
Joan Tahull Fort
Inteligencia humanística ante la transformación digital:...
ENCUENTS
ARTICULO
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sociales, tecnológicas, políticas y éti-
cas. El estudio ha mostrado, en primer
lugar, que la individualización de las
trayectorias amplía la autonomía, pero
también incrementa las exigencias de
elección y autoconstrucción. Cuando
este proceso coincide con la erosión
de los espacios comunitarios, puede
debilitar la pertenencia, la confianza y
las mediaciones que permiten canali-
zar el desacuerdo. La polarización no
se explica por la diversidad de posi-
ciones, sino por la dificultad para re-
conocer al adversario como interlocu-
tor dentro de un mundo compartido.
La digitalización puede reforzar
estas tendencias, aunque no es su
única causa. Al reorganizar la aten-
ción, la circulación de información
y las relaciones, modifica las condi-
ciones en las que se construyen el
conocimiento y la convivencia. La in-
teligencia artificial añade una nueva
dimensión al intervenir en procesos
de análisis, producción de contenidos
y toma de decisiones. Su principal
desafío no reside solo en la automati-
zación de tareas, sino en el riesgo de
extender la racionalidad instrumental
a ámbitos donde la eficiencia no bas-
ta para justificar los fines, ponderar
valores en conflicto ni atribuir respon-
sabilidades. La soledad no deseada
y la crisis de sentido revelan, por su
parte, que el malestar no puede re-
ducirse a una experiencia privada.
Esta vivencia debe comprenderse
en la intersección entre percepción
subjetiva, calidad de los vínculos y
condiciones de integración social. De
manera análoga, el sentido requiere
orientación personal, pero se elabora
en diálogo con horizontes culturales,
relatos biográficos e instituciones que
sostienen las capacidades humanas.
Reconocer estas dimensiones no res-
ta importancia a la atención clínica
ni convierte todo sufrimiento en una
crisis existencial; evita atribuir exclu-
sivamente al individuo crisis cuyas
condiciones son también sociales.
Ante este diagnóstico, la aportación
de las humanidades puede sintetizar-
se en tres funciones: interpretar sig-
nificados, contextualizar problemas y
deliberar sobre fines. No sustituyen el
conocimiento científico, la atención
clínica ni los procedimientos demo-
cráticos, ni poseen el monopolio de la
reflexión ética. Aportan, sin embargo,
memoria histórica, análisis concep-
tual, imaginación narrativa y prácti-
cas de argumentación que permiten
relacionar saberes especializados y
someter sus aplicaciones a examen
público. Su relevancia no reside en
ofrecer respuestas cerradas, sino en
ampliar las condiciones culturales del
juicio y la deliberación.
La inteligencia humanística no se
presenta como una alternativa exclu-
yente a la inteligencia artificial, sino
como un conjunto de capacidades y
prácticas cultivadas colectivamente:
interpretación, prudencia, imagina-
ción y deliberación. Su ejercicio re-
quiere educación, pero también ins-
tituciones que delimiten qué puede
delegarse, hagan comprensibles e
impugnables las decisiones automati-
zadas y permitan atribuir responsabi-
lidades. La cuestión no es quién deci-
de mejor en abstracto —la persona o
el algoritmo—, sino bajo qué fines, cri-
terios y mecanismos de control debe
articularse su interacción. El análisis
realizado confirma la hipótesis inicial:
las transformaciones analizadas se
comprenden mejor cuando se exa-
minan sus conexiones que cuando se
reducen a una causa común. No obs-
tante, el carácter teórico del trabajo
no permite demostrar relaciones cau-
sales o generalizar el diagnóstico sin
atender a las diferencias históricas,
culturales e institucionales. Futuras
investigaciones deberán contrastar
estas hipótesis en contextos con-
cretos y examinar empíricamente los
mecanismos propuestos. En el plano
normativo, el desarrollo tecnológico
no debe evaluarse únicamente por
su rendimiento, sino también por sus
efectos sobre la autonomía, la justicia,
la responsabilidad y el bien común. La
cuestión decisiva no es solo qué tec-