éxodos y diásporas poblacionales en un contexto
de masiva crisis diversa
(Nieto, 2018).
A pesar de que la
poli-dinámica actual de procesos
globalizadores hayan bo- rrado
las distinciones entre el adentro
y el afuera, aun se siguen construyendo enor- mes amenazas
a la noción de pureza y localidad. Señalando de que los otros –quie- nes migran–, deben quedarse o mantenerse afuera, esto, debido a una idea quieta de
no interrumpir el orden social
establecido (Freier, Álvarez y Arón, 2018). Desde
esa línea, en una tentativa
de entender las proyecciones globales
del mercado y del
desenvolvimiento de poderes fácticos e institucionales, se asiste a una profunda asimetría social, económica y política entre continentes, Estados, pueblos e indi-
viduos que legitiman lo propio
y circunstancial del modelo neoliberal (Cárdenas,
2017), en donde la libre circulación de las personas, no es una cuestión que adentre
al entallamiento de paisajes globalizadores
(Sandoval y Montoya, 2016).
Así, el fenómeno globalizador se catequiza en un proceso
discordante de gran calado, que por un lado, ejemplifica una absorción de los centros
de barrera para proyectar la liberación de capitales, mercancías, tecnología e información por todo el mundo. Mientras que por otro lado, esta misma idea se refuerza
por detallados controles
fronterizos que agrandan las performances impuestas a la circulación de personas (Aliaga, 2012). En todo caso, el proceso
actual, se caracteriza entonces de que las circunstancias ocurren en un mismo espacio y tiempo; pero a su vez, con
una abismal diferenciación en el sistema
internacional, pues la restricción de la movilidad humana no tiene un trato igual en poblaciones abatidas por aquellas estructuras y relaciones de poder. Ahora,
las fronteras se construyen con metales,
cementos, alambradas y de todo tipo de obstáculo y control que impida el ingreso
del extranjero no deseado a otro país
(Sandoval y Montoya, 2016).
En esa dimensión, se puede aseverar que contrariamente a su entendido
por globalidad, las dinámicas migratorias de la globalización ocurren en escena-
rios de vigilancia, restricción y políticas de control multilateral (Cabieses et al.,
2018). Que cuando se observa que esta es irregular o indocumentada, el errante
moderno procesa matices suficientemente
despiadados: dureza, hambre, perse- cución, detención, xenofobia, racismo,
violencia, criminalización del migran- te,
secuestro, muerte, deportación y volver a comenzar
todo desde el principio
(Sandoval y Montoya, 2016). En ese cuadro de contención de flujos migratorios (Campani, 2019), un reto incompleto por parte de los organismos de escala, go- biernos e instituciones regionales como globales consiste
en lidiar con la dicoto-
mía entre seguridad/inseguridad y el derecho a un seguro
y libre tránsito
humano (Cortez, 2016).
En todo caso, lo antepuesto puede reflejar dos ideas dentro de una etapa glo-
balizadora. La primera, precisamente en el marco de un contexto actual del pre-
dominio de un sistema-mundo endosado
a las lógicas del capitalismo global, al debilitamiento y la abertura
de los Estados y del perfeccionamiento entero
de redes comunicativas y tecnológicas, el tránsito migratorio
no deja de ser parte integral
de una propia dinámica cuyas estrategias de desarrollo internacional competitivo están adheridas bajo las molduras
de la globalización. De hecho, esto es algo que se conoce, sin embargo, esta fluidez
de cadenas migratorias pueden incluso ver en
los procesos de liberalización económica, una potencial amenaza en las
fronteras, unas que pueden actuar como barreras más que generar oportunidades
de encuen- tro.
La segunda, dentro
de la dominancia de un régimen global
de control migrato-
rio cada vez más sofisticado, la efusión de humanos adquiere un significado pro- pio debido a las condiciones estructurales en las que se desenvuelve y de las que
se alimentan al andar. Adoptando de esta manera, nuevas características causadas por sus propias
trayectorias geográficas y de
la actual coyuntura moderna, una que
permite percibir en cual sea la ubicación
geofísica, un fenómeno
caótico en donde los migrantes son señalados generalmente como perturbadores del orden
social, económico, cultural,
entre otras fuentes.
Así, un renovado interés por parte
de agencias especializadas por la migración internacional conduce a una mejora en el
desarrollo de la gobernabilidad y gobernanza migratoria bajo el presupuesto de los derechos humanos.
Este, en definitiva, viene a ser un desafío
tempranamente nuevo y de
carácter imprescriptible.
No obstante, antes de atender
a estos objetivos planteados. Convendría enten- der en una era como esta, que los patrones migratorios han evolucionado continua-
mente, ya sea en tamaño, magnitud o intensidad, e incluso, reconociendo nuevos agentes, facetas, gradualidades y extensiones. Haciendo
que dichas trayectorias colectivas e individuales estén
dotadas de extraños
sentimientos que surgen del contacto con aquellas realidades socio-culturales y espaciales ajenas al sujeto-mi- grante. Una precisión escalar de valor simbólico y significativo que atraviesa la configurativa identitaria de pertenencia e identificación de los
migrantes sobre aquellos territorios
dejados, hospedados y apropiados, e inclusive, creados por es- tos mismos (Reyes y Martínez, 2015).
Tales experiencias que se producen y procesan en el camino (desde el lugar
de origen hasta el lugar de arribo), no solo contemplan realidades externas al indivi-
duo (León, 2005),
sino también, generan cargas
emocionales ambivalentes tanto entre quienes se quedan y quienes se van. Y es que no sólo las personas
se mueven o desplazan
de un lugar a otro, sino que al interior
de ellos, median mapas afecti-
vos que permiten reconocer la coagulación de emociones desiguales, conflictivas, discordantes, y entre otras, que viajan en él y hacen de un desplazar constante en la vida de quien está lejos de casa
(González-Fernández, 2016).
Esa misma lejanía del hogar inhalado como origen, presume despertar algu-
nas memorias y recuerdos del pasado de una vida consagrada que trae consigo alegrías y nostalgias que terminan por apoderarse del migrante en tierras extrañas y de hacerle la pregunta introspectiva de por qué está ahí. Escenario en el que no
solamente luchan por entender lo nuevo que se les presenta o aparece, sino que
además, están ubicados en un espacio donde su propia sensibilidad endógena
es cuestionada por un mundo que los acoge, los retiene o los expulsa.
La
migración como respuesta mecánica al
cambio climático
Esta sección y la que viene, desarrolla brevemente dos causas potenciales por las
cuales el fenómeno
migratorio intra-extrarregional y supraterritorial (Bravo,
2015) ha adoptado crecimientos considerables y sin dilación en los últimos
dece- nios. Si bien es
innegable que el radiante económico
es uno de los mayores moto- res de propulsión que hace posible
que la gente se mueva y desplace
a intensidades poco explicables, este no llega a ser en definitiva, la única razón y circunstancia para que éste se produzca de la manera y el volumen que la rige actualmente (M. S. Montoya y Granados, 2016).
Sobre una persistente mutación-mundo, más allá de los manantiales econó- micos, histórico-sociales, culturales (Corvalán, Reyes y Vergara, 2019), políticos (Ceja, Lira y Fernández, 2014), geo-demográficos y de desigualdad, incuban otras razones poderosamente caóticas que afrontan
los migrantes, antes, durante y des- pués de la caminata (Reyes y Martínez,
2015). Un primer tópico que no pasa de
moda, es aquella que está asociada justamente al cambio climático
como espec- tro infernal
de la gran mayoría de las contrariedades que afronta la civilización
post-contemporánea y con las que tendrá que lidiar en su trayecto
de mitigar o adaptarse al problema ambiental antropogénico.
En efecto, detrás de todas estas ocurrencias, existen escenarios que encriptan
consustancialmente y complejizan el progresivo desplazamiento humano alrede-
dor del planeta. Un primer análisis
de contextura y riesgo sistémico que condiciona
inescindiblemente toda lógica
de transformación planetaria, es el cambio
climático global. Un fenómeno colosal de gran insistencia, sin duda,
imposible de negar sea cual sea la coordenada geográfica de los residentes en la Tierra. Sus derivadas y efectos expansivos la definen a ciencia cierta
como el mayor peligro
antrópico general al que se enfrenta
la humanidad hoy por hoy, y que esto, seguirá estando en
el futuro (Rosas
y Barrios, 2018).
Debido a su complejidad y al estar
altamente asociado a la decisión de emigrar, este, como tema en debate en las diferentes la- titudes no se
aparta del dietario de altos comisionados, delegaciones internaciona- les, actores nacionales y supranacionales, y demás organismos
que la envuelven y narran como una detonante que exige cabalmente un
comportamiento cooperador interplanetario en la lucha contra el cambio climático (Cuevas
y Preciado, 2018). Esto, obviamente, con una mayor responsabilidad de mitigar el asunto por parte de economías globales de gran peso.
En esas definidas, los ritmos de afectación multifacética que encarna la variabi- lidad climática global en las
diferentes actividades humanas suponen ser transver- salmente un ultimátum
que mina el bienestar de los seres humanos, exponiendo a estos, a una máxima de sobrevivencia humana y de daños futuros en la seguridad
internacional. Al respecto, el informe más cercano que presenta el Banco Mundial (BM, 2014), da cuenta
de este escenario apocalíptico: inseguridad alimentaria, es- casez de fuente hídrica, conflictos bélicos, miseria humana, deterioro de la salud global y del incremento de fuertes macizos de movilidad
humana. Todas estas, son quizás algunas invectivas de alto riesgo que presenta
el aumento insostenible de la temperatura global que obliga de manera involuntaria y compulsiva, crónicas
y necrologías migratorias que influyen en el ordenamiento territorial prefijado, en la
disponibilidad de recursos y en el abastecimiento de los mismos y, en
una urgente e inmediata respuesta de política local y nacional e internacional
(Rua, 2014).
En esa dirección, las estimaciones actuales
indican que el cambio climático como efecto desplazador de vidas y subjetividades temporarias o permanentes, ha provocado poco más de 50 millones
de migrantes climáticos, un grueso va- lor
numérico que sobrepasa
la suma total de 40 millones de desplazados internos y refugiados por razones
conflictivas de tono político, étnico y religioso
(Rua,
2014). Asimismo, es posible afirmar que durante
los últimos años, el 90% de los movimientos de población mundial
estarían motivados, más precisamente, por de- sastres climatológicos (Ochoa y Ayvar, 2015), siendo los más comunes, catástro-
fes naturales como inundaciones, tormentas, huracanes, terremotos y de aquellas malformaciones ecológicas o degradaciones ambientales provocadas por mega-
construciones mineras, gaseoductos y represas, o de comportamientos económicos extractivos (Ríos-Sarmiento, 2017). En efecto,
lo que se calcula, es que de todo
esto, en los próximos 40 años, simultáneamente con la combinación de otros fac- tores, presumen desplazar probablemente entre 200 millones
y 1.000 millones de personas a consecuencia de ingentes presiones
medioambientales y de toneladas
de crisis de niveles macro (Villarreal, 2017).
Paralelamente, a esta enorme presión
por desastres naturales y de vulnera- bilidad migratoria se adiciona
135 millones de colectivos humanos
de carácter interno, regional
o internacional que están siendo
amenazados por afanosas
se- quías, escasez hídrica y desertificación de regiones (Rua, 2014; Canaza-Choque,
2019a). De hecho, esto es algo que en las últimas
décadas ha venido exacerbando
un acumulado de conflictos o crisis locales
en actividad por el reordenamiento o la re-apropiación de medios de subsistencia tradicionales. En tales condiciones, una mezcla de todo esto, podría incluso, superar
el pronóstico de solo pensar en de- sastres vinculados al cambio climático y de reforzar
el impacto global de quienes se desplazan forzosamente de territorios natales hacia otras regiones en busca de seguridad alimentaria o de un lugar
acogible para sus vidas. Un tránsito migratorio que puede a su vez durar largos y eternos
periodos, mas allá de que al final,
el pa- raje dentro de la figura climática pueda ser inhóspito.
En fin, a pesar de que el fenómeno social de migraciones tenga una multicau-
salidad de referencias y variables y adentre en el panorama
globalizador (Ramos,
2018; Salgado,
Contreras y Albornoz, 2017), no podría ser extraño
que en frecuen- cia e intensidad, en todos los extremos cartográficos y de líneas imaginarias, el impacto global del cambio
ambiental de una manera real pueda afectar
el grosor calamitoso de una extendida y ya generalizada migración,
exponiendo a los mi-
grantes a cambios bruscos en
traslado, desplazamiento, permanencia y retorno.
Una aberrante
situación climática que sugiere una sola salida a los moradores
del planeta, pues si no existe la posibilidad de adaptarse o de mitigar
el problema ambiental, el de
migrar o morir, serán las únicas respuestas a la catástrofe natural. Disponiendo que este último, en lo que va de los años ha mostrado
una duplicación de 200 a 400 en el número de catástrofes naturales presentados anualmente, de modo
que en las proximidades, 9 de cada 10 desastres
estarán directamente aso- ciados con el clima
(Holmes, 2008). Desde
este punto de vista, no hay duda de que
los desplazamientos humanos por desastres
naturales, seguirán en aumento y de repuntes de manera heterogénea, incluso, alcanzando dominantes niveles de in-
certidumbre en la arena internacional. Evento, que ahora, diferentes gobiernos
no solo, no pueden afrontar con eficacia la extremadura
migratoria, sino que además, difícilmente pueden regular
y limitar el impacto global del cambio climático en sus
regiones y a nivel del planeta.
En resumidas, en las adyacentes
décadas, si bien el cambio climático no es el único
componente que ha empezado a desencadenar elevadas
dinámicas migra- torias
debido a fenómenos meteorológicos extremos,
este, probablemente en los
años que pasen, se convertirá en un factor
único e implacable en el aumento
masi- vo de circulación y de flujos
poblacionales de trance (Organización Internacional para las Migraciones [OIM], 2012).
Guerra
y pánico migratorio
Si bien las condiciones climáticas pueden ser el nodo o nudo perfecto para desdoblar inquietables debates sobre su fondo, forma y diatribas que han llegado a
alterar las condiciones del presente. Esto no quita de que existen, igualmente, otros anómalos de fuerza convencional que remedian en la huida de personas
sobre aquellos lugares fuertemente compactados por el caos o de ser reconocidos como zonas
de peligro, que, a escalas
métricas abonan el terreno de desplazados por el
mundo.
Sobre ello, la palestra actual es clara al detallar
que existen 24 millones de re- fugiados que abandonan y huyen de sus países a causa de la guerra (Ospina,
2016), sumándose al mismo, 3,5 millones de solicitantes de asilo (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [ACNUR],
2019) y un fuerte valor de
41,3 millones de desplazados internos que han
tenido que resistir circunstancias extremas de conflicto armado, violencia generalizada y quebrantamiento de dere- chos humanos dentro de su propio país (Observatorio de Desplazamiento Interno [IDMC], 2019).
Es así, que al final de 2018, entre ajustes
y datos, las tendencias en números,
es- tadísticas y cifras mundiales marcaron un nuevo record
global. El desplazamiento forzado, situación en el que la población desiste involuntariamente sus dominios
o lugar de residencia debido a la persecución económica/política, violencia, con- flicto
e inseguridad alcanzó su máximo a 70,8 millones de desplazados, escena-
rio que equivaldría a 37 mil personas desplazadas diariamente por todo el mundo (ACNUR, 2019), dígitos que llevan a pensar que por cada 110 personas, una está
en condición de desplazado, por fundamentos, ya referidos anteriormente (Marco Integral Regional para la Protección y Soluciones
[MIRPS], 2018).
De esta
manera, el interés de migrar
voluntariamente de un lugar a otro, resul- tan estar condicionados principalmente por conflictos civiles y transnacionales, sin que esto reste, otras fuentes de conflicto
cada vez más diversas y/o extremada- mente
violentas, en donde los actos operativos van más allá de las zonas de guerra
efectiva, incluyendo a su radio, violaciones masivas a los derechos humanos. En
esa línea, la gente huye, escapa de su presente
con la intensión de construir
otro fu- turo, mas allá de los males, pues,
el que había previsto en el lugar
que habitaba, fue en efecto, hecho añicos. Así, la guerra incorpora entre su faceta y esfera un nuevo estilo de muerte que opera con enormes cargas de perturbación y psicosis global que
conducen a desconfiar
de todo, incluso
del aire que se
respira al momento de caminar. Es entonces
que, la guerra conduce a altos niveles
de abstracción y amenaza
en donde las víctimas cohibidas
por el horror y el vacío se fragmentan
en totalidad, llegando a un exterminio y a una reformulación de códigos y viejos
valores de ataque y defensa.
Escenarios que nombran
y sienten a la guerra como un cuestionador apocalíptico de la era actual (Vásquez, 2008). Una era, caracterizada
por los más altos niveles de flujo humano sobre la geografía existente.
En esa línea, tales explosiones moleculares transoceánicas y fronterizas como internas a nivel planetario, geolocalizan en la seguridad, un factor de peligro de-
terminante que puede incitar a las personas
a emigrar o trasladarse a grandes dis- tancias en busca de un lugar más seguro donde su vida no asuma posibles
riesgos de ser amenazada
por regímenes opresivos,
de persecución y discriminación fun- dados
en nacionalidad, religión, raza, creencias políticas y demás; pero sobre todo, alejados del impuesto que provoca la guerra
en sus vidas (Wester, 2017).
Este último, –que también forma parte del análisis–, según el filósofo
alemán Peter Sloterdijk, como punto de inflexión ha introducido en el medio ambiente y en los humanos una contienda
entre facciones, abriendo
de esa manera,
un nuevo campo de batalla jamás sospechado que se ha amplificado a los años hasta al-
canzar la atmósfera cuyos dominios
en el aire siembran terror por sobre
quienes se encuentran debajo. Aquí, el refugio o guarida queda devastado por completo,
se asiste a una vaporización de lo seguro y a una temida saturización del espacio
que obliga enormes movilizaciones sociales
de escape y fuga. No hay ni tiempo
ni lugar para reflexionar si lo que se hace es correcto. Y lo único que llega a ser verdaderamente cierto antes y después
de respirar, es que la guerra toma al pánico como argumento
central en lo terrorífico que podría resultar
el ambiente para las
personas sumidas a su sombra o del imperio de la violencia (Vásquez, 2008).
De esto, se puede extraer. Primero,
si bien Sloterdijk entiende el colapso
ab- soluto de los marcos de seguridad
humana en la modernidad, y que frente a ello, existe reactivas que hace que la gente escape
desesperadamente de la zona de peligro a lugares insospechados, y que incluso,
fuera del terreno
originario, buscan otras y nuevas rutas, remodelan sus caminos por mar y tierra, aunque parezca que lo viene después
o más allá, pueda ser difuso para los desesperados en encontrar un resguardo. Segundo, dentro de esa misma naturaleza que se desprende del ani- quilamiento de humanos por otros,
esto continúa acompañando a estos seres
en su camino como tenebrosidades que lo atormentan en sed de venganza y de eliminar definitivamente al enemigo, o tal vez, de sentir miedo y escapar de él. Esa, viene a ser el
atmoterrorismo, una en la que
están envueltos todos.
Finalmente, la guerra preludia
ser entonces, un instinto de negación de todas
las épocas de paz, que aunque su presencia este aquí, sus profundas resonancias son cada vez más letales, no solo en el hecho de transfigurar el rostro del ser hu-
mano por el dolor, sino por adquirir visiones
y tintes cada vez más terroríficos.
Reinstalándose así, el miedo y la barbarie
en el camino de abandonar
hogares y de sus más apreciadas pertenencias, que
no son otra cosa más que algunos elementos que
generan un mayor
número de alteraciones del comportamiento y de conductas desviadas que han contribuido a la perennidad de la guerra en la sociedad moderna y
de fenómenos dinámicos
desestructurados (Corzo, 2016). Pues resulta
claro, que por sus gravedades en el tiempo y del efecto que pueda estimular, esta se sujeta a
percibir de distinta manera y forma la muerte en el camino (Ávila, 2016).
Así, desde un lado u otro extremo, dentro de las múltiples figuras y conside-
raciones doctrinarias movidas
alrededor de la guerra en pro de legitimarla o de
aquellas que han intentado deslegitimarla, la guerra no ha dejado de ser una inte- rrogante devastadora para cualquier otra ciencia humana
o social (Marín
y Enciso,
2005; Canaza-Choque, 2018; 2019b). Como una válvula
de escape, ha producido
en fechas recientes un detonante
y expansivo aumento
de refugiados y solicitantes
de asilo interminable, que por la
larga lista, ha quebrantado Estados y políticas sectoriales migratorias; además de exigir una urgente modificatoria de las políti-
cas globales de resguardo hacia los extraños. Bajo esas circunstancias, los siste-
mas de asilo a nivel mundial demandan enormes desafíos
en responder de manera adecuada, por un lado, de proteger las necesidades de las personas
desplazadas forzosamente por impactos de alta letalidad, y por otro lado, a los requerimientos en términos de acogida
o asistencia y apoyo en los procesos
de inclusión local (Marcogliese, 2020).
En buena medida, dentro del gran daño provocado por eternas
guerras tribales y sectarias, de asesinatos en masa, de asechanzas y de calamitosas mutilaciones del bienestar. Las personas buscan refugiarse de la brutalidad de las guerras,
del salvajismo de una desventura hambrienta
y del sin futuro,
y que tras escapar, la desesperación acompaña a los humanos ulteriormente del daño provocado
por la maldad en un mundo donde reposa el agotamiento de la seguridad y la esperanza. Todo esto, tiene una explicación, y esa es justamente, el pánico migratorio de la modernidad
líquida (Bauman, 2016).
Conclusiones
Las múltiples crisis humanitarias alrededor del globo han
forzado a redefinir lo que antes era inadvertido en las invectivas políticas y jurídicas de los países receptores de extraños expulsados por causas potencialmente asociadas al cambio
climático y de incesantes mutilaciones al bienestar general provocado por
atroces guerras y de violencias íntegramente gene- ralizadas en todas sus formas posibles. Así, el fenómeno
de red migratoria Global: Norte-Norte, Norte-Sur
y Sur-Sur; y en reversa, llevan a sospechar que en la misma y erosionada
movilidad transhumana oceánica y fronte- riza como interna, la extraña
invención de nuevas rutas de fuga y escape por
los desplazados son acompañados por enormes cargas emocionales de tormento y devastación; así como de ingentes mareas
apocalípticas que generalizan el quebrantamiento de la seguridad y la salud
como derechos fundacionales de alcance universal en los errantes modernos.
Por ello, la última idea, es que los desafíos que estimula el
fenómeno de desplazamiento humano alrededor del orbe son harto importantes para
la política regional e internacional dentro de un panorama globalizador. No obstante, con alta precisión, la
insostenible y extendida masificación migratoria ha desbocado dos filos
aterradores. Por un lado, la invención de rutas alternas por parte del nómada
moderno, abren escenarios incier-
tos y aterradores que lo devoran cuasi completos desde antes de que este
parta a su final.
Por otro, los gobiernos y Estados sobrecargados de poder, especialmente, han diseñado intensas y
renovadas reformas políticas de control migratorio cuyo ánimo susceptible es
elegir quién ingresa y quién no a sus reinos.
Aunado a este gravamen, como se ha argumentado, los ciclos y procesos migratorios mutan y aumentan su nivel de
dinámica a causa de la finura
de colosales fuerzas
climáticas y de aterradoras sondas de
violencia generalizada, ambas,
globalmente demuestran lo tan desespe- rante que puede estar
el migrante desde
su partida, hasta
llegar a su arribo,
incluso, más allá de esto.
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