
ENCUENTS
90
Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
N° 26 Enero – Abril (2026). PP: 88-96
ARTICULO
Ello implica reintegrar el debate
criminológico en la materia de com-
plejidad, con fines de mejorar los es-
fuerzos predictivos.
A diferencia del ángulo idealista
del liberalismo económico, que sos-
tiene que las libertades económicas
son principios éticos de la conducta
política per se, o del ángulo marxista,
que sostiene que el objetivo históri-
co de los procesos económicos es la
justicia social, en el keynesianismo se
centra en el pragmatismo de liberar
los ciclos de crisis o depresiones a
partir de una política económica efi-
ciente. Esto lleva a sus seguidores
a observar los procesos de calenta-
miento, sobrecalentamiento y enfria-
miento de la economía, nociones que
se definen econométricamente, pero
que esconden el aspecto más sicoló-
gico de la disciplina: La confianza es el
verdadero factor central y oculto, que
determina las dinámicas del ingreso,
el interés, el precio las herramientas
monetarias, la inflación (o aumento de
precios) y, en una importante materia
política, el gasto público. Este debate
es fundamental para enfriar los des-
víos simplistas de algunas ideologías
y los oportunismos de la clase polí-
tica: para identificar la oportunidad
de liberar el gasto público, hasta la
fecha, es necesario tener indicadores
precisos de la complejidad, con el fin
de evitar acciones que hoy se acusan
de populistas.
No era, por tanto, extraño, que
se adscribiera a la teoría keynesiana,
algunas explicaciones importantes
acerca del comportamiento del mer-
cado de valores, cuya naturaleza es
esencialmente, hasta la fecha, acti-
tudinal, emocional y especulativa, así
como basada en aspectos proyecti-
vos.
Estas actitudes incluyen la asun-
ción de que, desde la perspectiva del
inversionista, el presente es una guía
muy superior a los atisbos del pasado
(y sus modelos de predicción basados
en patrones), aunque de tal análisis
se presente como garantías. Esto es
el resultado de que es una constante
de la econometría macroeconómica el
no tener información suficiente sobre
el futuro a largo plazo. Y, por tanto,
todas las presunciones del mercado
de valores, como el mercado de bo-
nos, necesitan asunciones correctas
del futuro.
Y como, en general, los inversio-
nistas tienen poca confianza en sus
propias opiniones, es esperable que
se dejen llevar por el impulso prome-
dio del mercado. Así, Keynes llamaba
“juicios convencionales” aquellos que
constituyen la inversión en merca-
do de valores a largo plazo (Dilliard,
Esta revelación permitió utilizar a
los mercados como un medidor de la
confianza en general de los capita-
les, funcionando éstos como cuerpos
gregarios y rituales, esto es, enten-
didos en su conjunto, como reacti-
vos sociales estables y predictivos
del acontecer político y económico
de una macroeconomía. El mercado
como indicador de la sociedad, tam-
bién es el resultado y la causa de su
inverso: la sociedad como indicador
del mercado, creando así una cadena
de proyecciones que se afectan mu-
tuamente y que amplifican, ya sea el
crecimiento, como el decrecimiento y,
por consecuencia, la valiosa estima-
ción de la crisis.
El aspecto perceptivo, en las cien-
cias sociales posteriores, tuvo un
importante impacto en las ciencias
sociales, varias décadas después.
Es posible que haya sido la obra de
Keynes la primera en identificar que
las representaciones situacionales,
un concepto que adquirió fuerza en
la sociología, la criminología y la an-
tropología posteriores a Keynes, son
determinantes en el diagnóstico de
las políticas, y no solo valores ente-
ramente materiales (como la plusvalía
o la eficiencia administrativa, inclu-
so microeconómica) o enteramente
idealistas (como el evolucionismo, la