
ENCUENTS
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Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
N° 26 Enero – Abril (2026). PP: 71-87
ARTICULO
tradoras pueden no cuestionarse la
orientación sexual e identidad de gé-
-
liberadamente usan la violencia sexual
contra mujeres y varones a sabiendas
de que no tienen una condición he-
terosexual, siendo esto un agravante
En relación con el párrafo anterior,
-
do que las mujeres son víctimas.
Se han visto sometidas por las Farc a
prácticas atentatorias de su integridad
personal y su libertad sexual como
abortos, imposición de métodos de
planificación forzada, acoso y violen-
cia sexual, enfermedades de trans-
misión sexual, a las que se les suman
enfermedades producto de las condi-
ciones del medio selvático, desnutri-
Lo anterior, se agrava con gran
variedad de manifestaciones de vio-
lencia sexual que ocurren en el con-
texto del conflicto, a su vez una de las
expresiones más frecuentes de esta
violencia se manifiesta mediante las
violaciones (acceso carnal violento) y
las agresiones sexuales, en las cuales
mujeres, hombres, niñas y niños son
sometidos a actos sexuales forzados
y brutales. Estas acciones son perpe-
tradas con extrema crueldad, con el
objetivo de infundir miedo, someter y
ejercer control sobre las comunida-
des afectadas, por tal motivo:
La violación es un mensaje para el
enemigo, la cual queda inscrita en el
cuerpo de las mujeres. Como se dijo,
a través de ella se conquistan territo-
rios, se hace venganza y se fracturan
redes individuales y colectivas, y tam-
bién, se desestructuran las capacida-
des de reproducción social y simbóli-
Adicionalmente, la esclavitud se-
xual constituye una realidad alar-
mante, especialmente para mujeres
y niñas, quienes son sometidas a
condiciones de servidumbre sexual y
obligadas a realizar trabajos sexuales
para combatientes o grupos armados.
Esta forma de explotación vulnera
profundamente su dignidad y autono-
mía, sometiéndolas a un sufrimiento
indescriptible y perpetuando un ciclo
continuo de abuso y violencia.
La esclavitud sexual ha tenido lugar
durante toda la historia de la huma-
nidad; sin embargo, no había sido
criminalizada internacionalmente
hasta la actualidad, considerándose
un crimen de violencia sexual. Tal es
así, que, tras el análisis de los últi-
mos conflictos armados, se ha venido
constatando que la violencia sexual, la
privación de libertad y la esclavitud se
En consecuencia, durante situa-
ciones de conflicto se documentan
numerosos casos de embarazos for-
zados como resultado de violaciones
reiteradas, así como también prácti-
cas de esterilización forzada. En este
contexto, muchas mujeres y niñas
quedan embarazadas contra su vo-
luntad y enfrentan riesgos significa-
tivos para su salud física y emocio-
nal, además de tener que lidiar con
el impacto psicológico de asumir una
maternidad no deseada en circuns-
tancias profundamente traumáticas.
En algunos casos, las víctimas son
sometidas a abortos forzados, lo que
intensifica los eventos traumáticos
y las expone a contextos en los que
estas formas de violencia se ejecutan
de manera sistemática y articulada.
A nivel global, otras formas de
violencia sexual, como la desnudez
pública humillante y las mutilaciones
genitales, también han sido utiliza-
das como tácticas de control y hu-
millación para destruir la dignidad y
la identidad de las víctimas. En virtud
de esto, la Organización Mundial de la
La práctica de la mutilación genital fe-
menina está considerada internacio-
nalmente como una violación de los
derechos humanos de las mujeres y
las niñas. Refleja una desigualdad en-
tre los sexos muy arraigada, y cons-
tituye una forma extrema de discri-
minación. Casi siempre se practica a
menores y constituye una violación de
los derechos del niño. Además, viola
los derechos a la salud, la seguridad y
la integridad física, el derecho a no ser
sometido a torturas y tratos crueles,
inhumanos o degradantes, y el dere-
cho a la vida en los casos en que el