ENCUENTROS
Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico
ISSN: 2343-6131 / ISSN-e: 2610-8046
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Maracaibo, Venezuela
Notas y debates
N° 09. Enero-Junio 2019
pp. 105-124
De la democracia liberal a la comunitaria, un cambio
epistémico.
From liberal to
community
democracy,
an epistemic change.
José de Jesús Godínez
Rogaciano González
Universidad de La Salle Bajío
Salamanca,
México
Resumen
Se reflexiona que la democracia liberal lejos de ser un sistema en el que pueblo tiene el poder, es un
sistema de dominación al pueblo
por parte de élites. El liberalismo destruye
la democracia, el Estado
es un ente antagónico a la sociedad. La sociedad es un un agregado de individuos egoístas
luchando por conseguir sus propias satisfacciones. Los partidos políticos son dirigidos por cúpulas que luchan
en las elecciones para apropiarse del poder. Es necesario un cambio epistémico, considerar al ser humano como miembro de una comunidad, que procura afirmarse en una vida mejor, el Estado genera las condiciones para tal fin. El Estado no es árbitro ni dominador su función es generar las condiciones para la afirmación de la vida del individuo
en la comunidad..
Palabras Claves: Democracia, dominación, poder, resistencia, cambio epistémico
Abstract
It is a reflection on liberal democracy, far from being a system in which people have power, is
a system of domination of the people by the elites. Liberalism destroys democracy, the state is an an- tagonistic entity to society. Society is an aggregate of selfish individuals struggling to achieve
their own satisfactions. Political
parties are led by the domes fighting
in the elections to seize power. It is necessary an epistemic change,
to consider the human being
as a member of a community that seeks
to assert itself in a better life, the State generates the conditions for such an end. The State is neither
arbitrator nor dominator, its function is to generate
the conditions for the affirmation of the life of the individual in the community.
Keywords: Democracy, domination, power, resistance, epistemic
change.
Recibido:
15/09/2018 Aceptado: 15/10/2018
1. La democracia y su origen
El vocablo griego democracia (δεμοκρατια),
compuesto por demos (δεμος/pueblo) y kratos (κρατος/poder)
(Sartori, 2009). Etimológi- camente expresa
“poder del pueblo”. Referente semántico que ha permanecido en la línea
de la temporalidad hasta el presente, así un
régimen o sistema político que se ostente como democracia refiere que en el pueblo está el origen de
su mandato.
Surge hace dos mil quinientos años en Grecia pero luego desa-
parece, la democracia parece haber sido inventada
más de una vez y en más de un lugar. (Dahl, 1999). Grecia, la antigua, la fue ela- borando, a lo
largo de un siglo y medio. Entre los años 620 y 593 antes de Cristo. Atenas, la principal de las ciudades
griegas, recibe de Dracón y de Solón sus primeras leyes fundamentales
con las que se instala la
distinción entre las leyes de la naturaleza y las leyes humanas, las de la
ciudad. Los atenienses empiezan a ser gobernados por un nuevo tipo de poder abstracto, impersonal, al que llaman νομος, norma, que no
proviene de caprichos de dioses o reyes
sino que se genera en la πολις
o ciudad−estado que han constituido.
Su ideal es la ευνομια o “buena (ευ) ley”: el recto
ordenamiento de la ciudad. Dos referentes
en la democracia antigua son: la fundación de la república demo- crática por Clístines en el año 507 antes de Cristo,
y en el año 462, la
democracia plenaria fundada por Pericles
(Mossé, 1970).
La retórica, nacida en los pañales de la democracia es cultivada por los sofistas, maestros en el arte
del bien hablar, que la convier- ten
en una técnica del discurso persuasivo, los sofistas se erigen en profesores de
elocuencia, que enseñan a sus alumnos, más a enga- ñar al pueblo y adularle que
a mostrarle sus verdaderos intereses
(Mossé, 1970). La demagogia deja su impronta en la democracia griega. Lo único
que importa es dominar y convencer de
una tesis sin importar la bondad o maldad, la verdad
o falsedad. Todo de- pende del pueblo pero el pueblo depende
de los oradores (Gomez,
1982).
La democracia es un producto histórico, producto de una cierta
historia, de determinados antecedentes históricos que le imprimen
sello y logros en la sociedad que la cultiva (Sartori, 1965). La de- mocracia aún con
sus prometedores comienzos no evoluciona si- guiendo un camino lineal
ascendente hasta nuestros días. Hay un sinuoso
camino. No hay certeza de que la democracia siga siempre
avanzando ininterrumpidamente. En ocasiones para la democracia, el futuro incierto es (Dahl,
1999).
Aunque la palabra
griega es, lo que ahora indicamos con ella se origina
fuera de Grecia y muy posteriormente a la época
de la polis. El significado de las democracias modernas
está relacionado y sujeto al descubrimien-
to de que la discrepancia, la diferencia de opinión y el contraste no son
incompatibles con el orden y autoridad social (Sartori, 1965). Duverger considera que la definición más sencilla y más realista
de la democracia es la de
“un régimen en el cual los gobernantes son escogidos por los gober- nados, por medio de elecciones sinceras
y libres” (Duverger, 2006).
Una democracia “es un sistema institucional para llegar a
decisiones políticas, en el que los individuos adquieren el poder de decidir por medio
de una lucha de competencia por el voto del pueblo”
(Schumpeter, 1968). La innovación de Schumpeter es elevar la práctica
mercadotécnica a nor- mativa democrática y, consiguientemente, asimilar los
programas elec- torales a las promociones publicitarias (Carracedo,
2000), los procesos electorales se convierten en una promoción de promesas
e intercambio de favores, la moneda en curso es el voto.
2. La democracia
liberal y la representación
Los sistemas democráticos modernos se apoyan en mecanismos elec-
tivos y en la transmisión representativa del poder. La elección y la repre- sentación son el instrumento a través del
cual se realiza la democracia. Afirmar que el poder es del pueblo, hace
referencia a las fuentes y la le- gitimidad del poder. Democracia alude a que el poder es legítimo sólo si emana de la voluntad
popular. El origen y la legitimidad del poder radican en el pueblo. La elección y la
representación son el instrumento a través del
cual se realiza la democracia, por lo
que si las elecciones son coaccio- nadas, no libres,
la representación no sería genuina (Sartori, 2003).
Las elecciones son una lucha abierta por el poder entre los acto-
res que desean obtener
el voto de los ciudadanos, quienes ganan
esa competencia son los que representan a los electores. Así nace el voto de las mayorías y la representación. Los representantes me- diante políticas públicas y programas
satisfacen los deseos de las mayorías que los eligieron. Es un método para
agregar preferen- cias que funciona de manera similar al mercado, se compite
por agregar votos y así se gana la elección y se representa al electorado. Los representantes sustituyen a los electores, hablan y aprueban
en lugar de los representados. Los representantes forman una élite dis- tinta a quien los eligió (Hernández Quiñones, 2006). Esta
concep- tualización de democracia liberal representativa es contradictoria, pues los ciudadanos no participan en la elaboración de normas que luego están obligados a cumplir (Vargas-Hernández, 2006), la re-
presentatividad se da en el acto de votar cuando son la elecciones, la
actuación del representante en la legislación y el poder ejecutivo dependen de
los intereses del representante y no de los represen- tados.
La democracia representativa es método institucional para elegir
re- presentantes, que toman decisiones por los electores. Es competencia en- tre dos o más grupos
organizados en partidos políticos que luchan por el poder. No es un poder del pueblo, es un poder de élites (Hernández
Quiñones, 2006). La única ocasión
en que las expresiones individuales de voluntad son tomadas en cuenta, es en las elecciones. Se
elige una de las opciones que se presentan en el abanico
electoral. Con ellas las decisiones de los votantes son registradas
(Sartori, 1965).
El poder electoral per se es la garantía mecánica del sistema,
pero la garantía sustantiva la dan las condiciones en que el ciudadano obtiene
la información y está expuesto a las presiones de quienes forman la opinión
(Sartori, 2009). La concurrencia de diferentes opiniones organizadas a la égida de los partidos,
plantean al elector la posibilidad de optar por una corriente política.
La economía de mercado se funda sobre
la concurrencia de productores, la concurrencia entre partidos políticos
está sometida a un examen menos cuantificable, los
bienes no son concretos, ni palpables ni de rápido consumo. La diferencia es
que en política la concurrencia desleal, mentirosa y demagógica es impune, a menudo redituable al dema- gogo
(Sartori, 2003).
Las elecciones son una forma de hacer eficaces las discusiones
pú- blicas, la oportunidad de hablar y escuchar sin miedo a la represión. La
democracia no se reduce a sólo votar, como queda ilustrado con las victo-
rias electorales de las tiranías
gobernantes en regímenes autoritarios (Sen,
2006).
Cuando no hay el ejercicio del derecho de hablar libremente, de criticar otros
puntos de vista, de movilizar la oposición y de participar en un proceso
político en que todos los votos cuenten, cuando no se propicia que la
ciudadanía tenga la posibilidad real de ejecutar su voto, cuando no hay un
proceso electoral en un sistema político, cuando los derechos civi- les y
políticos primarios no están garantizados por el sistema, entonces el proceso
democrático no existe (Held, 1997).
La demagogia busca
conquistar el favor
popular, con promesas que son
falsas o inalcanzables, viola las normas de sinceridad y simula estar de acuerdo con los valores y
opiniones democráticas, es un engaño pre- meditado con el que se busca acceder
al poder (Crespo, 1988). La
dema- gogia hace uso del clientelismo político, un intercambio de favores que no fomenta la participación
democrática (Aguiar & Navarro,
2000). La demagogia sólo hace
que se desplace la soberanía popular del punto en que mantiene su capacidad de juicio y raciocinio a
situaciones en las que la pierde, se juega con las emociones: miedo y
esperanza, que presentan una visión ilusoria (Sartori, 1965).
Los partidos políticos son la
élite que designa a los que van a repre- sentar a los electores. La estructura
del poder es el resultado de un par de fuerzas antagónicas: las creencias, por
una parte y las necesidades prác- ticas, por otra. En consecuencia, la
dirección de los partidos presenta el doble
carácter de una apariencia democrática y de una realidad oligárquica (Duverger, 2006), se tiene
acceso al poder pero no todos los miembros de la organización sino algunos con características específicas. Los
partidos políticos buscan parecer
democráticos pero no siempre lo son, para apa- rentar esa democracia es
frecuente que hagan uso de las manipulaciones electorales y de presentar
dirigentes aparentes cuando otros son los diri- gentes reales.
Las manipulaciones electorales tienen mucha amplitud y falsean
sen- siblemente los resultados de los votos, en los partidos políticos, son
utili- zados sistemáticamente y dan un carácter autocrático muy claro al reclu-
tamiento de los dirigentes (Duverger, 2006), crean la
ilusión de cualquier miembro puede dirigir al partido, aunque la negociación
cupular está pre- sente en la asignación de los cuadros de mando. El conjunto
de estas ma- nipulaciones electorales tiene
como efecto disimular una designación más o menos autocrática bajo una
apariencia más o menos democrática.
Otro método consiste en establecer dos categorías de dirigentes
dentro del partido: jefes aparentes y jefes reales, elegidos los primeros y
desig- nados autocráticamente los otros. Unos tienen el poder teórico;
los otros lo ejercen
prácticamente o lo comparten con ellos. Son las eminencias
grises detrás de las púrpuras oficiales, los que mueven los hilos detrás de los
títeres que se agitan en la escena. En el partido hay una autoridad real muy diferente
de la autoridad aparente. Las eminencias grises permanecen
ocultas o semiocultas y siempre es difícil obtener datos precisos sobre ellas
(Duverger, 2006).
La legitimidad del liderazgo en el partido está en función
de su ca- pacidad para distribuir bienes públicos (incentivos
colectivos) y/o bienes privados (incentivos selectivos). Si el flujo de beneficios se interrumpe, la organización entra automáticamente en
crisis. La autoridad (el poder legítimo) de los líderes se halla en función de las satisfacciones que son capaces de ofrecer a los demás actores que participan
en el intercambio, el poder se mantiene y refuerza a través de éste. La
diferencia entre el incentivo colectivo y el selectivo, reside en que en el
primero los que lo disfrutan no son conscientes de esto, por lo que refuerzan
su vínculo de identidad con el partido político, mientras que el segundo, ha de
interpre- tarse en clave utilitaria (Panebianco, 1995).
El partido se convierte en una maquinaria de beneficios que permi-
te la cohesión de los miembros basada en los beneficios obtenidos, por lo que uno de los objetivos primordiales de la organización es satisfacer las necesidades propias de los miembros de la misma.
La organización es considerada
instrumento para la realización de determinados fines. Así, la organización se convierte en un fin en sí misma y los objetivos
se articulan con las
exigencias organizativas (Panebianco,
1995).
La idea de que los partidos son el producto de las demandas de
los grupos sociales de que aquellos
representan, no funciona
al interior del
partido, el cual requiere permanecer en la contienda política y
para ello primero debe satisfacer las necesidades de los que están al interior
del partido (Panebianco, 1995).
En su obra de los partidos políticos,
Robert Michels (1979), formula
la ley de hierro de la oligarquía, afirma que tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará
una minoría. Todo grupo social comienza
con un líder en principio guiado por la masa. Más adelante, la élite la que
gobierna los partidos, buscará perpetuarse como tal a cualquier precio. Duverger también considera que la dirección de
los partidos tiende na- turalmente a tomar una forma oligárquica con apariencia de democracia
(Duverger, 2006).
Las formas de cristalización de todo movimiento social joven muestran un rostro democrático. La masa
designa un líder, para lo cual es
necesa- ria una mínima organización. La especialización técnica, surge necesa- riamente al crecer la organización, cuanto más grandes son las organiza- ciones, más se burocratizan, ya que, por una parte,
se especializan; y por otra, deben tomar decisiones cada vez
más complejas y de una forma más rápida. Los especialistas se van volviendo
imprescindibles, formando la élite. Consultar la masa para cada cuestión
supone una enorme
pérdida de tiempo, vuelve
lenta la toma de decisiones en la organización,
la opinión así obtenida será además esquemática y vaga. Se presenta el dilema
entre eficiencia y democracia interna; de modo que, para que la organización sea eficiente necesita un líder
que tome decisiones para solventar la situa- ción o realiza una consulta
democrática.
Las masas esperan
que se les resuelvan los problemas y tienden al culto
de la personalidad del líder que les satisface sus necesidades, la masa es
incapaz de velar por sus propios
intereses, necesita de expertos que atien-
dan sus asuntos, los líderes
son los expertos
por lo que la función
principal de la masa es, la de escoger
de vez en cuando a sus líderes.
La casta de los
líderes (oligarquía), es casta cerrada,
se ayudan mutuamente para evitar la competencia de nuevos líderes surgidos de la masa (Michels, 1979).
Lo único que puede hacer la masa es sustituir algún líder. Por eso los líderes mantienen algún
vínculo con la masa, incluso alianzas contra nue- vos líderes. Los viejos líderes apelan a la disciplina de la masa, cosa que
reduce la libertad de expresión
de la masa. El carisma personal del líder
va además generalmente asociado a fuertes
resistencias a la instituciona-
lización en la toma de decisiones. El líder no tiene interés
en favorecer un reforzamiento de la organización, en sus manos está el control del partido,
y la
institucionalización, la democratización
permitiría que tal control
se fuese diluyendo por lo que el líder desalienta la institucionalización y bus-
ca activamente permanecer en la dirección partidaria (Panebianco, 1995).
En las democracias liberales, los partidos son los
intermediarios entre la sociedad y el gobierno,
son el instrumento para llegar al
poder (Var- gas-Hernández,
2006). La
democracia liberal se ha convertido en una democracia poliárquica, un sistema
político dotado de las instituciones democráticas donde las elites elegidas,
deciden las cuestiones fundamen- tales del devenir social (Dahl, 1987).Cuando los
ciudadanos no se sienten representados y votan
por opciones radicales o se abstienen de votar, es la forma más nítida de expresar
su disgusto y su rechazo a
la partidocracia como tal, que se ha dedicado
a defender los intereses de los grupos
de po- der sin considerar
otros sectores de la sociedad (Baños, 2006).
Liberalismo y democracia ambas categorías políticas se en-
cuentran
próximas. El liberalismo se refiere al
papel del Estado
en relación con
la regulación del poder y de la convivencia
social.
La democracia se
refiere más a la forma en que se
distribuye el
poder, al
ejercicio del gobierno y la toma de decisiones colectivas
y bajo qué
procedimientos (Córdoba Gómez, 2008). La democracia
liberal permite
la representación de las mayorías, no de todas las
voces e
intereses de la sociedad. Las mayorías son representadas
por élites que propician una desigualdad
política con los electores
(Hernández
Quiñones, 2006).
3. La democracia y el Estado
liberal
Estado liberal y Estado democrático son interdependientes. El ejercicio
del poder democrático necesita un mínimo de libertades para ser ejercido y se necesita el poder democrático para que garantice un mínimo de liber- tades. Un Estado no liberal es
improbable que garantice una democracia, también, es poco probable que las
libertades fundamentales sean garanti- zadas
por un Estado no democrático. Históricamente caen juntos el Estado
liberal y el Estado
democrático (Bobbio, 1992).
Una democracia sin un
sistema de mercado es poco vital. Pero lo contrario
no es cierto (Sartori,
2009), la democracia ha florecido en donde hay un sistema
de libre mer-
cado.
El liberalismo sostiene que la economía de mercado garantiza
mejor nivel de vida de la población, basado en la propiedad privada. Los agen- tes económicos actúan basados en su
interés personal y compiten en el mercado para maximizar las ganancias en una lucha darwiniana con otras empresas, muchas
desaparecerán. La “mano
invisible del mercado”, según Adam Smith (1997), es el motor del desarrollo. El egoísmo
del individuo que busca su bien
propio genera un bienestar a la
sociedad. El papel del Estado es permitir la libre competencia en el mercado
(De Vroey, 2009),
quitar cualquier restriccion que impida el libre flujo de las mercancías.
El Estado liberal
tiene una mínima
actuación, la sociedad
y el mercado una máxima libertad. La cuestión liberal plantea cómo
debe limitarse el Estado para que la sociedad logre sus objetivos. Hay que
marcar los lími- tes al Estado
para una actuación más libre de la sociedad, sin importar cuá- les son los fines de la sociedad
(Domínguez Sánchez, 2012). La sociedad se construye con la suma de bienes de
los individuos. El individuo es una abstracción, es una isla sin vínculos
sociales, empeñado en conseguir sus propios intereses (Toro Carnevali, 2008).
El liberalismo político
tiene como característica fundamental poner límites al Estado. Los individuos y las empresas
maximizan su libertad
en el campo político
y económico, la libertad de uno termina
donde comienza la del otro,
una formulación negativa de la libertad (Solórzano, 2014).
El liberalismo político en la democracia representativa
encuentra un instrumento para conservar la pluralidad de intereses, que en la
lucha darwiniana acrecientan la desigualdad política y económica (Aguiló Bo-
net, 2009). “La democracia, en el contexto
del capitalismo, no es otra cosa
que la dominación de la mayoría trabajadora por la minoría capitalista”
(Hernández Quiñones, 2006). Parte de la tesis liberal capitalista es que no
existe más hombre que el homo
economicus, por lo que no hay bien co- mún sino agregaciones de
bienes particulares, no hay sujeto comunitario sino individuos egocéntricos.
El liberalismo remota sus ideas a Hobbes en Leviatán, quien
sostenía que los hombres buscan satisfacer sus deseos hasta la saciedad, un
deseo es el de dominar a los demás individuos. El ser humano es un enemigo
potencial de cualquier otro ser humano, es más pasional que racional, lo que lo
mueve es el goce permanente y la obtención de sus deseos, es un eterno insatisfecho (Aguilera, 2010). Los individuos son entes aislados
sin ningún vínculo comunitario, buscan racionalmente satisfacer sus intereses
básicos: la vida, la libertad y la propiedad. Cada ser humano puede hacer todo
lo que considere necesario para conservar su vida y sus propiedades (Hobbes,
1994).
Los derechos de los individuos son una prioridad sobre cualquier
consideración, aceptan un contrato social que autoriza
al soberano usar la fuerza para actuar como moderador
entre ellos, que buscan satisfacer sus propios intereses sin otra
consideración. El Estado surge del
contrato social, como moderador para conseguir con el mínimo
de actuaciones una convivencia pacífica. Los sujetos se
someten a la autoridad del soberano. El Estado es el Leviatán que con su fuerza
y violencia impone las reglas básicas convivir pacíficamente (Medina Núñez,
2014).
El contrato social
en Hobbes da origen al Estado absolutista y al Estado liberal en Locke (1991), en el que
prevalece la libertad del individuo y su derecho a la propiedad
privada por encima de la cuestión política.
Ambos parten de la idea del individuo libre,
racional que busca
maximizar su pro- pio
bien, el contrato
social ayuda a la convivencia pacífica (Cortés Rodas F.
, 2010). Locke considera que al Estado, el poder ejecutivo, para con- tenerlo
hay que poner contrapesos, el poder legislativo. Plantea que todo el poder en el soberano no permite la imparcialidad, la justicia ni forma
de remediar cualquier atropello. El poder legislativo es un contrapeso al poder
ejecutivo, este equilibrio de poderes protege al individuo frente al poder
(Espejel Mena & Flores Vega, 2014).
El liberalismo limita los poderes y funciones del Estado, con
Montes- quieu (2003), los contrapesos son tres: el poder legislativo, el
ejecutivo y el judicial. La democracia liberal nace de una concepción
individualista, atomista, de la sociedad, el deseo de dominar a los otros sin contrapesos y contenciones se vuelve tiranía. Schmitt (1999), formula como
caracterís- ticas distintivas del liberalismo los derechos fundamentales del individuo,
la libertad limitada por el Estado y la distinción de los
poderes. El Estado es un medio
de moderación del individuo. La sociedad es un agregado de individuos, y el Estado
limita el actuar de los individuos, por lo que el Estado ni el gobierno
representan a la sociedad. El Estado es un poder
del que ha de protegerse el individuo (Bohórquez Montoya, 2006).
4. El Estado liberal
como dominación
Hay un antagonismo entre Estado y sociedad, no hay una identidad.
El Estado es un poder al que es sometido
el individuo. Es un enemigo, un conjunto de hombres que “se
opone combativamente a otro conjunto análogo” (Schmitt, 1999: 59). Según
Schmitt, el liberalismo destruye la democracia, no es el pueblo el que toma las decisiones sino el Estado,
que defiende los intereses
de la élite. El liberalismo considera que el agregado
de individuos conforma la sociedad,
con intereses individuales y egoístas, no hay una identidad entre ellos, no hay un elemento
homogeneizador (Mouffe, 2002). El
individuo aislado es dominado, sometido por el con- trato social al poder del
Estado, es una relación asimétrica y mantenida a conveniencia por el Estado
(Atilli, 2003).
Poder es usar la fuerza
para obligar al otro a escuchar u obedecer
(Sartori , 2003). El poder es una relación: un individuo tiene poder sobre otro
porque le obliga a hacer lo que de otra forma no haría (Sartori, 2009). Weber define el poder como “la posibilidad
de im- poner la propia voluntad, dentro de una relación social aun contra toda
resistencia y cualquiera que sea el
fundamento de esa proba- bilidad” (Weber, 2008: 43). El poder es una
dominación sobre el otro. Esta dominación puede estar sustentada en los más diversos motivos de sumisión: desde la inconsciencia consuetudinaria hasta
consideraciones puramente racionales para la consecución de un fin. Dominación es una relación en la que la voluntad del dominador influye en los actos de el o los dominados, estos actos tienen
lu- gar como si los dominados
hubieran adoptado por sí solos y
como máxima de su obrar el contenido del mandato (Weber, 2008).
La obediencia de los súbditos está condicionada por muy pode-
rosos motivos de temor, de esperanza y también por los más diver- sos
intereses (Weber, 1997). La obediencia significa que la acción
del que obedece
convierte el contenido del mandato en máxima
de su conducta sin considerar la opinión propia ni hacer una valo-
ración del mandato, es una imperiosa necesidad de ejecutarlo. La dominación
procura despertar y fomentar la creencia de legitimi- dad (Weber, 2008). La democracia legitima su
dominación en las elecciones, son una lucha por el poder y dominio sobre otros,
ma- teniendo disciplina y obediencia con la cúspide
del partido (Weber,
2008).
La dominación implica una sumisión en mayor o menor grado, es
una influencia en otro, por lo que la resistencia es una condición sin la cual
no se da el poder, por definición donde hay poder hay resistencia (Domínguez
Sánchez, 2012). La resistencia es una prác- tica de la libertad.
La fuerza usada por el poder es proporcional a la
resistencia, a la libertad experimentada. La resistencia es una cuali- dad subjetiva, contestataria (Pérez Llody, 2016). “En el curso del 7 de enero
de 1976 Michel
Foucault plantea que el poder
es la guerra continuada por otros medios” (Giraldo Díaz, 2006: 118), el objetivo final es el sometimiento
del contrario, que ha luchado para no ser sometido. “El poder es así a la vez una restricción y el estímulo
para adquirir una capacidad
de liberación” (Domínguez
Sánchez, 2012:
198), no hay poderes ni libertades absolutas, hay poderes restringi- dos y libertades
condicionadas.
La resistencia se presenta ante la dominación, cuando hay un po-
der que se impone. La democracia liberal concibe un Estado como dominación, es el “monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento
del orden vigente” (Weber, 2008: 44).
La domina- ción se extiende
a los diferentes ámbitos de la vida,
así “la coacción jurídica violenta es un monopolio del Estado” (Weber, 2008: 253). El mantenimiento del orden estable se
consigue a través de la violen- cia
política, social, económica y epistémica (Castro Gómez, 2007).
5. La democracia
comunitaria
La dominación epistémica no permite concebir al ser humano de
otra manera, sino como un individuo
aislado. El individuo
abstracto sólo existe en la especulación intelectual
atomizada. El individuo en cuanto tal sólo existe en referencia a una comunidad, la idea que se tiene de individuo, se
tiene como un referente a la comunidad. Históricamente no han
existido individuos aislados, el hombre nace y crece en una comunidad, por lo que el hombre es criado en una comunidad y
la comunidad es creada por el hombre. Una forma de organización política es el resultado de un proce- so de
interacciones sostenidas en el tiempo. La morfogénesis o creación de forma, es
inseparable de los procesos organizativos
que establecen un doble vínculo, entre
el nivel de la totalidad y el de sus elementos
constitu- yentes (Guthrie, 1993).
El ser humano es por naturaleza, por esencia, un animal político,
en el sentido aristotélico, un animal de la polis, un animal social, un ser re- lacional. La
polis es una de las cosas naturales, es decir,
de las cosas por naturaleza, por esencia.
La ciudad es por naturaleza
anterior al individuo, el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo,
el ser humano no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros
(Birulés, 1997).
El ser humano esta con el
todo político en la misma relación que las otras partes
lo están con su respectivo todo. La participación en la polis como ciudadano es
algo por naturaleza, algo esencial al ser humano. La ciudad es así mismo por
naturaleza anterior a la familia y a cada uno de los individuos. Quien se
encuentra fuera de la polis es mal hombre, un hombre disminuido, o más que
hombre (Aristóteles, 1985).Ser humano consiste en vivir asociado con los
semejantes, no es una individualidad total, ni una parte funcional
de un todo, es un individuo en una relación de colaboración y de
complementariedad con los otros miembros de la sociedad (Bonafé, 2003).
El encuentro con la alteridad es una experiencia que nos somete
a una prueba, es un individuo frente a otro individuo, genera el desafío
de la co- municación como acción renovadora constantemente de apertura
al otro, conocer otra subjetividad y la propia (Contreras, 2001). El encuentro
de libertades, con característica propias que interactúan es un espacio físico,
la pluralidad y la diferenciación se presenta cuando
hay un interrelación y
reconocimiento del otro como igual en una comunidad, en un orden políti-
co que ha de asumirse
por amor al prójimo y no como enemigo al que hay que
temer (Birulés, 1997). El encuentro
con el otro crea espacios
de acción que se caracterizan
por ser eminentemente políticos, se generan con el objetivo de ejercer y conservar la libertad como individuos integrados
en
una sociedad, conseguir
espacios de interacción, es crear espacios políti- cos en los que el poder se
articule de forma horizontal y no verticalmente (Sánchez, 2004).
El espacio público,
la polis, no tiene una localización física especial, no se identifica con un territorio o con una nación sino es donde se actúa con-
certadamente, se crea un espacio
de interacción en el que pueden concurrir libremente como miembros de la
polis, un espacio de encuentro abierto a todos
, en tanto espacio público
(Sánchez, 2004). La ciudad o en términos más contemporáneos la comunidad, no es nunca una realidad subsistente en sí misma que
elimine al individuo en su autonomía personal, sino que se realiza en la
pluralidad de individuos. El ente comunitario no es una realidad subsistente y
absoluta a la que pueda ser sacrificada la persona particular (Delgado, 2000).
La ciudad (comunidad) existe no sólo por la simple vida, sino
sobre todo por la vida mejor. La
ciudad es la comunidad de familias y munici- pios para una vida perfecta y autosuficiente, es decir, para una vida bella y feliz. La comunidad política
tiene por causa, en suma, la práctica
de las buenas acciones y no simplemente la convivencia (Aristóteles,
1985). Misión y fin de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio. Es
ella quien hace posible al individuo perseguir en paz y tranquilidad sus fines (Birulés, 1997).
La política es un instrumento para expandir la libertad, generar
proce- sos que hacen
posible la libertad
de acción y de decisión, propiciar oportu-
nidades reales para que los individuos, dadas sus circunstancias personales y sociales, enriquezcan su vida social; quitar
restricciones para ser perso- nas sociales más plenas, que ejercen su propia voluntad
e interactuar con e
influir en el mundo en el que vive (Sen , 2000).
La voluntad de una vida mejor es el fundamento de la política, “es una actividad que organiza y promueve
la producción, reproducción y aumen- to de la vida de sus miembros” (Dussel, 2006: 24). El poder político es
una facultad de la comunidad
que lo institucionaliza, lo delega para actué
en función del todo, en función de la vida de la comunidad, así los que mandan,
mandan obedeciendo. Es el poder obediencial expresado por los zapatistas en Chiapas
(Dussel, 2006).
El valor ancestral del
yo colectivo frente al yo aislado del liberalismo, “construyendo comunidad
se cambia el mundo” (Perea Restrepo, 2006:
149). Es el epígrafe
del movimiento zapatista en los municipios autóno- mos de Chiapas. La idea de un yo colectivo,
una comunidad que desen- tierra en su cultura ancestral los
cimientos para un mundo alternativo en construcción. El pegamento de la
comunidad es lo sentido, lo vivido, el afecto
al compañero, al de hueso y carne,
la historia que los une, la intimi- dad convivida como comunidad de
toda la vida.
El ser humano es comunitario, es en y por la comunidad que el
ser humano se desarrolla. El ser humano es un ser de relaciones, se relaciona
con los otros y su entorno, es un ser relacional. La comunidad, la polis es el
espacio en el que es posible aspirar a una vida mejor, para conseguirla es necesario que los comportamientos, las
normas, la forma de vida esté orientada a lograr ese fin, conseguir una vida
plena, en abundancia, de las personas en la comunidad. Se necesita un giro
espistémico para que la sociedad con sus instituciones como formas y normas de comportamien-
to, la ciencia, la reflexión y los sistemas de producción se orienten a la
consecución de una vida plena, de una vida en abundancia y sutentable de las personas en comunidad,
abandonar al indidivudo como eje
central de las instituciones, de la sociedad y comenzar considerar al individuo
en la sociedad.
Conclusión
La democracia liberal plantea una díada: el Estado y el
individuo. El individuo es un ente aislado, egoísta, que busca su satisfacción
propia, la sociedad es un agregado de individuos con intereses propios
que compiten o luchan con
otros individuos, están dispuestos hacer lo necesario para conseguir sus
objetivos. Para llevar a una vida pacífica y no estar en un estado de guerra, aceptan
someterse a un árbitro, el Estado, al que hay que
limitar en sus funciones y poder, para que permita conseguir la satisfac- ción de
los intereses individuales sin matarse.
El Estado no representa los intereses de la sociedad, es una do- minación, es un actor que somete a la sociedad. La misma sociedad es un agregado de intereses individuales, no hay un bien común.
El poder político
legitima su dominación por la lucha
electoral para obtener el
poder. Los partidos luchan por
conseguir el poder polí- tico, ese es su fin primordial, las
elecciones son el procedimiento para conseguirlo y es necesario realizar
cualquier actividad para conseguir el
fin. Si todos los miembros del partido participan para decidir qué
acciones realizar es improductivo, ineficiente y se pier- de la oportunidad de
conseguir el poder. La toma de decisiones centralizada hace eficiente el
proceso.
Un líder ha de dirigir las acciones del partido y repartir los be- neficios a los miembros o a los actores
que ayuden a lograr tal fin. El líder y la cúpula del partido son los que toman
las decisiones para llegar y cuando se está en el poder. No es una democracia
re- presentativa, aunque la nombran
así, es una democracia de élites, que deciden y dominan a la sociedad.
El liberalismo no construye la democracia, la destruye. No es el poder del pueblo, es el poder de la élite que para mantenerse en el poder,
acrecienta la desigualdad política y económica entre ella y los individuos, que agregados llaman sociedad. El Estado es un
poder antagónico a la sociedad. El Estado es un poder a limitar
en sus fun- ciones y actuar. El poder es una coacción, lo que implica una resis- tencia, a más poder mayor resistencia.
El Estado como dominación es un
paradigma que vive y se mantiene por
el poder.
El ser humano no es un ente aislado, eso es una abstracción. Lo
que existe es el ser humano en la comunidad, en relación con otros para vivir
una vida plena.
La voluntad de una mejor
vida es el fun- damento de la política. La política
propone una acción conjunta para conseguir una mejor vida de los individuos en
la comunidad. La comunidad institucionaliza el poder, delega el poder a los go-
bernantes que son depositarios en tanto operen el poder como una facultad para
afirmar la vida. La vida humana sólo es posible en comunidad.
La operación fundamental del ser es permanecer en el ser y el ser
vivo busca permanecer en la vida. El ser humano afirma su volun- tad de vivir creando instituciones que le ayuden a afirmarse
en la
vida, en una vida mejor, una vida en abundancia. Los que están
al frente de la institución, los que han sido depositarios del poder que emana de la comunidad, de su voluntad
de vivir una vida mejor y abundante, obedecen mandando, ese es el poder
obediencial, obe- decer el mandato
de la comunidad, una vida abundante. No hay di-
cotomía entre Estado y sociedad, el Estado es uno con la sociedad, sociedad y
Estado tienen el mismo fin: la afirmación de la vida.
Una nueva
racionalidad, una nueva episteme con
una concep- ción diferente del ser humano, genera condiciones de posibilidad de
una acción diferente y de resultados distintos. La acción y la experiencia se
aplican a todas las dimensiones de nuestro vivir. El conocer es acción efectiva, operacional en el dominio
de existen- cia del ser vivo.
Todo hacer es conocer y todo conocer
es hacer. Se observa la realidad desde
la misma realidad, no fuera de ella,
el conocer es dentro de una realidad, en la que vivimos y somos. Como observadores hacemos descripciones no de la realidad, sino de nuestra realidad.
Decir que se conoce la realidad es darse cuenta
y categorizar una acción del hacer humano. Es una
relación y una intencionalidad con el entorno: nombrar, categorizar, dividirlo
en partes, crear una imagen, armar un rompecabezas de ese entorno dado. La
relación con esa parte del entorno puede ser tan lejana o tan cercana, tan-
to como se desee, se puede concentrar la relación en la hoja, en la rama, en el árbol o en el bosque.
Es por ello que se dice que no todos los seres humanos ven la realidad de la misma forma.
Cada humano tiene una imagen diferente y por lo tanto un ta- miz que le permite ver, no ver o distorsionar lo que considera
su en- torno, lo que se presenta
como dado, como realidad. Esa represen- tación es una acción, se actúa de
acuerdo a esa representación, esa acción genera resultados y los resultados confirman o modifican la representación. Necesario es
un cambio epistémico que deje de atomizar la realidad con abstracciones que
pierden su concreción, una exacerbada visión analítica que se centra en la hoja del árbol, la absolutiza y pierde la visión del
bosque.
El liberalismo ha olvidado que la vida es lo fundamental para el
ser humano, que las instituciones no tienen como fin primordial
el poder, la dominación, sino la afirmación de la vida del ser humano
en la sociedad. Una interpretación del ser humano como egoísta y aislado de la
sociedad, ha generado resultados: la supremacía del humano sobre otro y sobre
la naturaleza. Una representación que lleva a dominar, a destruir al otro y a la naturaleza. El actuar huma-
no es para dominar.
Es posible otra representación, el hombre vive en la naturaleza con otros. El ser
humano es un ser relacional, con el entorno, con los otros seres y consigo
mismo. La acción del ser humano es para afirmar la vida, una vida abundante,
sostenible y sustentable. El Estado y
las instituciones están para afirmar la vida. Es el cambio epistémico, un
cambio a favor de la vida, dejar de representar al humano como individuo,
aislado y representarlo como un ser re- lacional. Transformar y construir otra
representación que permita actuar y trasformar el entorno, es posible. El punto de partida no es
el individuo aislado y egoísta en oposición a los otros y a la socie- dad. El
punto de partida es el ser humano como un ser relacional, como un ser en la
sociedad.
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