EncuEntros. rEvista dE ciEncias Humanas, tEoría social y PEnsamiEnto crítico. issn: 2343-6131 / dEP. lEgal: PP 201202Zu4143

año 6. n° 7. EnEro-Julio 2018
pp.
131-143
univErsidad nacional ExPErimEntal rafaEl maría Baralt
Entrevista a Edward Govia*: Transformación Universitaria
Por: Fátima Hernández
Entrevista realizada el 07 de
septiembre de 2017
en la Universidad Nacional Experimental
Rafael Maria Baralt.
1.-¿Qué opinión,
que idea tiene Edward Govia sobre la
Trans- formación Universitaria? ¿Qué
es la transformación universi- taria?
La primera cosa que revisar en torno a la pregunta
que haces es saber que se
está hablando por el término trasformación, este la verdad tiene un ca-
rácter con muchos matices. Sin embargo, para hablar de transformación en un “nivel” de la educación formal, habría también
que revisar un poco lo que se viene entendiendo grosso modo por educación y el papel de educa- ción. Ésta, se viene
entendiendo de diversas
maneras: Primero, en términos
tradicionales, la educación viene siendo interpretada como un proceso
con diversidad de instrumentos que trata de Ideas, las culturas, las formas de vivir,
de pensar, de existir de una generación, y que ésta generación prece- dente aspira-impone su proyección a otra generación. O sea, la educación
se vuelve en un medio-instrumento para la reproducción de unos órdenes, comunitarios y societales, según
sea el caso; clásicamente en sociología
se habla de éste proceso,
como proceso de socialización. Este se entiende como un proceso de internalización de normas y valores, que forman y conforman parte de una sociedad y/o una comunidad, y como éstos (como
dijimos anteriormente) pasa de una generación de hombres y mujeres a otros,
se trasmiten-comunican e imponen a otra generación
de hombres y mujeres.
Dicho así, pareciera
que la educación es un proceso prácticamente neutro que sólo dependiese de la categoría generación, solamente conser- vador, que abstrae las diferencias, jerarquías, hegemonías, la diversidad de predominios y los procesos de dominación, que habría que tener en cuenta.
Pero esta perspectiva nos presenta
el aporte, que existe una división del tra-
bajo en eso que llamamos
educación, en ella se encuentran agentes de edu-
cación: los “que educan-forman” y los “que son educados
y son formados” durante un tiempo determinado. O sea, La educación como institución for-
* Edward Govia es sociólogo,
profesor agregado de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Ba- ralt. Coordinador de la línea de investigación “Culturas, educación y pensamiento latinoamericano” del CESHC
.
mal, como producto histórico cultural de unas sociedades determinadas.
Segundo, la educación supone términos formales
actuales, la idea de
proyecto, supone sociedad,
supone la categoría
Estado y la gente que for- ma parte de una sociedad
como ciudadanos. Esta idea irónicamente podría expresarse como una maquinita de producción de personas
con las carac- terísticas técnicas, simbólico-culturales necesarias en alguna medida en la reproducción de esa sociedad.
Esta visión ve a la educación como proceso
de homogeneización de las ciudadanías. Sin embargo, si vemos de un poco más
de cerca la cosa, ésta perspectiva también
abstrae las diferencias y las exclusiones sociales, o por la vía de la invisibilización de sus problemas
y necesidades, o por la naturalización de esas diferencias. En estas perspecti- vas, la educación debe estar ligada a cambios
de equilibrio, a reformas, o, a
“cambios” para no cambiar nada.
Evidentemente este tipo de perspectivas reproductivas por llamarlas
de alguna forma, intentan homologar las for- mas de hacer, de reflexionar el mundo, con carácter de universalidad, unas formas de producción-reproducción de saberes, como en el caso de las so- ciedades llamadas desarrolladas, donde
la “técnica” pareciese que viene ocupando un lugar privilegiado, sobre la cualquier
forma de reflexión
del mundo que cuestione
a estas sociedades. Pareciese que en el marco de la
división del trabajo en estas sociedades tecno científicas, los ciudadanos se volviesen consumidores. Por tanto, el problema
de las ciudadanías se remi- tiría a ver las relaciones sociales
mediadas como mercancías, y desde el mer-
cado, de allí también un poco, parte
de las categorías sociales se organizan,
se excluyen como mercancías (o desechos) y desde algún
tipo de mercado. En este marco de imposición de
estas visiones, representaciones, la educa- ción con su pretensión técnica se
viene convirtiendo también en ideología, con
múltiples vertientes y formas de dicotomía que se trasponen entre los que reconoce
como verdadero-falso, como bueno-malo, eficiencia y efica- cia, formación de “individuos críticos”. O sea, si usted es un excelente pro- ducto de este sistema,
muy integrado, tal como quiere
el sistema educativo en este caso: Que tan crítico
podrá ser?... La cosa es para reírse o para llorar..
Ciertamente las culturas están
lejos de ser homogéneas, como los pueblos que la portan. Las culturas están lejos de ser universales, tal como preten- den, o han pretendido las sociedades occidentales durante ya varios siglos.
Una educación
que pretenda ser parte de un proceso de transfor-
mación, supone
una educación de ruptura con el orden establecido,
o con alguna parte de ese orden, supone
un cambio estructural que trastoque el orden
preestablecido, supone
conflictos y resistencias.
La educación que nosotros
nos venimos planteando, desde América Lati- na, desde Simón Rodríguez (para nombrar un monstruo del pensar de esta
tierras), es una educación que empieza a buscar ese pasado, o esos pasados diversos que tenemos, y de los que somos en alguna medida
producto, es- tableciendo aquello
que nos une y/o distancia de Europa, los EEUU u Occi-
dente; pues , estamos lejos de ser occidentales , tenemos otras cosas, somos mesclas en proceso y parte excluida de la modernidad o la
cara negada de esta. Ésta es la primera cosa que debería
perseguir, una educación de ruptu- ra en el contexto latinoamericano-venezolano de hoy. Una, que parta desde
lo local hasta lo latinoamericano y del
caribe. Perseguir lo mismo, al calco, la imitación como sociedades Estados
Unidos de América,
o integrarse con el
sistema capitalista mundial, olvidando lo que podríamos
ser y nuestras potencialidades en el marco de otro proyecto
de sociedad, hasta ahora ha sido en mucho desacierto, pues nos
miramos y pensamos en forma aliena- da,
con otras miradas
y pensamientos ajenos.
Lamentablemente nuestras
universidades siempre ha intentado ser unas instituciones que han tratado de reproducir los modelos de
otras sociedades, calcándolos, haciendo mu- chas veces propaganda de éstas sociedades con tradiciones y formas de or- ganización social que respondieron a esas sociedades, donde se originaron esos modelos y prácticas
educativas, esas prácticas
sociales. Aun cuando dirás que tenemos procesos
como la reforma de Córdoba,
que fueron y aún son un hito, entre muchos en américa
latina que han dejado su huella.
Retomando el hilo, inventarse hombres que no son de estas sociedades, fabricar hombres
y mujeres que no pertenecen a estos territorios, inventar- se subalternos con respecto al resto del mundo,
supone cosificar a la gente, alejada de eso que tanto la búsqueda como la producción y conformación
situacional de eso que llamaríamos sujetos, sujetos sociales,
que puestos en dimensión educativa bien podrían
estar conformados como producto de la
formación en: las personas que
ocupan un lugar,
profesionales y los
ciudadanos. Ahora bien esto supone de punto de partida un proyecto de sociedad global, que se articule a un proyecto
educativo distinto, alternativo, emancipador de una parte, pues el conflicto es hacia el exterior; situacional para la libe- ración desde el interior
hacia nuestra américa.
Esto supone un proyecto, un
proyecto de sociedad alternativo, emancipador y liberador. Anticolonial, anticapitalista y anti patriarcal, que este concatenado a diversidad de modo
de producir la vida, ecológicamente amigable, tiene que partir de la diversi-
dad de concepciones y diversidades sobre del tiempo y las temporalidades.
Una educación nuestra, debe hacer un énfasis inicial
en que cado hombre o mujer se le tome en cuenta la dimensión de: la persona (con
sus singularidades), la formación de un profesional (un
trabajador o tra- bajadora), como la ciudadanía en el marco de las diversidades culturales y la necesaria búsqueda
de la interculturalidad. Pero hay que agregar
que preci- samente estas sociedades crecieron porque se miraron
así mismas. Hoy sin
embargo, esas mismas
sociedades y sus aparatos educativos se en- cuentran en diversidad de conflictos, con los modelos
que casi en forma teologal y las nuevas
formas de teología
educativa como el Tuning o Bo- lonia
se pretende imponer
desde las corporaciones multinacionales al res-
to de las sociedades que conforman la comunidad europea de naciones.
Nosotros venimos
hablando de la transformación universitaria, en el contexto de una América
latina que se viene cuestionando el lugar que ocupa, una sociedad que viene
pensando hasta qué punto nosotros somos occidentales, hasta qué punto
somos similares a otros no occidentales, a partir
de nuestras realidades socio
históricas y culturales, de hacerse la pregunta: ¿nosotros
tenemos acaso el mismo origen societal que de ellos (europeos), de donde “ellos vinieron”
nos originamos como cultura? Creo que si empezamos desde los orígenes,
ciertamente ya nosotros
lo vimos, somos mezcla,
flujo de un montonero de culturas en primera instancia: las diversidad de pueblos indígenas, los blancos europeos
(entre otros), la diversidad de negros que se trajeron
como esclavos y, que pertenecían a una diversidad de pueblos del África. Así como, los grupos humanos que fueron llegando, los que permanecían antes que se llamara lo suce- dido encuentro de dos mundos (que de encuentro
tuvo poco), el tran-
cazo, el choque entre civilizaciones. O como le dice Dussel
la invasión.
En Venezuela las universidades de las que se hablan o son de tres tipo
básicamente: las de tipo napoleónica como la universidades autónomas (que poco tienen de autónomas), o, las que pertenecen al modelo nortea- mericano, como las universidades nacionales experimentales o, las que pertenecen al modelo británico de educación a distancia como la UNA.
Pero su pertinencia está alejada
en alguna medida a las necesarias uni- versidades (yo prefiero de educación superior) que América o Venezue-
la necesitan para una transformación profunda. Plantearse unas institu-
ciones de educación superior para establecer su relación con un proyecto de desarrollo diverso y su relación
con el empoderamiento de la gente es un reto inmenso.
Hasta ahora las universidades siquiera
representan en forma eficiente
el empoderamiento de la burguesía
nacional, quizás el de
la dependencia intelectual y cultural
en si, como las modas intelectuales
de EEUU y Europa. Pues mayoritariamente, lo que
hacen es reprodu- cir los modelos
socio educativos , las
tecnologías, es copiar,
reproducir toda clases de cosas ya dichas en otras sociedades, pero ni siquiera
para la producción de nuestras propias
ciencias o tecnologías o una similar que alimentara el capital
nacional. Aclarando que hay contadas
excep- ciones de gran envergadura en la producción de ciencias y tecnologías.
Entonces hablar de
transformación es eso , ruptura,
cuando hablamos es ruptura de todo tipo, ruptura
en la forma como se organiza ese conjunto
de cosas que llaman saberes
y conocimientos, ruptura
en forma a la es- tructura como se administran o se construyen
los cuerpos administrativos de esas instituciones y los productos, decisiones que van a salir de esos cuerpos, como de los cuerpos de enseñanza-aprendizaje y las cosas que
tienen que decir y ruptura
en la forma en que debe aprenderse, enseñar- se o comunicarse esa ruptura en el primer caso que supone lo que debe aprenderse y enseñarse que respondan como somos y como venimos
sien- do de ahí viene la incógnita, entonces tendríamos que investigar, indagar, caracterizar, reconocer
que es lo que hay, en relación
a lo que somos, lo que
venimos siendo, en términos técnicos, tecnológicos, sociales, humanos, culturales, en términos del pensamiento, como lo concebimos, en térmi- nos de cómo hacemos familia, comunidad,
en términos como construimos política o elaboramos la política , para ver qué es lo que somos y venimos
siendo para establecer cuál es el horizonte que queremos perseguir, en- tonces una ruptura
en primera parte en términos
generales; en términos particulares, la ruptura viene a romper con el modelo de enseñanza y las
prácticas educativas ligadas
en nuestro caso venezolano, con el rentismo petrolero, con la cuestión agroexportadoras, con el pacto de punto fijo y las formas de como se viene construyendo gobiernos por gobiernos
y cosas por el estilo. Ruptura con la adequidad y la copeyanidad presenta aún en to-
das las instituciones y actores
ligados a las formas de hacer políticas, tanto en la
izquierda actual como en las derechas
tradicionales, ruptura con el burocratismo.
La ruptura con formas
de ejercer política
dentro de la institución uni-
versitaria, eso supone que es necesaria esa ruptura también
con la visión tradicional de quienes
son los actores de una comunidad universitaria, quienes son los activos, los pasivos, que lugar ocuparían
los estudiantes, los
profesores, los trabajadores. Diciendo que tanto profesores, empleados y obreros son trabajadores universitarios, el trabajador universitario que se llama docente que está encargado
de “dar”, construir
y reconstruir sa-
beres conocimientos e información (con otros) En los campos (partiendo
de la propuesta de Eduardo
Leal) de la Formación en vez de hablar
de docencia, del campo de la Creación Intelectual, en vez de hablar
de in- vestigación. Esto visión ya representa sería ruptura, porque estamos rom-
piendo con la visión tradicional de investigación. Ruptura con la visión de Extensión, y empezamos hablar de Vinculación Social. También tendría- mos también que hablar de Producción en una universidad, más allá de reproducción saberes, más allá del caletre
y las píldoras intelectuales. O sea, que el tipo, el que las
persona se aprendan “a o b”
contenido, y deban saber porque carrizo tiene que aprender el cálculo,
el termino de política,
o el de educación o de conducta.
Aspectos sustantivos que dependen de la disciplina en donde se estén formando:
las personas en formación tie- nen
que reproducir, construir
y reconstruir aprendizaje, la teoría, los sa- beres
necesarios que deben dar respuesta
a su entorno, porque ella como
sujeto, también viene construyendo su realidad Latinoamérica, realidad
que está en reconstrucción de sí misma, partiendo del presente por su- puesto. Esta tiene que reconstruirse viendo
el pasado y para donde
vis- lumbran los porvenires como apuestas
con muchas certezas, para aportar al desarrollo social y de la vida, las formas
de desarrollo. Esta tiene que dirigirse a una nueva construcción de hombre, ciudadano
y de profesio- nales que den respuesta
a la ruptura producto de esa transformación, un ser humano que viene formándose, y/o viene de un subsistema distinto, que viene sociedades, comunidades y territorio, que vive en una diversi- dad de temporalidades, y necesariamente debe contribuir a un horizonte histórico y cultural. Para producir y reproducir la vida, estamos
hablando de ruptura. La transformación universitaria tiene que estar articulada a la
transformación social y si vamos a hablar articuladas también
a un pensa- miento para la liberación, la descolonización y la emancipación, estamos hablando de romper contra el Estado
colonizador, el consumismo, la Co-
lonialidad de los saberes
y haceres, para apoderarse de la vida en común, lo
que llaman empoderarse en política, “construir pueblos, construir re- publicas”, en los términos
de Simón Rodríguez empoderarse de la vida,
lo que llaman destino y se haga con los otros, que construya y organice su destino, esto supone construir
comunidad, poner
en común y evidente-
mente debe producir la vida, un nuevo tipo de economía en el caso vene- zolano, está supeditada por una nueva forma de apropiarse y de producir y de reproducir y construir su territorio desde lo local hasta lo nacional.
2. Esa transformación universitaria que viene desde esa búsque-
da de las distintas rupturas,
como usted lo nombraba, ¿Busca tam- bién en el factor
social, transformar no solamente
como usted lo
indicaba al obrero al docente, al trabajador universitario, busca trans- formar
además a ese sujeto que está en el aula de clases,
pero ade- más de eso, busca quiere lograr
esa vinculación desde
la institución?
Con la gente, con la comunidad, con un pueblo.
Para que la institución
universitaria lleve una función y esa es la transformación, la primera para decirlo así, la función
de una universidad de nuestro
tipo, es la liberación de un pueblo,
que quiere empoderarse y construir su destino, un destino dis-
tinto a las perspectivas del mercado, ligada
a una concepción de desarrollo ecológico ambiental, con
saberes que reconozcan, que deben reconocer las culturas, reconocer
a los otros, que pueda producir tecnología
como algo importante que debería incorporarse también a su formación. Así como
producir ciencia y saberes sistemáticos que den respuesta junto con la gente
a la solución de los problemas desde
lo local, lo nacional y latinoamericano
para el enfrentamiento con el capital o contra el sistema capitalista mundial.
Esto hace necesario
articularse y construir una alianza
con los diferentes pueblos y movimientos sociales que buscan
liberación y reconocimiento para la liberación, supone
que tiene que avanzar como universidad en el re- conocimiento de los diferentes
actores y actrices, hombres,
mujeres, niños, negros no negros,
de color, el “problema” de la diversidad sexual, al que hay
que darle respuesta
y reconocimiento. Pero lo primario
es: que toda esa gente avance en el reconocimiento como necesidad en las construcciones de nuevas relaciones sociales
y sociables, que permitan la producción de la vida, sino se produce
ciencia y tecnología sistemáticamente, sino utiliza-
mos las cosas que son necesarias para producir la vida, la universidad nos
sirve de poco. Esta transformación universitaria que se piense así misma con
otros, como es el mundo que tenemos,
que pensar las siguientes 20 o 30 generaciones, qué pensarían los indígenas que vamos hacer nosotros con este
bendito planeta. Una universidad que se transforma, tiene que estar ligada a la calidad, pero la calidad
en términos de producción de la vida, del buen vivir, den-
tro del “vivir viviendo”, como dirían
en el caso tanto Chávez
(entre otros), pero sobre
todo como dirían
los indígenas latinoamericanos y como lo han
dicho muchos grupos humanos populares en todas partes del mundo, es- tas
visiones o similares las consigues
en Europea. La gente anda buscando una vida distinta al capitalismo, una vida distinta donde la gente pueda tocarse, mirarse, sin estar dependiendo de la tecnología. Pero supone, que la
universidad está en búsqueda de un nuevo sujeto, que se está transfor- mando.
Con el surgimiento de unos nuevos sujetos
actores y actrices
que están buscando su destino, que quieren reproducir
otras formas de ver y aprender. Formar sujetos sociales
en estas visiones,
implica eso, la persona que tiene
la capacidad volitiva
popular y capacidad volitiva para transformar dirigir su destino. Estaría asociada a Democracia directa, eso supone el socialismo, socialización de la producción, supone interculturalidad en el marco de la igualdad entre las culturas,
supone diversidad de formas de desarrollo,
no solo la industrialización n el marco del paradigma
del industrialismo. La universidad debe estar en ese proceso
para articularse, una institución
de un pueblo, en su función
para la liberación, va a dar respuesta a las si-
tuaciones desde lo local, lo regional, nacional
o territorial, rompiendo
con la división político
territorial (entre otras)
que todavía tenemos
desde la independencia, la colonia, porque
seguimos teniendo un Estado colonial
y colonizador, que sigue siendo altamente burocrático, además que las
deci- siones se rigen con el sino perverso
del familismo, compadrazgo, el patriar- calismo, las formas del hacer, que desde el “poder” en su diversidad de for- mas enuncia y actúa de la manera: “el que está cerca de
mí no lo toquen” .
Una universidad que tenga
reglas claras, en términos de reconocimiento de trabajo, que pasar por las categorías formación
y docencia se constru- ya en una forma distinta
a la actual, con la
gente. hablarle a una perso- na que es un ciudadano y en mi caso, que soy docente,
hacer el campo propicio del aprender, que aprendemos juntos;
y aun mejor, esta forma-
ción no solo se da en un salón de clases,
también como reconocimiento entre esas personas con la fábrica,
con los trabajadores, con las comuni-
dades organizadas, los consejos comunales, como es el caso nuestro
con
las diferentes organizaciones sociales, para que produzcan
la vida, para que
rompan con la cultura del petróleo, con el rentismo
y la regalía petro- lera empezar a producir
su vida. Y digo, la producción de la vida porque
creo que es el criterio
de verdad, éste es el que debe asumir la universi-
dad en todas las acciones
y en sus investigaciones y creaciones intelectua- les, es como dice la frase de Dussel
“Porque va más allá del criterio de verdad
es la investigación de una acción debe ser la vida” y esos sucede muchos estamos transformando estamos
hablando de un sujeto distinto un sujeto que está en movimiento, un autor lo llama sujeto
vivo, se llama Yamandu Acosta aplica la categoría un “sujeto vivo” que no es muer- to,
es vivo, pues se está transformando en la búsqueda
de la liberación .
3. ¿Cómo podemos nosotros desde la inclusión,
desde ese concepto
que es abstracto para muchos,
deje ese cuadro
que lo está sostenien- do? ¿Cómo puedo yo desde la inclusión, conseguir esa transforma-
ción para luego conseguir ese sujeto necesario
, no tanto para el siglo
XXI sino de ese sujeto
vivo que pueda de verdad
generar un aporte a
la necesidades que pueda tener
el estado y la región
latinoamericano?
Perfecto ese es el problema, la inclusión se tomó como un abstracto, y no se tomó como un concreto,
¿qué significaría inclusión
para la educación? y yo hablo que la educación
tiene que partir de un elemento, una práctica lla-
mada la educación popular, esa que se viene haciendo en Latinoamérica, no solo de chamos, la universidad tiene que ir al liceo, a los jóvenes, a la pri- maria, debe estar llena de niños,
jóvenes de rochela,
de música pero tam- bién
de los saberes que tienen que ver con la ciencia, la tecnología ¿cómo incluyo yo?, Bueno con un grupo
en la comunidad y, estos
cognitivamente aprendan a saber hacer cosas (de las que podamos
en realidad enseñar), que la gente aprenda
de verdad, es romper con el modelo de educación
na- poleónica, con la cuestión
del cálculo y la matemática, los ingenieros eso lo
copiaron de las universidades europeas. Newton hizo las matemáticas para resolver un problema, en este caso la caída de libre de cuerpos,
la gravedad etc. Tenemos
que resolver nuestros
problemas, como los incluyo, voy a en-
señar a los muchachos a sembrar y si ignoro como sembrar, voy aprender a
sembrar con ellos,
eso es incorporar los saberes,
hacer lo mismo con la di- versidad de disciplinas: las ingenierías, economías, sociologías, psicologías,
letras. Usted tiene que aprender
a sembrar y saber cómo se siembra
una mata, como se coloca un bombillo, que es electricidad, literatura, para que
pueda escribir sobre tal cosa, hasta cartas de reclamo, reglamento historias locales. Yo tengo que construir
la historia de mi comunidad, pero con mi comunidad, de los trabajadores co los trabajadores, con las personas
que están a mí a lado. La que hace café, las hamburguesas, o los chamos que
escuchan esa cosa tan horrible
que llaman bachata,
y tengo estudiantes que lo escuchan. Habría que preguntarles al menos si saben de dónde viene:
¿“díganme de donde vino, donde se originó la bachata y en cual contexto,
donde me incluyo cuando se empieza a producir este género”?, dejar de ser sólo consumidor, más bien productor.
Ser consumidor de lo que yo pueda producir, o reflexionar o identificarme, al menos que yo pueda controlar lo que consumo y lo que no. Que pueda tomar decisiones de mi vida, tomar
decisiones reales de su destino
, las sociedades piden eso, ya que el conoci-
miento se construye con otros, no porque me lo construyeron, tú vas a ser
pobre porque lo has sido toda tu vida y por eso no vas a entrar
a la univer- sidad, en alguna
medida la transformación universitaria debe ser concre- ta, supone inclusión
en la producción de la vida, de la salud participando
directamente con la capacidad de decisión , empoderado cognitivamente , materialmente con las manos , con los haceres porque se aprende
con ha- ceres , para construir
y reconstruir el país, el territorio, nuestra localidad,
tenemos que construir un horizonte, sino estamos perdiendo
el tiempo .
4. Para qué ese sujeto
vivo andante pueda venir entonces desde la for- mación, debe reconocer al otro y conocerse para poder conocer
al otro? Desde mismicidad partimos al horizonte y de allí
al mundo, luego
se vuel-
ve al sí mismo retomando, a él, es uno con nosotros, en eso estoy
de acuerdo
y siempre compartí
que en el marxismo habla
del sujeto social
cuando Marx
habla de individuos de uno con otros. Dussel lo precisa
mejor “el individuo
no existe es una creación
de la modernidad”, existe un hombre, un huma-
no, con una singularidad, especifidades que tiene que ver con la persona,
el
carácter, la historia, la vida que vivió. La universidad tiene
que estar avoca-
da a producir
formas de desarrollarse, negarnos tenemos que partir un mo-
delo único ajeno a nuestra
vida, sino una actitud que permita que construir
unanimidad con otros y
otras, respeto al otro, el reconocimiento
del otro y
construir con el otro, la interculturalidad supone un puente más allá de la
tolerancia, que todos lleguen a un acuerdo,
pero este acuerdo recuérdese
tiene es contrario
a formas que nieguen la vida del plantea, que nieguen
la vida digna y el buen vivir, que nieguen el empoderamiento del pueblo
en saberes y ciencias propias,
que nieguen la honestidad y decir la verdad,
que niegue tanto el mundo
del trabajo la justicia, como el mundo
del juego.
|
5. |
¿Cuál |
sería |
|
un punto |
|
de |
parti- |
|
da |
para |
lograr |
esa |
transformación |
y |
|
ocupación? |
El punto de partida seria
empezar a tener un orden mínimo para esta
universidad que todo el mundo viniera a dar clase, los estudiantes trataran
de escuchar y tuviesen lo mínimo para poder estudiar,
hay que ocuparse
en los recursos
para que la gente estudie.
Empecemos por establecer los
contactos con la gente, los territorios y lugares donde se pueda sembrar, a
los muchachos darle
talleres, los profesores, obreros a todos y sistematizar
esos saberes que química hay detrás de la siembra,
que relaciones sociales
nuevas podemos construir
compartir, relacionarla investigación tiene que
dar respuestas a los recursos,
“producción de ciencia,
alimentos y digni-
dad”, tres cosas que decía Klever Ramírez el país tiene que apuntar para
eso. Supone que significado tiene leer, ocuparse
desde ya con la lectura
avocarlos a eso, contribuir al desarrollo del país y estén aptos para prepa-
rarse. El socialismo del siglo XXI, sin caer en propaganda, hace necesaria
una educación socialista, democrática-popular, responsable eficaz-eficien-
te, humana, lúdica,
como hace necesario
el trabajo socialista, combatir y
sancionar la corrupción y los elementos estructurales que hacen
posible,
la impunidad hace mucho daño. Un campo vital es trabajar con los jóve-
nes tanto en los liceos como en la calle o en el campo. En este sentido la
universidad puede aportar
hasta con las políticas formación
interinsti-
tucionales, de las que se alimentaría tanto las gentes,
el pueblo como la
Universidades y las educaciones superiores: las artes y oficios entre
es-
tas. Habría que rescatar la necesidad de estudio para
formular políticas en
relación a un mejor equilibrio territorial donde lo humano y el ambiente
sea la divisa,
la vida digna.
En este caso sugerir el desarrollo del llama-
do eje norte llanero como punto de partida y la ruptura con la división
política territorial actual debería ser un punto de partida,
para pensar en
la creación de la riqueza:
Nuevas ciudades intermedias, pueblos, campos
productivos, empresas de transformación de materias primas y máquinas
para hacer maquinas
en el marco de nuevas relaciones sociales
y formas de
propiedad que hagan poderoso al pueblo, le den autonomía
y dignidad.
6.
¿Es una transformación una utopía?
Claro, cualquier transformación o proyecto
en el sentido que venimos hablando de ruptura es utópico, en el buen sentido, como lo diría
Herbert Marcurse como “un proyecto de lo posible”, o como dice Galeano hablan-
do de Restrepo, “es aquello
que nos ayuda a caminar”, pero si nos queda-
mos aquí haciendo lo mismo, esperando lo mismo, lo que viviríamos es un presente continuo
de desgracias y lamentos. Esto supone en esta visión, que la utopía tiene que establecer
reglas claras, que va hacerse y como se
van hacer las cosas. En este proceso
de constitución y construcción de ac-
ciones utópicas se deben cumplir
reglas, evidentemente con las sanciones respectivas. Las sociedades las tienen, si yo dejo de cumplirlas. En el marco que me refiero, nuestras
reglas vienen siendo construidas en el marco de
diversidades socio-culturales, la democracia participativa y el socialismo del
siglo XXI. Unos más unos menos son más hábiles para una cosa, otros para otra y esa regla tendría
que tener en cuenta el problema de las tempo-
ralidades, cuanto tiempo le puedo yo dedicar
para la transformación y que cada
quien lo cumpla,
porque supone tener
claro el problema
de lo teórico, lo práctico, de la división técnica del trabajo en los haceres universitarios: el docente, el investigador (que podrían ser estudiantes u otro integrante de la comunidad) o creador intelectual, la vinculación social,
ésta se cons- truye entre el estudiante que tiene servicio
comunitario, quien es servidor
y el docente con el pueblo. La transformación de este tipo debe necesaria- mente estar articulada a las practicas curriculares, prácticas
educativas, en la cual que hayan procesos de reflexión y sistematización, llevar registros
de los aprendizajes. Una utopía de este tipo, un proyecto revolucionario puede ser realizable a mediano, o a largo plazo, pero hay que empezar, se aprende haciendo. Un Castoriadis dice
que un proyecto revolucionario es la reorganización y reorientación de la sociedad
por la acción autónoma de los hombres, en nuestra república se incluyen a las mujeres.
En este sentido: Primero,
romper con nosotros
mismos, nuestras taras, nuestras
limitaciones y todas las formas de pensar colonizador que poseemos y padecemos. Como dice Eduardo Leal “desaprender, aprender y aprender
haciendo”, supone volvernos sujetos sociales, tiene que haber
coherencia entre las diferentes cosas en la formación, en la creación
e investigación y las vinculaciones con la gente. Yo vivo de la comunidad y la comunidad vive de mí, garantizar el aprendizaje e inclusión que dé respuesta a la so-
ciedad que vivo. Segundo, Por estos caminos, debería construirse la una- nimidad en
las formas de hacer y pensar liberador (con la gente,
el pueblo),
luego habría que ver que ponemos en común con
la diversidad de actores
y en ese proceso establecer
las pautas del compromiso que apunten a una nueva economía una nueva sociedad.
Para eso debería servir una transforma- ción universitaria que sólo se hace en
este caso hermanado con un pueblo.

Edward Govia. 2018. UNERMB. Nucleo San Francisco.
Foto: Eduardo Rios.