ENCUENTROS
Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico
ISSN: 2343-6131 / ISSN-e: 2610-8046
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Maracaibo, Venezuela
Artículos
N° 09. Enero-Junio 2019
pp. 69-78
Políticas culturales de
base comunitaria. Una mirada
psicosociocomunitaria.
Community-based Community
Policies
from
a Psychosocial perspective.
Carla Belén Zambrano Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)
Mendoza,
Argentina
Resumen
En contextos políticos como los actuales, que modifican constantemente los ámbitos sociales
y de bienestar, es pertinente buscar alternativas de realización de proyectos y transformaciones comunita-
rias que puedan sostenerse desde sus mismos actores y que además tengan impacto
positivo directo en la comunidad. Es decir, que la comunidad, su cultura, recursos
y saberes se pueden enaltecer para apropiarse de su protagonismo en la búsqueda
de soluciones y más aún cuando los Estados fallan, las ONGs no llegan
o las organizaciones privadas
no se interesan. Es por ello,
que en este artículo se plasma
una alternativa para abordar lo previamente mencionado, y lo hace desde el reconocimiento
de componentes necesarios para la creación
de políticas culturales de base comunitaria. .
Palabras Claves: Comunidad; Cultura; Psicología Social Comunitaria, Política
Pública
Abstract
In political contexts such as the current
ones, which constantly modify the social
and wellbeing am-
bits, it is pertinent to look for alternatives to carry out projects and community transformations that can be sustained
by their own actors and that also have a direct positive
impact on the community. Meaning that the community, its culture, resources
and knowledge can be enhanced
to take over their protagonism in the search for solutions and even more when governments fail, NGOs do not
arrive, or private organizations are not interested. That is why this article reflects an alternative to address the previously mentioned
matter, and does so from the recognition of necessary components for the creation of community-based cultural
policies.
Keywords: Community, Culture,
Social Community Psychology, Public Policy.
Recibido:
26/09/2018 Aceptado: 01/11/2018
Consideración inicial
Sin duda las construcciones de políticas culturales (PC) se
las puede pensar y crear desde
distintas perspectivas. Sin embargo, en
este trabajo como su nombre lo indica, primero se pone como base la comunidad, es decir que se busca promover transformaciones desde y para la comunidad. Segundo se trabaja con la
mirada psicosociocomunitaria, considerada por su integralidad y coherencia, ya que propone
un abordaje integral
de la co- munidad y sus problemáticas desde su realidad, con sus
particularidades, contexto y vinculando a sus
miembros, para una búsqueda real de bienes- tar socio-comunitario.
“El bienestar
socio-comunitario constituye un bien por el cual necesitamos reu- nir esfuerzos
para que, a pesar de las condiciones socio-económicas de América Latina, se pueda tener, en base a los saberes históricos y los
recursos humanos, un ´buen vivir´ en las comunidades” (Castellá
Sarriera,2015:57)
Entonces, para pensar y crear
PC, lo primero a realizar es conocer la comunidad, sin dejar de lado su cultura ni los elementos
que la componen. Al hablar de comunidad, uno de los conceptos que más
engloba el cuerpo interno y externo,
los fenómenos, sentidos, procesos y la fluidez de la mis- ma
es el que propone Montero.
“Es un grupo en constante transformación y evolución (su tamaño puede variar), que en su
interrelación genera un sentido de pertenencia e identidad social, tomando sus
integrantes con- ciencia de sí como grupo, y fortaleciéndose como unidad y
potencialidad social.” (2004:100).
La autora citada señala, entre otros componentes: la capacidad
de re- siliencia que tiene una comunidad, su
posibilidad de transformación, y el
sentido de pertenencia; estos tres elementos son importantes y tienen que ser
potencializados comunitariamente para que como proponen (Elvas y Moniz, 2010)
se entablen vínculos más seguros y
protectores, incremente el arraigo y exista mayor vinculación y preocupación
comunitaria.
En la misma línea de la valoración de los miembros de la
comunidad, es pertinente dar espacios y aperturas de escucha, pero no solo
desde lo colectivo ya que “valorizando las experiencias individuales, estamos reco- nociendo
la contribución de cada persona y reforzando la autoestima de los que comparten sus experiencias” (Barreto,2015:60). Esto
posibilita escuchar, ver, sentir y entender
qué es lo que necesita
la persona y el grupo
más allá de lo que se cree desde
“afuera” que necesita.
Como resultado de las acciones
de cercanía, se genera más vinculación
y apropiación personal lo que conlleva entre
otras cosas a tener motivación para construcciones colectivas
y transformaciones, “ahí radica la gran ta- rea humanista e histórica de los
oprimidos: liberarse a sí mismos y liberar a los opresores” (Freire, 1994: 2).
Como consecuencia de pensar en pro- mover estos elementos, las PC tendrán
más posibilidad de ser sostenidas y resistir a cambios
políticos o económicos ya que le sentido de pertenencia
y la cohesión comunitaria estarán fortalecidas. “El sentido de pertenencia a sus comunidades, sus creencias y conocimientos y sus vínculos
afectivos familiares, comunitarios son
la garantía de las posibilidades
de cambio y de justicia social para conseguir mejores
niveles de bienestar
multidimen- sional” (Castellá Sarriera,2015:76)
Bajo el mismo sentido de comprensión del concepto de comunidad,
es importante entender que en su interior,
está presente la interculturalidad que “asume el diálogo, la mezcla,
el gozarse y vivenciar todas las cultu-
ras.” (Rincón,2018:5). Se la toma en cuenta porque, permite la apertura a otras
miradas que puedan aportar con distintas perspectivas a la construc- ción de esa comunidad
que definitivamente “no es un todo homogéneo,
y existe diversidad en su interior” (Barreto,2015:141).
Es así que considerar la pluralidad interna de la comunidad
implica también mirar las conjugaciones de lo verbal con lo no verbal, las
prác- ticas más ancestrales, simbólicas o espirituales fusionadas con los actos
más prácticos del día a día o las soluciones inmediatas. Es por esto que la
comprensión de la interculturalidad permite
entender el contexto
de mane- ra más acertada, mirar las distintas
herencias culturales que influyen en los
sujetos y por consecuente en sus interacciones y construcciones colectivas con su influencia en los
fenómenos sociales. Por ende, al tener presente esta característica (interculturalidad) las propuestas de PC serán
acordes a la realidad donde
serán implementadas.
“Al analizar los contextos
se identifican también las posibles fuentes de dis- cordancia. (...) características
particulares de cada ambiente (natural o social, y específicos, como la clase, la familia,
la empresa, la comunidad), harán que la intervención se oriente de forma
diferenciada”. (Castellá Sarriera,2008:43)
Otro componente en torno a la comunidad, y sin el cual no puede exis- tir, es el de sus miembros. Es inconcebible pensar
una comunidad sin per- sonas,
aunque no todo grupo conforma una comunidad. Los miembros
de una comunidad como bien se menciona en párrafos previos deben estar
consencientes de su pertenencia y deben tener algo similar a otros miem- bros que los convoque
(sentido de pertenencia), más intercambios ya sean
reales o simbólicos.
Con referencia a lo anterior, se sostiene
que quienes habitan los es- pacios conocen y viven los códigos de los mismos, y son
estos sujetos quienes permitirán que las PC sean posibles
ya que deben responder a esos
códigos internos. “La práctica
cotidiana realizada en este territorio impli- ca el manejo de códigos,
símbolos, épicas y éticas que a veces sólo son comprensibles por los que allí viven.”
(Guerrero Jiménez,2018:2). Resulta oportuno que la comunidad esté
incluida en la identificación, planeación, ejecución, evaluación y
sostenimiento de las políticas culturales de base comunitaria.
Por otra parte,
si se entiende que las PC aportan
a un fenómeno, enton- ces
tiene componentes de aprendizajes, que desde la postura psicosocio-
comunitaria, se entiende
que solo es aprendizaje si es en doble sentido,
ya que quien enseña – aprende.
“Esta enseñanza y este aprendizaje tienen que partir, sin embargo, de los ‘condenados de la tierra’, de los oprimidos, de los desarrapados del mundo y de los que
con ellos realmente se solidari- cen” (Freire,
1994:2). Por lo tanto, las PC deberían
ser gestadas como una
construcción colectiva, desde la
motivación de los mismos actores
y no como una imposición externa.
Después de las consideraciones anteriores, los primeros acercamientos definitivamente marcarán
diferencias notorias en la vinculación y apropia- ción de la PC, si se suscita desde una postura
jerárquica e invasiva
o por el contrario, desde la
horizontalidad y con la apertura a aprender con el otro sobre los maravillosos
recursos culturales que se tiene. Un principio que favorece la horizontalidad y la apertura
al aprendizaje con los otros es
el siguiente: “Quien tiene problemas, tiene soluciones. El hecho que este- mos
todos vivos y que hayamos superado las dificultades, a lo largo de la vida, nos muestra que tenemos un gran bagaje de experiencias y sabiduría para lidiar
con la vida.” (Barreto,2015:60). Tener presente
la capacidad de
resiliencia y el saber popular
permite que la PC no desvalorice los conoci-
mientos que ya se tienen dentro de la comunidad.
Otro aspecto a considerar para la construcción PC, es el bienestar in- tegral, como plantea
Saforcada (2006), una de las posibles formas de lo- grar el bienestar de los pueblos
y por lo tanto de las naciones es que las políticas culturales abarquen
elementos de desarrollo no solo social sino también personal de ese grupo para que pueda ser integral
en todos los ám-
bitos. Esta postura se sustenta
con el paradigma ecológico de la psicología comunitaria. “Ser ecológico
significa también tener una actitud proactiva e interactiva con el ambiente
(...) Es buscar la armonía del hombre con la naturaleza, produciendo cultura y transformando el entorno en un lugar
con mejores condiciones de vida para todos” (Castellá Sarriera, 2008:31)
En un sentido más amplio de lo señalado, se recomienda enfática-
mente considerar el concepto del
“buen vivir” como otro sostén so- bre el cual pensar una PC de base
comunitaria. Por buen vivir o sumak kawsay, se entiende la relación armónica
de las personas con su
entorno de manera integral y holística, además propone un prin- cipio de
equidad entre toda la comunidad sin pretender beneficios individuales. Este
concepto también sostiene lo antes mencionado en este trabajo, al enfatizar el
valor de las distintas realidades y so- bre todo respetar la dignidad de las
comunidades y a cada uno de sus integrantes.
“El “buen vivir”
supone una visión holística e integradora del ser humano, in- merso en la gran
comunidad terrenal, que incluye no sólo al ser humano, sino también al aire, el agua, los suelos,
las montañas, los árboles y los animales;
es estar en profunda comunión con la Pachamama (Tierra), con las energías
del Universo”. (Boff,2009)
Una vez contextualizadas las PC respecto a lo que se entiende
por co- munidad y sus elementos, es tiempo de abordar la cultura y se parte re-
cordando a Freire, que consideraba “la cultura como el incremento que el hombre hace al mundo que no fue construido por él. La
cultura como resultado de su trabajo.
De su esfuerzo creador y recreador” (1999:117).
Si bien a la comunidad
le atraviesan culturas,
no quiere decir que ellas no
puedan modificadas, como Freire plantea, la cultura también es
resultado de las acciones de los sujetos, es el aporte de cada uno a eso que no
se le dio o se le quitó. Lo más importante es que invita a pensar que la
cultura moviliza. Complementariamente a
la postura escrita, también en este artí- culo se la percibe como un valor
fundamental de comprensión de proble- máticas, y de soluciones.
“Cuando vemos a la
cultura como un valor, como un
recurso que debe ser re- conocido, valorizado, movilizado y articulado de
manera complementaria con otros conocimientos, podemos ver que este recurso nos
permite sumar, multipli- car
nuestros potenciales de crecimiento y de resolución de nuestros problemas
sociales en la construcción de una sociedad más fraterna y más justa” (Barre-
to,2015:32)
Es así que, al percibir el valor de la cultura se pueden
implementar aportes sin pretender colonizar o negar el saber. Es más, permite nuevas perspectivas e intercambios
para de esa manera generar
condiciones de bienestar
integral.
“En el territorio la cultura es mágica porque genera encuentro y pone a la gente
del común en el centro,
se genera nuevos modos de lo público,
se inventa formas inéditas de ser ciudadanos, triunfa
la diversidad de saberes y se vivencian las prácticas de proximidad”.
(Rincón,2018:6)
En el mismo sentido Rincón propone, que “no hay una cultura,
sino habitamos culturas, diversas y plurales”. (2018:2).
La pertinencia de este argumento
recae sobre la riqueza en los matices de la pluralidad de cul- turas que
atraviesan a la persona y a un grupo. Asimismo, posiciona lo valioso de la conjugación de los elementos comunes y diferentes ya que, al recalcar la condición de habitar la
cultura, vincula a todos los miembros, tengan participación activa o
pasiva.
La participación activa,
se refiere a integrantes que están vinculados de alguna manera con acciones sin importar la medida, es decir:
pueden ser quienes proponen una actividad, quienes acompañan en la
planificación y/o gestión o quienes exclusivamente asisten. Por el contrario, los miem- bros pasivos
son las personas
que no sienten un sentido
de pertenencia en absoluto y
no participan de ninguna manera. Sin embargo,
cabe recal- car que, al ser parte de
una comunidad, las consecuencias de las acciones afectan ya sea positiva
o negativamente de igual forma
sus miembros. Por ejemplo: En
un encuentro culinario para recolectar dinero y mejorar un parque. Las
consecuencias de la mejora o no del espacio van a influir en toda la comunidad,
ya sea que sus miembros hayan participado en la
colecta activamente o no.
Como se resalta,
la participación es un elemento
a considerar, pero
ésta solo se suscita si es que existe la identidad. “La identidad es la lucha
por la afirmación de un lugar en el mundo,
uno propio, uno en el cual uno siente que pertenece”. (Rincón,2018:4). La legitimación y reconocimiento
de la pluralidad interna grupal permite que se visualice y/o se mantenga una
identidad colectiva propia pero que se siga respetando otras culturas. Por eso,
al respetar y considerar en las PC los códigos que tiene una co- munidad, sus ritos y tradiciones, los saberes populares, su orden social,
las concepciones: espirituales, políticas, educativas, de salud y
reconocer sus experiencias hereditarias y que pasan entre generaciones, se
puede lograr que se incremente el sentido de pertenencia, y también el empoderamiento
de su lugar en la sociedad más ampliada.
Es por ello que, con una identidad fuerte, habrá una mayor
participa- ción en momentos de cambios o de sostenimiento de proyectos y a su
vez la predisposición de mirar al otro integralmente, va a permitir
que también se evidencie
la no participación o la falta de vinculación de actores comu- nitarios, bien sean persona o
instituciones
“No tomar en cuenta la no participación del ciudadano afectó la formación
de un conjunto de deberes y responsabilidades hacia la comunidad, y se fortaleció
la distancia entre la formación de individuos, ya conquistada, y la formación
de ciudadanos, todavía por conquistar, pues “la ciudadanía es más que una conquis- ta individual” (Santos,2014, en
Marquez,2018:5)
........................................................................................................
Ahora bien, en función de que la PC tenga
coherencia y pertinencia en el tiempo, es importante conocer
y entender los procesos históricos de la comunida para poder comprender qué se les ha negado,
arrebatado o coartado, y desde ese lugar contribuir a la reconstrucción de su identidad y que resurja el empoderamiento, esto definitivamente es un reto.
“(…) movimientos sociales, principalmente instrumentalizados
por
políticas
culturales, asumen en la contemporaneidad el desafío de empoderar a esos
grupos, librándolos de a poco de las amarras subalternas y caminando ha- cia la
construcción de sus respectivas autonomías.” (Marquez,2018:10).
Otro factor a considerar es que las construcciones de PC sean
más vinculantes y transversales, “si se quiere promover ciudadanía entre los
productores culturales, se necesitan entornos más integrales, que ayuden a crear la “fertilidad” para que prosperen las industrias
culturales”. (Yú- dice,2018:3), acciones que puedan salir de la informalidad en
función de que tengan más oportunidades de sostenerse en caso de cambios. También
para que puedan generarse inversiones económicas al ver el potencial de dicha política, que generen impacto
y atención de miradas más lejanas que pueden ser facilitadoras y gestoras
de apoyo, que sirvan para replicarlas o tomarlas de modelos antecedentes, pero más que nada para que la comuni-
dad viva y sienta la legitimización de sus acciones a un nivel más macro.
Por último, pero no menos importante, otro elemento es el territorio. Si bien, se la palabra se la
puede usar para denotar un espacio geográfico, no necesariamente es su única
significación. Este trabajo hace referencia al
lugar físico y simbólico que es ocupado,
habitado, vivido, transformado constantemente por una comunidad. Es por esto que en función de que
la política cultural de base comunitaria haga referencia a su nombre en
el sentido de “Base Comunitaria”, es pertinente mirar y conocer la base de la comunidad, por eso se debería
considerar al territorio como “el re- sultado de las relaciones siempre
dialógica entre la cultura y su asiento geográfico. Ambos se imbrican y se influencian mutuamente.” (Guerrero Jiménez,2018:2).
Consideraciones finales
Para concluir, se deduce
que son varias
las consideraciones al pensar y gestionar políticas culturales de base
comunitaria ya que se debe trabajar bajo varios aspectos en función que las PC de
base comunitaria cumplan adecuadamente con su nombre y su objetivo desde el
bienestar integral.
A manera de síntesis de lo expuesto, bajo ninguna circunstancia se pue- de dejar de
lado a la comunidad, su historia, cultura e interculturalidad, territorio ni
tampoco a sus miembros con su participación, la identidad y el sentido de
pertenencia. Simultáneamente, no se puede olvidar los prin- cipios que enseña el buen vivir, para no caer en la colonización ni la opre- sión sino más bien promover el bienestar social
comunitario que “(…) está
relacionado al poder. Poder se refiere
a tener acceso no sólo a los recursos
materiales sino también
psicosociales, así como un sistema de
regulación social, que permita
la oportunidad y la capacidad
de alcanzar el bienestar”
(Castellá Sarriera,2015:76)
Además, se debe razonar sobre la viabilidad de acuerdo a recursos per-
sonales, económicos, temporales, estructurales para que se pueda
sostener en el tiempo y adversidades, para que se mantenga con integralidad.
Así mismo, hay que tener claro
que todo proceso
de cambio y de construcción requiere tiempo, el cual no
siempre va de acuerdo al requerido por una institución, municipio o gobierno.
Dadas las condiciones que anteceden, se puede comprender que para crear las PC, es necesario un trabajo previo de
socialización y sensibili- zación con la comunidad. Se perciben como acertadas
las gestiones que promuevan acciones culturales que sean puentes
de intercambios, para que
de esa manera se recuerden los saberes populares y se fortalezcan los ele-
mentos mencionados en este artículo. Una vez que se logre
la vinculación y aceptación
por parte de la comunidad, todo proyecto o PC podrá ser pensado, gestionado, evaluado, reestructurado y sostenido con mucha más facilidad y coherencia.
Finalmente, cabe mencionar
que la interdisciplinariedad es un elemen-
to fundamental. Si bien no se ha abordado en profundidad a este elemento en párrafos anteriores, queda claro y establecido, que no se puede dejar de lado al factor humano y menos aún
a las personas de la comunidad. Es desde esos primeros encuentros que se hace
referencia al equipo interdis- ciplinario. Comúnmente se entiende que el equipo,
son solo los actores
“oficiales” es decir operadores, psicólogos, sociólogos, médicos, aboga- dos,
etc, pero bajo la postura psicosociocomunitaria, el equipo también está integrado
por miembros de la comunidad
ya que son quienes tienen la
información más certera y los recursos más adecuados para la resolución de problemas
comunitarios, y además por sujetos que su experiencia y experticia les permite
aportar y ser parte del equipo.
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