ENCUENTROS
Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico
ISSN: 2343-6131 / ISSN-e: 2610-8046
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Maracaibo, Venezuela
Ensayos
N° 09. Enero-Junio 2019
pp. 27-40
La Totalidad dominante
desde Dussel como generadora de alienación identitaria.
The dominant Totalit from Dussel as
a source of
identity
alienation
Jairo Marcos
Universidad Nacional
de Educación a Distancia Madrid, España
Resumen
El sistema-mundo construido desde la modernidad se rige por el esquema
de la ‘Totalidad’, categoría que, entendida desde Dussel como la universalización impuesta,
supone la alienación del no-Ser, la
aniquilación de los otros mundos posibles. Este artículo parte de dicha Totalidad,
en la que el sujeto (post)moderno privilegiado se erige en el criterio
último de verdad
y hace de los Otros
sus enemigos (calificándoles de ‘bárbaros’, ‘infieles’
o ‘salvajes’, una terminología actualizada bajo las etiquetas de ‘ilegales’, ‘refugiados’ o ‘terroristas’). La identidad que está en juego es ontológica, la que admite únicamente lo igual. Es la identidad
reducida a la esencia por la que pasan autores
como Hegel, Niet-
zsche, y Habermas. Pero, como defienden estos párrafos a partir de Lèvinas y Dussel, la finitud del ser humano como humano provoca que la Totalidad
no esté nunca perfectamente cerrada. La clave reside en la experiencia alterativa que posibilita la identidad positiva.
Palabras Claves: Totalidad, identidad, dominación, Otro
Abstract
The world-system constructed since Modernity is governed by the scheme of ‘Totality’, a cate-
gory that, understood from Dussel as the imposed universalization, it supposes the alienation of the non-Being, the annihilation of other possible
worlds. This article starts from the aforesaid
Totality, in which the privileged (post)modern Subject becomes the ultimate criterion
of Truth and turns the
Others into his enemies (qualifying them as ‘barbarians’, ‘infidels’ or ‘savages’, an updated termino-
logy under labels such as ‘illegals’, ‘refugees’ or ‘terrorists’). The identity that is at stake is ontolo-
gical, the one that admits only the equal. It is the identity reduced
to the essence, the one considered
by authors such as Hegel, Nietzsche and Habermas. But, as these paragraphs defend from Lèvinas and Dussel, the finitude of human being as human causes that Totality
is never perfectly
closed. The key lies in the alterative experience that enables positive
identity..
Keywords: Totality, identity, domination, Other.
Recibido:
25/10/2018 Aceptado: 10/12/2018
Introducción
Categoría clave para sumergirse en el pensamiento occidental, la ‘Tota-
lidad’ desde Dussel se condensa
en el sacrificio del Otro para
beneficio de lo Mismo,
en la negación de quienes están más allá de
mi-nuestro-mundo para defensa de la subjetividad absoluta, en la fabricación
del no-Ser para mayor gloria del Ser, en la aniquilación de otros mundos posibles para res-
paldo del único paradigma vigente.
“La totalidad del mundo es el punto
de partida; es la experiencia
primera; la que está fundando toda experiencia posterior” (Dussel
1979/1995 89). El sistema-mundo construido desde la modernidad se rige por el
esquema lógico-interpretativo de dicha ‘Totali-
dad’: lo construido por el hombre para sentirse seguro, los mimbres des- de los que explicar los fenómenos y
construir la percepción de las cosas. Como globalidad esférica
de sentido, la Totalidad
es cerrada: fuera
de ella no hay sentido
alguno, sólo el sin-sentido.
Es el
caso del antiguo cosmos griego, donde el destino está prefijado, donde la
historia es repetición y donde la máxima perfección es la con- templación. Es también la gramática moderna,
donde el sujeto pensante se erige
en el criterio último de verdad, en la razón
última de todo raciocinio,
donde el Yo1 juzga a los Otros calificándolos de ‘bárbaros’, ‘infieles’ o
‘salvajes’, una
terminología actualizada bajo las etiquetas de ‘inmigran- tes’, ‘ilegales’, ‘refugiados’ o incluso ‘terroristas’. “Lo otro (…), no tanto el objeto inanimado o la naturaleza
como el otro hombre, (…) es apenas un ejemplar reductible
a la noción general, a la totalidad”
(Vattimo 1992
76-77).
1. La diferencia
interna
La asunción
acrítica del sistema
vigente priva a la filosofía
de cualquier punto de apoyo exterior, con la consiguiente divinización de la Totalidad y el sacrificio2 de los Otros que
exige su culto. Es una lógica en la que lo
1 Este Yo mayúsculo se ha manifestado en filosofías muy diferentes
entre sí: razón discursiva soli- taria (Descartes), objeto de
instinto sentimental (psicología inglesa), término de la actividad
moral (Kant, Fichte), espíritu subjetivo (Hegel), dialéctica de la naturaleza
(Marx), invención proyectiva (Dilthey), reflexión fenomenológica (Husserl), etc. Un repaso a estos Egos
filosóficos puede leer en
(Laín 1961/1968 35-207).
2“El hombre europeo,
al matar al otro, mata la epifanía
del Absoluto alterativo. (…) Cuando el ‘centro’
reconozca su falta (…), cuando se produzca
el reconocimiento del Otro, solo entonces surgirá la posi-
bilidad de la revelación del Absoluto alterativo, [que] (…) será el punto de apoyo de la crítica que se
Mismo originario se
diferencia solo internamente, en la diaforein
griega, en la differentia latina, en la Unterschied alemana. El mundo
totalizante se cierra
protegido por su propia Mismidad. No hay cabida para otros mun- dos, para la diversidad, para la novedad radical. Apenas existe diferencia interna (ver la Figura
1), entre un lo Mismo
y un lo otro, que no es el Otro
plural de la exterioridad y por eso hay que escribirlo con minúscula en el primer caso y con mayúscula en el segundo.
Es lo otro diferente, en una cualidad, di-ferente, que remite a la partícula latina
dis (división o negación) y el verbo ferre (llevar con violencia, arrastrar); pero no es el Otro distinto, lo dis-tinto de la
partícula de negación dis acompañada del verbo tingere (pintar, poner pintura), que añade diversidad sin suponer la unidad
previa. Es una diferencia interna que
implica y supone la unidad: lo Mismo.
Figura
1

Lo Mismo, lo otro y
el Otro. Fuente: modificación propia,
desde (Dussel 1975
17 y 1980/1990 13).
El Otro es
negado como otro, interiorizado
como cosa, definido desde el Ser de la Totalidad, es decir, desde el Ser dominante. “Es así como, de
pronto, la ontología
se mancha de sangre. (…) Se transforma (…) en
‘ideología’ (…).
Tapa el sentido real del mundo
y, a la vez, niega el mundo
ejerza en el nuevo sistema que se organice mundialmente”. (Dussel 1979/1995 219). En el momento de
la publicación de este libro, a finales de
los años 70, el pensamiento de Dussel aún permanecía en- cerrado en una Otredad
absoluta, a modo de salvación contrahegemónica erigida frente
a la Totalidad. Su
posterior evolución hacia el Otro plural pivota en torno a la fundamentación de
la ética desde un principio material que sustituye la hipótesis de una
económica trascendental.
‘del Otro’. Es decir: una pequeña
porción de los mundos posibles
se arroga el derecho de ser ‘el
mundo’” (Dussel 1975 126).
Convertida
en ideología, “la ontología termina así por afirmar que el ser, lo divino, lo político y lo eterno son
‘una y la misma cosa’. Identidad del poder y la dominación, el centro, sobre
las colonias de otras culturas, sobre los esclavos
de otras razas. El centro es; la periferia no es. El ser
es” (Dussel 1977/2014 27)3. El sistema-mundo se hace realidad
en ese uno que engloba todo lo
que habita en el mundo. La identidad como fun-
damento, el Ser como lo idéntico a sí mismo, la Totalidad como lo que engloba la
realidad, el Ego cogito como la única substancia sobre la que cabalga la filosofía. “El Yo es idéntico hasta en sus alteraciones. (…) La
identidad universal en la que lo heterogéneo puede ser abarcado tiene el
esqueleto del sujeto, de la primera persona.
Pensamiento universal, es un
‘yo pienso’”
(Lèvinas 1961/2002 60).
La modernidad
nace con la noción de ‘identidad’
como subjetividad universal entre sus brazos4. Y prolongándose en la post-modernidad, se refuerza esa identidad “sobre el fundamento de la exclusión.
Solo pue- den quedar englobados pertinentemente los idénticos, los que portan
en sí ciertos requisitos esenciales. (…) El espacio delimitado por la identidad es concebido como un espacio
homogéneo, donde las partes son iguales entre sí al punto que se hacen
perfectamente prescindibles. (…) Lo idén- tico se afirma y adquiere seguridad
al cercar o exterminar lo alterativo” (Cerutti
1996 28-29). El Mismo que
se autoafirma como absoluto no puede
entablar una relación con el Otro plural sin privarlo inmediatamente de su alteridad. No
hay relación, sino dominación alienante.
La Totalidad es lo Mismo (to autó,
das Selbe, le Même),
manteniendo una mayúscula que permite evoluciones pero no cambios radicales. Es
el ejemplo de la semilla y la flor,
que permanecen idénticas pese a su dife- rente despliegue: la semilla crece y
se hace árbol, el árbol germina y se hace flor; pero la flor ya estaba en potencia
en la semilla. El discurso
de
3Amparados por esta lógica es como articularon algunas culturas
clásicas helenístico-romanas los intereses de las clases dominantes esclavistas, justificando su dominación desde el horizonte
del ser mismo. Y así
es como se llega a la afirmación aristotélica de que el esclavo es
por naturaleza esclavo: “Por
naturaleza están definidos la mujer y
el esclavo” (Aristóteles ca. 330 a.e.c./2007 46).
4“La preocupación por la identidad no es, obviamente, nueva.
Hasta podemos decir que la Moderni- dad nace de ella y con ella. El primer
nombre moderno de la identidad es la subjetividad. El colapso de la cosmovisión teocrática medieval trajo consigo
la cuestión de la autoría
del mundo y el individuo constituyó la primera respuesta. El humanismo renacentista es el primer
afloramiento de la individua-
lidad como subjetividad” (Santos 1994/1999 120) [Traducciones del autor].
la Totalidad es en realidad
un monólogo, un irse moviendo
a través de sus
supuestos, que acaban convertidos en argumentos
antes de ser teoremas científicos y,
en última instancia, conclusión cierta e incorregible… hasta ser falseados
por supuestos que alcanzan nuevamente la categoría axioma. Es la verborrea de una parte
del mundo, que se constituye en el mundo natural, al que diviniza
afirmando su eternidad.
2.
Monólogo filosófico
Esta sintaxis argumentativa
entre lo Mismo y lo otro es una constante en la Filosofía. Los presocráticos se debatieron abiertamente entre lo Mis- mo y lo otro. Es un lo otro en lo Mismo como
diferencia, no el Otro ante lo Mismo como distinto. Y reaparece en Parménides5, en Platón6, en Aristóte-
les7 y también en Plotino8. El ser es physis, aquel horizonte desde el que se
avanza; y es aídion, eterno,
desde-siempre; además de to theion, lo divino, y pan-theíon,
la totalidad divina. La modernidad repite estos mismos es- quemas: “Va intro-yectando ‘el Otro’ en ‘lo Mismo’
hasta que la totalidad,
como única substancia, imposibilita una alteridad real” (Dussel 1973 108);
sobre todo Hegel9 e incluidas
las sospechas de Marx10 y Nietzsche11. Este Uno es fundamental porque
su unidad es el todo,
es decir, lo Único,
lo que no se puede rebasar, la Totalidad.
Es el saber absoluto condensado en Hegel y por el que trascurre
una y
5“El
ser es, el no ser no es” (Heráclito, Parménides y Zenón 1983 49).
6 Uno de los opuestos platónicos fundamentales era lo Mismo versus lo otro, en una lógica en la que lo
otro de lo otro es lo Mismo, de igual forma
que lo Mismo de lo Mismo es lo Mismo.
Y es que, para Pla-
tón, la Unidad es el ámbito último de su filosofar; lo Uno es aplicable a todo, lo que trasciende todo, la
Idea suprema
irrebasable, incluso para la pluralidad, entendida como lo otro de lo Uno. La exterioridad
era impensable para Platón, quien reflexiona acerca de un mundo “capaz por su propia excelencia de
convivir
consigo mismo, sin necesitar de ningún otro” (Platón ca. 360 a.e.c./2010 209).
En el diálogo
entre Sócrates, Parménides, Zenón, Aristóteles y Pitidoro, el primero interpela al segundo como sigue:
“Pues tú, en tu poema, afirmas
que el Todo es uno y nos ofreces
hermosas pruebas de ello; y él, por
su parte, dice que lo múltiple
no existe y presenta en tal sentido
muchas y muy estimables pruebas”
(Platón
ca. 360 a.e.c./1971 45).
7
“El alma es, en cierta medida, todos los entes” (Aristóteles ca. 330
a.e.c./1988 241).
8
“El ser es en toda su plenitud cuando asume la forma de pensar y de vivir. Luego
en el Ente existen
juntos
el pensar, el vivir y el ser. Luego si es Ente, sería además
Inteligencia, y si es Inteligencia, será
además
Ente, y así el pensar existirá junto con el ser” (Plotino ca. 270 e.c./1998
129).
9 Hegel parte de la unidad de la dialéctica mismo-otro y, de ahí, el Mitsein heideggeriano se corres-
ponde con quien soy en mi-nuestro-mundo, una forma de solipsismo neutro ontológico, pero no una
relación
con el Otro exterior. (Ver Hegel 1807/1973).
10 El proletariado en Marx (y en Engels)
aparece más desde
su negatividad (económica) que desde la
afirmación de su exterioridad. Dicho proletariado es
la ‘clase universal’ por su
negatividad dialéctica.
No se corresponde por tanto con la exterioridad dusseliana, que la incluye pero va más allá. (Ver Marx
1848/2005).
11 “Poseemos ya (…) la ‘enseñanza de los Misterios
de la Tragedia’: la concepción universal
del
monismo
universal” (Nietzsche 1872/1969 68).
otra vez el pensamiento eurocéntrico, hasta las correcciones postmodernas de Apel (ver 1987/1991), cuya ética del discurso traslada
el solipsismo del Yo a la fortaleza
igualmente aislada del Nosotros12 que argumenta
con- sensualmente lo Mismo cual comunidad
de comunicación real ampara-
da por la proyección teórica
de una comunidad de comunicación ideal. Es la Totalidad unidimensional denunciada años antes por Marcuse
(ver
1964/2016): el hombre gobierna
desde sí y para sí, un Hombre mayúsculo concreto sin Otro, al que ha eliminado o esquilmado,
un Hombre único, principio y fin del discurso. Lo que no advierten Apel [ni Habermas
(ver
1981/1999)] es que
en su consenso no hay nada nuevo, di-ferente, ex- terior; es el eterno retorno
de lo Mismo, pero esta vez sin las cláusulas nietzscheanas (ver
Nietzsche 1872/1969), sino a través de un regreso que cuenta con el beneplácito
de la comunidad de iguales.
En su
discurso, la Filosofía se ha decantado por el
to autó¸ por lo Mis- mo, bien en su forma cosmo-lógica
(para los griegos los contrapuestos estaban siempre incluidos
en la Totalidad), bien en su forma logo-lógica
(al descartar a Dios, la Modernidad se queda sólo con el hombre), pero en
todo caso dentro del solipsismo de la Totalidad.
La Totalidad moderna es la
del solitario ego cogito personal. Su Mismidad solipsista elimina
toda posible alteridad radical;
el Otro queda incluido
neutramente en lo Mismo.
El pasaje de la
potencia al acto implica un despliegue argumental
de dirección única. El único movimiento posible de lo Mismo es su eterno retorno (Nietzsche o, a través del
consenso, Apel y Habermas), su
reitera- ción [Heidegger (ver 1927/2009)13], su sí-mismo-como-otro (Ricoeur14). Por eso la flor termina
convirtiéndose en fruto, que se hace semilla,
y la se-
12 Esta primera persona
del plural, superación del solipsismo moderno, cae en el mismo exclusivis- mo solo que ampliado. El excluido a priori sigue quedándose fuera del consenso
real, al igual que sucedía con el otrora ‘esclavo por naturaleza
esclavo’ aristotélico, lo que pone en cuestión el acuerdo alcanzado.
13 Lèvinas hace esta implacable lectura de la reificación heideggeriana de lo Mismo: “En Heidegger,
(…) la libertad surge a partir de una obediencia al ser: no es el hombre el que sostiene
la libertad, es la libertad la que sostiene al hombre.
(…) La dialéctica que concilia así la libertad y la obediencia en el concepto
de ‘verdad’ supone
la primacía del Mismo, a la que lleva toda la filosofía occidental y por la
cual se define. (…) No es pues una relación con lo otro como tal, sino la reducción de lo otro al
Mismo. ‘Yo pienso’ se convierte en ‘yo puedo’,
en una apropiación de lo que es, en una explotación de la realidad. La ontología, como filosofía primera,
es una filosofía de la potencia. (…) La posesión
es la forma por excelencia bajo la cual el otro llega a ser el Mismo
llegando a ser mío. (…) Filosofía del poder, la ontología, como filosofía primera
que no cuestiona el Mismo,
es una filosofía de la injusticia”
(Lèvinas 1961/2002 69-70).
14 “Lo Otro no es solo la contrapartida de lo Mismo,
sino que pertenece a la constitución íntima de su sentido” (Ricoeur 1990/1996 365).
El filósofo francés
se centra en otro dentro-de-sí, en un yo ubicado
en el interior de la Unidad, en una “modalidad de la alteridad, el ser-conminado en cuanto estructura de la
ipseidad” (Ricoeur 1990/1996 396).
milla vuelve a comenzar
el ciclo. En realidad, no hay pasado ni futuro sino
el eterno devenir de lo Mismo. Esta repetición será la fuente de la domina-
ción15, por la que, en el plano práctico, el Hombre europeo se autoafirma
primero con la Conquista de Abya Yala: ego
conquiro. En el plano
teórico, la sintaxis se conjuga en diferentes fórmulas,
como las del homo homini lupus [“el hombre es un lobo para el hombre”,
popularizada por Hobbes (ver 1651/1980)] y la “voluntad de poder” (ver
Nietzsche 1883/2003).
La
dominación de lo Mismo sobre lo otro (flecha a de la Figura 1) es
vertical y de dirección única, de arriba a abajo; el opresor o dominador se
gobierna por sí y a partir de sí, subyugando a la otra parte de la sociedad, al Otro,
las personas dominadas. Ese Otro plural permanece afuera,
con- vertido en no-ser. Cualquier
dis-tinción le es totalmente insoportable a la Totalidad, que reprime cualquier intento en ese sentido y
por eso no hay vínculo alguno entre lo otro y el Otro. “Lo más grave es que el Otro (…)
queda reducido a ser una idea, un objeto, el sentido constituido desde un
‘yo constituyente
originario’: el Otro es identificado, cosificado, alienado en un mero cogitatum”
(Dussel 1974 211).
3. Identidad negativa
La identidad que está en juego es ontológica. Responde
a la pregun- ta por lo dado, por lo ser-sido, por lo puro que exige ser protegido. Es la identidad negativa, ontologizada, que excluye lo
dis-tinto, que admite únicamente lo igual, que solo dialoga en contextos homogéneos, que hace de los
individuos partes prescindibles de la Totalidad,
que equipara dicha Totalidad a la unidad
sin componentes, que reniega de unas exterioridades a las que aliena
cuando no extermina. Es la identidad reducida a la esencia.
“Instala a los hombres en una actitud parcial, sectaria, intolerante, domi-
nadora, a veces suicida, y los transforma a menudo en gentes que matan
o en partidarios de los que lo hacen. (…) Los que pertenecen a la misma comunidad
son ‘los nuestros’. (…) En cuanto a los otros, a los que están del otro lado de la línea, jamás intentamos ponernos en su lugar (…). Solo
cuenta el punto de vista de ‘los nuestros’” (Maalouf 1998/2010 38).
La Totalidad
tiende a totalizarse, a expandir su mundo tanto temporal
15 La raíz de ‘dominación’ radica en el sustantivo latino dominus, señor. Desde el momento
en que un alguien
se hace dueño de otro alguien, lo cosifica, lo esclaviza, reduce a la persona a mero objeto o servicio.
(eternizando su
estructura presente) como espacial (incluyendo de forma intrasistémica a toda
exterioridad posible) y epistemológicamente (repar- tiendo ignorancias entre quienes no comparten los valores
establecidos). “Lo Mismo determina
a cualquier Otro, sin que nunca lo otro determine al Mismo” (Lèvinas 1991/1993 28). La lógica
de la Totalidad es compleja
en su simplicidad: en el sistema (primer momento), el Otro (segundo mo- mento) es alienado (tercer momento). La otrificación convierte al Otro
en lo Mismo, en mera parte funcional y prescindible del sistema.
“‘El Otro’ (libre) pasa a ser otro, distinto de sí, una cosa, (…) se convierte
en oprimi- do, ‘pobre’
como categoría compleja (…), ‘el Otro’ despojado de su exte- rioridad, de su dignidad,
de sus derechos, de su libertad, y transformado
en instrumento para los fines del dominador, el señor: el ídolo, el fetiche” (Dussel 1986:258). La
dominación fuerza al Otro a
entrar en un sistema que lo aliena16.
Alguien es apropiado como nadie, el Otro plural es poseído por lo Mis- mo. Esta alienación usurpa la
dignidad de un pueblo, de un grupo o de un individuo para dársela convertida en instrumento a un poseedor
individual o colectivo. De esta forma, los hijos, las mujeres y las
periferias son alie- nados por los progenitores, los varones y el centro,
respectivamente. La dignidad del Otro
se deshumaniza para hacerla girar en torno al centro de la Totalidad. El Otro “ha sido alienado (hecho otro que
sí). La alienación del otro se presenta como momento negativo con respecto a su
dignidad intrínseca” (Dussel 1994b:122). Lo Mismo se encierra en su
solipsismo17 para reforzar su Mismidad. Se convierte en lo neutro,
desde-siempre y desde-dentro, desde la interioridad de la unidad, allí desde
donde son po- sibles los momentos diferenciales. En la (lógica de la) Totalidad no se trata de una cosificación del Otro que
viene desde afuera (alienación sólo posible en una lógica de la alteridad), sino de una
alienación de lo otro en lo Mismo (flecha a de la Figura 1). ‘Lo Mismo’ diverge en dos polos: el dominador y el dominado.
La
alienación de los Otros y las Otras
lo funda filosóficamente la on- tología
del Norte18. Se sostiene económicamente por la financiarización
16 ‘Alienación’ deriva del latín alienus
(lo que es de otro, extraño, remoto, fuera de), término que engloba las acepciones alemanas
Enfremdung (de
Fremde, extranjero) y Entäußerung (de
außer, fuera de).
17 Solum en latín significa solitario, desierto.
18 Europa, “en nombre del Ser, del mundo humano, de la civilización, aniquila la alteridad
de otros
hombres, de otras culturas, de otras eróticas,
de otras religiones. Incorpora así a aquellos hombres
o,
de otra manera, despliega violentamente las fronteras de su
mundo hasta incluir a otros pueblos en su
global de la economía19; políticamente se produce con el imperialismo20; lo ampara el patriarcado21; se mantiene
bajo el paradigma del trabajo22; y se impone igualmente a través de la adoración
a una religiosidad cerrada23. “El proyecto
del sistema imperante se impone a todos, unívocamente. (…) Por todos los poros. Quien resiste se lo secuestra, encarcela, tortura, expul- sa, mata” (Dussel 1977/2014:94).
Esta variedad en
las formas de otrificación es estudiada por voces crí- ticas cercanas al giro
decolonial, que bajo el rótulo de ‘colonialidad del ser’24 se refieren
a la dimensión ontológica que deshumaniza a parte del mundo
bajo ejes de poder que afectan “no sólo (…) a quienes
son inferio- rizados, deshumanizados, sino también a quienes se imaginan a sí mismos como superiores y encarnando el paradigma de la humanidad” (Restrepo y Rojas 2010 158). Santos (ver 2010 22-24 y 2005
160-162) ofrece una tipología quíntuple de producción de ausencias: la lógica
del saber exclu- yente, que fabrica no-seres ignorantes a través de la ciencia
y la cultura hegemónicas; la lógica del tiempo lineal, que fabrica no-seres
retrasados a través de su progreso, su modernización y su desarrollo; la
lógica de la clasificación social, que fabrica no-seres inferiores a través de
la natura- lización de las diferencias (sexuales y raciales, principalmente);
la lógica de la escala dominante, que fabrica no-seres locales a través de la
entro- nización de lo universal y lo global; y la lógica productivista, que
fabrica no-seres improductivos a través del paradigma del trabajo.
ámbito
controlado” (Dussel 1977/2014 95).
19 “Esta globalización es la de un sistema formal performativo (el
valor que se valoriza, el dinero que
produce dinero: (…) fetichismo
del capital) que se levanta como criterio de verdad, validez y facti-
bilidad, y destruye la vida humana, pisotea la dignidad de millones de seres humanos,
no reconoce la
igualdad y mucho menos
se afirma como re-sponsable de la alteridad de los excluidos, y acepta solo la
hipócrita exigencia
jurídica en cuanto a cumplir
con el deber de pagar una deuda internacional (ficti-
cia) de las naciones
periféricas pobres, aunque parezca el pueblo deudor (…). Es un asesinato
masivo;
es
el comienzo de un suicidio colectivo” (Dussel 1998/2009 567-568).
20 Dussel reescribe el encubrimiento de América el siguiente modo: “La ‘Conquista’ es un proce-
so militar, práctico,
violento, que incluye
dialécticamente al Otro como ‘lo Mismo’. El Otro, en su
distinción, es negado como Otro y es obligado,
subsumido, alienado, a incorporarse a la Totalidad
dominadora como cosa, como instrumento, como oprimido, como ‘encomendado’, como ‘asalariado’”
(Dussel
1994a 41).
21 “En el capitalismo, la responsabilidad de sostener la vida se privatiza y se feminiza” (Pérez-Orozco
2014
176).
22 Friedrich
Nietzsche ya advertía
que lo Otro que el trabajo (el ocio, el esparcimiento) es penetrado
por
aquél, por su escala de valores (ver Nietzsche 1878/2001).
23 “Si la Iglesia
continúa pensando la fe como un depósito
de verdades más ciertas que las que asegura
la ciencia,
por ejemplo, terminará
fatalmente por sucumbir. (…) Hablar de un Dios kenótico, o ‘relati-
vista’, significa tomar en consideración que la época
de la Biblia como depósito
de ‘saber’ verdadero,
garantizado por la autoridad
divina ha pasado por completo,
y que esto no es un mal al cual intentar
adaptarse en espera de poder combatirlo con mayor decisión,
sino que formar parte de la propia histo-
ria
de la salvación” (Vattimo 2009/2010
69).
24
Concepto acuñado por Maldonado-Torres
(ver 2007 127-167).
4. Distinción externa
La diferencia interna de la Totalidad
agota las posibilidades de lo di-fe- rente. La post-modernidad (trazado
a de la Figura 2) aparece como la úl- tima etapa de la modernidad, en la
frontera donde termina su Totalidad.
Ese más allá le correspondería a una exterioridad negada y excluida
por la expansión moderna de la Europa hegemónica y su razón. Pero dicha
post-modernidad con frecuencia se conforma con la diferencia interna de lo Mismo:
“La multiplicidad es (…) la única posibilidad de supervivencia para la
humanidad (…). No debemos olvidar nunca que el orden implica una multiplicidad
que mantiene sus diferencias internas, y algunas veces también sus conflictos, tratando
sólo de establecer un grupo de reglas a
fin de evitar la violencia” (Vattimo 2006 27). En el sistema,
el Otro queda
incluido (flecha b) en lo Mismo como lo otro, por mucho que lo
interpele activamente (flecha c), que aprehenda lo positivo de la propia
modernidad (experiencia d). La afirmación del Otro en su exterioridad (proyección e)
no es posible, no tiene cabida en la Totalidad. La construcción las trans-
formaciones liberadoras (anhelo
f) como síntesis
de los momentos c, d y e no se produce en la modernidad,
tampoco en la post-modernidad, sino en la trans-modernidad.
Figura 2

Totalidad del sistema
moderno y su negación de la exterioridad. Fuente: Dussel
(2001
405).
La
exterioridad del Otro queda como un imposible sin-sentido. El Otro
plural es asimilado
como lo otro, como mediación, como instrumento. El Otro es incluido
en mi-nuestro-mundo como sujeto objetado,
como el Mit- sein y la libertad heideggerianos.
Lo otro que se rebela ante la injusticia pasa a ser un peligro
para la Totalidad, una
exigencia de (volver a) ser que hay que eliminar. “Se trata de una situación ‘ellos o nosotros’, (…) la destrucción del ‘ellos’ es indis-
pensable para ‘nuestra’ supervivencia y (…) matarlos es la conditio sine qua
non para que ‘nosotros’ sigamos
con vida” (Bauman
2000/2015 207). El impulso de
lo Mismo por protegerse en el refugio de la uniformidad universal no es
nuevo, pero lo más grave en el ámbito teórico de esta on- tología de la Totalidad no es que la sociedad sea un
producto irracional, sino que “no tenga ‘oposición’ y que haya orquestado toda forma de con-
trol para que una tal ‘oposición’ no pueda nunca jamás ya presentarse (al menos
ése es su ideal). (…) Se niega
el pensar crítico”
(Dussel 1973 117).
Consideraciones
finales: Identidad positiva
Pero la temporalidad, la finitud del ser humano
como humano, provoca que la Totalidad no esté nunca totalmente totalizada. Es por
obligación finita o, en términos baumianos, fluyente, líquida. “La volatilidad
de las identidades (…) es el desafío
que deben enfrentar
los residentes de la Mo- dernidad líquida” (Bauman 2000/2015
189). Pensar desde las periferias implica precisamente combar aquella identidad negativa,
ontologizada, hacia una identidad positiva, histórica, que responde a la
pregunta por el proceso, por el ser-siendo
(y no por lo ser-sido), por el
contexto que debe ser aprehendido.
“Estas articulaciones con las instancias de la temporalidad (no tan simples
como pasado, presente y futuro, aunque sean éstas las formas primarias para combinar)
permiten advertir desde el inicio que la identidad (como proceso en curso) no
es solo pasado (sido), sino también y de modo eminente presente y futuro
(siendo) (…). En este contexto, la interioridad a la que alude la identidad
está constituida por heterogeneidades, las cuales no significan demérito,
sino riqueza y potencia-
lidades del todo aludido por la noción. Es un todo o una unidad con diferencias
en su seno, a las cuales reconoce y admite como algo valioso y no pasible de
ser reducido a un común denominador. (…) El elemento definitorio de esta noción de
‘identidad’ no es la exclusión,
sino la integración (…) en un todo que es (…)
mucho más que la suma de las partes y que se mantiene irreductible, a su vez, a
ellas tomadas aisladamente” (Cerutti 1966 21-22)25.
A diferencia de la identidad negativa, esta identidad positiva es im-
25
Nótese el empleo de la minúscula a la hora de referirse a ese ‘todo’ y a esa ‘unidad’ heterogéneos.
pensable sin la
experiencia de la alteridad, pues se forma como identidad desde el Otro plural, en un paradigma
teórico-práctico consciente de la di- versidad y que abre la totalidad
(ya en minúscula) a un más allá de la suma
de sus subjetividades y a un más acá de cualquier perfección proyectada.
La clave
reside en la experiencia alterativa que posibilita esta identidad
positiva. Tal es así, que las clásicas preguntas ‘¿quién soy yo?’
y ‘¿quiénes somos nosotros?’ dejan de ser los ejes sobre los que pivota
el pensamiento, cediendo
protagonismo a interrogantes antropológico-éticos por la alteri- dad plural fuera de mi-nuestro-mundo: ‘¿quién eres
tú?’, ‘¿quiénes sois vosotros?’ y, más transformador aún, ‘¿quiénes son los Otros
y las Otras?’,
‘¿quiénes somos
nos-Otras, las víctimas?’. “El pensamiento comienza
jus- tamente cuando la conciencia (…) concibe la exterioridad más allá
de su naturaleza viviente en la que está encerrada; cuando se convierte al mismo tiempo en conciencia de sí y en conciencia de la exterioridad que rebasa su naturaleza. El pensamiento establece una relación con una exterioridad no asumida. Como pensante, el hombre es aquél para quien existe
el mundo exterior” (Lèvinas 1991/1993 28-29).
Así planteado, el pensamiento nace de una condición antropológi- co-ética, de la posibilidad
de concebir una exterioridad a la Totalidad
de mi-nuestro-mundo. Se resquebraja la Totalidad
como lo que explica la rea-
lidad, se debilita la identidad como fundamento, se tambalea el Ego cogito como la única substancia sobre la que cabalga la filosofía. “La totalidad se constituye gracias al otro como
tercero” (Lèvinas 1991/1993 41), afirma Lèvinas, todavía sin atreverse a reconocer en ese Otro
plural no ya un ter- cero entre el yo y el tú, sino el a
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