
ENCUENTS
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Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
N° 26 Enero – Abril (2026). PP: 223-237
ARTICULO
cación pues allí ella se expresa para
existir colectivamente. Por tanto, ella
no existe detrás de la comunicación
ni delante de ella: ella misma es la
comunicación. Esta idea, muy impor-
tante en la obra de autores como Jur-
sentido común en buena parte de la
literatura contemporánea sobre cul-
tura, funciona como en el misterio de
la Trinidad: Espacio, comunicación y
cultura son tres cosas y una al mis-
mo tiempo. Equivale a decir que la
identidad son los discursos que indi-
can la existencia de la identidad, que
las emociones son sus expresiones,
y que la materia en que todo ello se
observa es el espacio (lugar, cuerpo,
gesto, entorno, etc.). Es un giro, sin
existe si no es empíricamente demos-
trable, y su evidencia, por tanto, es su
Desde la óptica del pensamiento
etnográfico, del trabajador social, del
semiólogo, del analista y del simple
observador, esta idea es tremenda-
mente útil: No predispone la idea de
que lo que se evidencia esconde un
mundo paralelo, como la teoría, o la
ideología, o la moral, sin pruebas feha-
cientes de su existencia. Con esto se
desarman las fuertes influencias que
han tenido las grandes ideologías en
materia de intervención y se desplaza
el debate a la naturaleza de las cosas
tal cual, esto es, tal cual se observan.
y, de ser posible, medible.
es metafísica o hipótesis al margen
del mundo conocido, como tantas ve-
ces ha denunciado la Teoría General
-
prensiva en el eidos y el ethos huma-
no: reúne su comprensión inteligente
y emocional, y de esa manera, tiene
la virtud de entender enteramente el
concepto de la cultura.
Esta idea de cultura ha acompa-
ñado a la acción social desde tiempos
inmemoriales, por lo que no es un des-
cubrimiento sino un redescubrimiento
que recoloca en su sitio esencial a las
ciencias después de milenios de sabi-
duría: Es visible en el budismo Zen, en
las ideas de San Francisco, en las de
San Agustín, o en las de Spinoza. Un
midrash jasídico lo explica así:
“Nos dice aquí la Torá que hay que
“introducir” a Di-s no sólo en el “cie-
lo”- en la vida del alma, y no sólo “en
la Tierra”- en el cuerpo material, sino
también en el espacio del mundo- en
todos los actos y emprendimientos
del hombre. Todo debe estar al ser-
vicio y ser un medio para la Santidad
Divina, y debe servir para preparar al
mundo entero, en todos sus compo-
nentes, a ser un recipiente para la re-
velación de la verdad Divina absoluta”
(Rebe de Lubavitch, 2025)
Tal idea nos obliga a ver integral-
mente los procesos humanos, esto
es, no solo desde los marco teóri-
co-conceptuales, sino también en la
experiencia a la que se refieren las ex-
periencias e, incluso, en los espacios
donde se expresa la acción humana
que en ese momento no se observa.
punto de vista, es la idea de que todo
tiene unidad, integralidad y propósito.
En cierto sentido, este debate coin-
cide con el debate postmoderno de
Ediciones Cátedra., pues ambos
aprecian que no existen teorías omni-
comprensivas, ni relatos plenamente
explicadores, sino una realidad que
vivir, y las teorías, por tanto, son solo
herramientas para la aproximación a
esa realidad.
Así, la cultura es un plano sustan-
tivo que da sentido a la acción que la
representa. Es una metáfora que per-
mite que algo sea una y dos cosas a
la vez, como sucede en el mundo real,
desde el simbolismo hasta la cuántica.
“Al proponer que la comunicación no
es la cultura sino una metáfora de ella,
entendemos que la cultura necesita
convivir entre representaciones co-
lectivas que constituyen su vida real
y objetiva, allí donde es posible hablar
de ella y comprenderla y, al mismo
tiempo que ella se desdobla como