
Sayuris Martínez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
ENCUENTS
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ARTICULO
son neutrales, sino producto de una
región marcada por las diferenciacio-
nes sociales, donde niñas y mujeres
deben asumir roles domésticos des-
de temprana edad, interfiriendo en su
continuidad escolar y en el desarrollo
de su autonomía.
Esto corresponde a un tipo de
violencia cultural, intracomunitaria e
interseccional, con repercusión so-
bre la vida y salud de las comunida-
des indígenas. Ahora bien, la condi-
ción fronteriza de La Guajira añade
un elemento complejo, como lo es
la movilidad e intercambio diario en-
tre Colombia y Venezuela. Los flujos
migratorios binacionales, producto de
la crisis venezolana, ha incrementa-
do nuevas dinámicas de informalidad
económica y de nuevas vulnerabilida-
des sociales para niñas y mujeres. En
este escenario, población femenina
Wayuu es desplazada de Venezuela
hacia Colombia, enfrentando riesgos
mayores, como la violencia sexual en
la frontera, que se constituye en un
espacio liminal donde se desvanece
la protección del Estado y la legalidad
del sistema.
Según el Ministerio de Salud de
-
nezolanas agrava la situación de la
violencia de género, puesto que au-
mentan los índices de vulnerabilidad.
de casos en el Departamento de La
Guajira, involucrando a población fe-
menina migrante. Esta situación ha
disparado la violencia sexual, los con-
troles territoriales y la discriminación
de mujeres indígenas Wayuu, limitan-
do su acceso a la salud y la educa-
ción. Otra realidad radica en el acoso
escolar que sufren niñas y adolescen-
tes Wayuu, producto del desconoci-
miento o distanciamiento con rituales
culturales llevados a cabo en la pu-
bertad como el encierro (majayüt), lo
cual genera burlas y exclusión.
El surgimiento de nuevas modali-
dades de economía informal, produc-
to de la migración, suscita la presencia
de actores armados y de redes ilícitas
en el Departamento de La Guajira,
aumentando el riesgo de la violencia
de género. De esta manera, el cuer-
po femenino se convierte en medio
de intercambio, coerción y control
en territorios que, por su naturaleza,
deben ser sinónimos de interculturali-
dad y de garantía en el cumplimiento
de los derechos sociales. Este tipo de
violencia afecta la continuidad y per-
manencia de niñas y adolescentes en
los espacios escolares.
En otro orden de ideas, las mujeres
afrodescendientes también padecen
esta violencia en Colombia. Según el
como el Pacífico, la presencia del Es-
tado es limitado y la violencia contra
esta población de mujeres es contun-
dente. En el caso de ciudades, como
Bogotá, el racismo se intensifica y
las violencias se configura en entra-
mados físicos, psicológicos, sexua-
les, simbólicos y económicos. Si bien
podría considerarse que la violencia
sexual ocurre en el ámbito privado, la
violencia simbólica y psicológica es
constante en el espacio público, evi-
denciado como desprecio, insultos y
agresiones verbales permanentes.
En lo tocante a la violencia sobre
mujeres migrantes, estas sufren ries-
gos derivados de estereotipos sexua-
les, de lógicas patriarcales, de la cul-
tura machista y de la falta de acceso
a los órganos de justicia. Asimismo,
padecen dificultades a la hora de ac-
ceder empleos y a crecer personal y
profesionalmente, como forma de co-
locar trabas y generar desprotección
estatal. Las mujeres que llegan o salen
de Colombia mediante la migración y
que toman vías irregulares, indican
que sus viajes se vieron marcados por
la extorsión, el acoso, el contrabando
y la corrupción institucional. Esta rea-
lidad, aunque ampliamente conocida,
ha sido poco denunciada por las mi-
grantes, quienes temen al estigma, la
deportación o la pérdida del trabajo.
Dichos riesgos, reafirman lo propues-
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ción de la violencia, donde los flujos