EncuEntros. rEvista dE ciEncias Humanas, tEoría social y PEnsamiEnto crítico. issn: 2343-6131 / dEP. lEgal: PP 201202Zu4143

año 6. n° 7. EnEro-Julio 2018
pp.
63-75
univErsidad nacional ExPErimEntal rafaEl maría Baralt
Pensar
al Estado: democracia y plurinacionalidad.
Aportes teóricos de Álvaro García Linera
Think to the State: democracy and plurinationality. Theo- retical contributions of Álvaro
García Linera.
Kenya Barroso Peña
Nilson Martinez Rafael Larez Puche
Universidad Nacional
Experimental Rafael María
Baralt
Centro de Estudios Geo-Históricos
y Socio-Culturales
RESUMEN
El principal desafío de este artículo
apunta hacia la profunda crisis
del Estado liberal en América Latina.
Los distintos movimientos sociales que desde el siglo XX
hacen vida en nuestro continente
exigen una ruptura radical con el proyecto político de la sociedad
moderna que responde a la reproducción y permanencia
del mercado y sus lógicas
instrumentales. Esto implica,
pensar una democracia otra que permita la participación de los distintos
actores sociales. De manera
que, este proyecto de Estado
y democracia asume
el compromiso de reconocer
que en los territorios de Latinoamérica existe
una plurinacionalidad que reúne
todas las expresiones identitarias que demandan estar en los diferentes proyec- tos políticos. Asumimos que la propuesta
de Álvaro García Linera resulta
ser la más pertinente en el debate político en torno a una nueva forma de pensar
al Estado. Esta investigación recurre
a un análisis hermenéutico crítico
y libera- dor fundamentado en la revisión
bibliográfica-documental del autor a estudiar.
Palabras clave: Estado,
democracia, plurinacionalidad, Latinoamérica.
Recibido: 31-03.2017 • Aceptado: 02-05-2017
ABSTRACT
The main challenge of this article
points to the deep crisis of the liberal state in
Latin America. The different social movements that have made life on our con- tinent since the 20th century demand a radical
break with the political project
of modern society that responds to the
reproduction and permanence of the mar- ket
and its instrumental logics. This implies thinking of another
democracy that allows the participation of the different
social actors that make life and link with
the different sectors that represent
diverse
identities
and other alterities.
So,
this project of State and democracy
assumes the commitment to recognize that in the territories of Latin America
there is a plurinationality that brings together all the symbolic and identity expressions that demand to be in the different
poli- tical projects. We assume that Álvaro García Linera’s proposal,
both theoretical and practical,
due to his experience in refounding the Bolivian State, turns out to
be the most pertinent one in the political debate around a new way of thinking about the State. This research uses a critical
and liberating hermeneutical analy- sis based on the bibliographical-documentary review of the author to be studied.
Keywords:
State, democracy, plurinationality, Latin América.
Introducción:
América Latina es en la actualidad escenario de la
consolidación política y cultural de los movimientos sociales progresistas que a mitad del siglo pasado surgieron y se manifestaron en contra del sistema mundo capita-
lista y sus políticas económicas. Estos movimientos, desde sus territoriali- dades se resistieron y resisten a la continuidad de los Estados
liberales y su concepción globalizadora de la democracia, ciudadanía y participación.
Ciertamente, la crisis de la modernidad comienza por un rechazo radical a
la forma universalizadora y homogénea de concebir la política en terri- torios
donde la diversidad cultural es producto
de los distintos mundos que allí se presentan, es decir, el pensamiento ilustrado
afronta que, en el
caso de Latinoamérica, existen un conjunto de elementos socio-históricos asimétricos que no responden
a la conformación de un pensamiento único.
En el intermedio de este
desconcierto sobre
propuestas teóricas que respondan a las dinámicas
que sienten
y viven
los territorios, se suma una crisis mundial
de la economía-mundo en tanto que,
los poderosos centros del mercado dejan de ser asimilados
por las alternativas democráticas que exigen nuevas formas y prácticas al Estado.
Las democracias progresistas creen y asumen que los procesos de cons-
trucción político-sociales deben confrontar definitivamente al Estado li- beral, que ha sido estructuralmente el mecanismo de legalización de las
intenciones que buscan los centros
del mercado para poder seguir mini-
mizando las posibilidades de estabilidad democrática de los territorios.
Es en este punto donde resaltan
las experiencias democráticas que La- tinoamérica ha tenido desde
1998 con la llegada de Hugo Chávez
a la presidencia de Venezuela. Este hecho es el punto de partida
para que el pensamiento progresista latinoamericano haya alcanzado en primera ins- tancia su presencia en la institucionalidad liberal y posterior
– en algunos casos exitosos como Bolivia – la transformación estructural del Estado.
Por lo expuesto, resulta
pertinente estudiar la propuesta política
de Álva- ro García Linera como uno de los actores sociales que reflexiona y participa en ese contexto de
conflictividad con el Estado liberal.
En la obra del escri- tor se plantean
distintos escenarios transversales que permiten construir una propuesta política que se construya desde la democracia que reconoce y convive
con el sentir de alteridad
que existen en sus distintos
entornos sociales. Para la interpretación de su pensar,
se recurre a constituir esta investigación desde los elementos discursivos más desarrollados que cree-
mos recaen en la plurinacionalidad; -como el reconocimiento a través del diálogo intercultural de las distintas formas simbólicas de convivir y pen-
sar – y la democracia construida a partir
del sujeto y su exigencia en sí mis- mo
de apostar por lo público
en tanto participación protagónica y colectiva.
El
Estado en el presente: Conceptos y principios.
Resulta importante develar principalmente
cuales son las prácti- cas fundamentales de lo que hoy se entiende
por Estado.
Esto, an- tes de cualquier propuesta que aporte
a los desafíos que exige hoy
América Latina, es imprescindible para fortalecer aún más la crítica.
En principio, para
García Linera (2015a), el Estado es una correla-
ción de fuerzas, que se evidencia en una “cotidiana trama social en- tre
gobernantes y gobernados,
en la que todos, (…) intervienen en
torno a la definición de lo público, lo común, lo colectivo y lo univer- sal”. Si bien esta es la definición
más democrática que existe en tor- no
al Estado actual,
ya ésta demanda varias interrogantes como ¿qué tan cierto es que los gobernados participan en la decisión
de lo pú-
blico y universal?, ¿permite el Estado
liberal estas intervenciones?
A la búsqueda de respuestas para las últimas
interrogantes Gar-
cía Linera (2015a) plantea que el Estado es materia,
y que es un proce-
so de monopolización y universalización. Ahora bien, el autor plantea que los “pocos” que conforman el monopolio son los que deciden lo que antes nos interrogábamos: lo público, lo común. Plantea
el autor:
Decimos que el Estado es materia,
porque cotidianamente se pre-
senta ante el conjunto de las y los ciudadanos como instituciones en las que se realizan trámites o certificados, como leyes que de-
ben ser cumplidas a riesgo de sufrir sanciones, y como procedi- mientos a seguir para alcanzar reconocimientos o certificaciones, por
ejemplo, educativas, laborales, territoriales, etc. (García Li- nera, 2015a:5)
Ciertamente, quienes conforman el monopolio son
los que confor- man entonces esas instituciones, a su vez, representantes del Estado.
Al momento que las y los ciudadanos deben ser legitimados por el con- junto de procedimientos impuestos por las instituciones, es evidente que no son éstos los que deciden en su totalidad lo público y lo común.
En este punto evidenciamos uno de los principales componentes del Estado y sus instituciones: la dominación a través de la universa-
lización. Es decir, el Estado como proceso
de estabilización de lo co- mún impone un conjunto de elementos
que implican la organización
uniforme de las mentalidades de los sujetos. Las prácticas
del Esta- do
se convierten entonces
en “la constante formación de las estruc- turas
mentales con las que las personas entienden el mundo existen- te y con las cuales actúan
ante ese mundo percibido” (García
2015a:6).
Es acá donde el proyecto liberal
sobre el Estado
se fortalece, pues lo
hace instrumento de dominación para que los sujetos actúen de acuer-
do al
marco de interpretación que éste regula.
Es decir, no cabe posi-
bilidad de pensarse otros
esquemas mentales fuera
de lo que el Estado
plantea como sistema y como mundo.
Esto afectaría incluso
en el mun- do interno del sujeto ante el externo,
puesto que las decisiones se re-
gulan por la estructura simbólica
que el Estado impone a la sociedad.
En
cierta medida, se podría decir que el Estado es la manera en que la realidad dominante
escribe su grámatica
de dominación en el cuerpo y en la mente de cada persona
(…) y a la vez representa
los procedimientos de producción simbólica, discursiva y moral con los que cada
persona y cada cuerpo colectivo se mira a sí mismo y actúa como cuerpo en el
mundo. (García, 2015a:6).
De manera que, el monopolio del que hablamos no sólo se re- fiere a la cuestión
institucional, sino
incluso a un monopolio
en el marco
de la lógica y del sentido común,
a partir de allí, la legitima-
ción por parte de los sujetos-individuos comienza
mediante
el pro- ceso de universalización de los saberes, derechos y simbologías.
Según García (2015a) “El Estado es un
proceso histórico de construc-
ción de lo común (…) simultáneamente
es monopolizado por algu- nos (los gobernantes); produciéndose precisamente un monopolio de lo
común”. (p.7). En ese proceso de construcción el autor plantea
que el Estado como otra herramienta
de legitimación asume la produc- ción
de “bienes comunes”, que favorecerán a la sociedad por igual pero que están al mando de unos pocos que controlan el monopolio.
En este punto, García
Linera expresa que “nos referimos a bienes co- munes construidos para
todos (primera comunidad), pero que son
organizados propuestos y liderizados por unos pocos (primer mo- nopolio)” (2015a:8).
Acá, en este punto se expresa
y legitima lo que el mismo
autor plantea como la
naturalización
de
la
dominación.
Los desafíos de América
Latina y sus movimientos sociales
en tanto pro- gresistas entonces implican plantearse otras dimensiones en cuanto a la fun- cionalidad del Estado, que se entienda
como parte conflictiva con los mono-
polios y democratice verdaderamente el sentir público de la ciudadanía y la política. El Estado, debe entenderse como un espacio
de verdadera corre- lación pero de prácticas
discursivas que vayan haciendo de la democracia un ejercicio participativo que reconoce y convive con pensamientos asimé- tricos, de contextos históricos distintos, respaldados por una institucionali-
dad que se construye a partir de las realidades y las dinámicas territoriales.
De la
democracia de élites a una
democracia de movimientos
García Linera
(2015b), expone
que la democracia tiene
distintos re- tos, principalmente, el de ampliarse como campo donde se presentan las diversas visiones de los actores
miembros de diferentes
territoria- lidades y no de ser un instrumento para la legitimación de los proyec-
tos individuales de las élites. Si asumimos
válida esta tesis,
estaríamos afirmando que las democracias en Latinoamérica están
en crisis debido a
su composición que responde, de manera ineludible, al proyecto po- lítico de la sociedad
moderna y a la lógica del mercado.
La democracia en clave liberal, ha sido entendida como un proceso
de confrontación de “proyectos (de) políticos” que resultan victoriosos en tanto mayor afinidad tengan
con la institucionalidad y la normalidad establecida o siempre y cuando la élite que representan pueda tener acceso
a los ins- trumentos de dominación fortalecidos. Al respecto, el autor plantea:
La actual invención dominante
del significado de democracia en el ámbito intelectual, en su versión
liberal, minimalista y procedi-
mental, construye el concepto en los términos
de la formación de un orden regulatorio del proceder político. Ya sea como método
de selección y renovación de gobernantes y/o como modo de re- solución de
conflictos (…). (García, 2015b:15).
La presunción liberal de la democracia
que se ha mantenido en nues-
tro continente y que en la actualidad domina los sistemas
de participa- ción define
– según García – al espacio democrático como un escenario elemental para concretar un “orden” o una “norma” que pertenece
a un gobernante de turno y a su “proyecto político”.
De manera que el sitio de
la democracia se ubica como un proceso
para legitimar las élites que se han incrustado como idóneos para practicar la política. García Linera expone:
Bajo esta mirada procedimental, la democracia se entiende como un
artefacto, como un conjunto de reglas que permite la selección
de élites que atienden la agregación de intereses privados y cuyo resultado final es la “voluntad general”. De esta manera,
la demo- cracia se define como un instrumento que permite la selección de los “más capaces”
para la administración de lo público o
como instrumento para atenuar
conflictos entre múltiples intereses indi-
viduales. (García, 2015b:16).
El carácter individual que la mirada
liberal otorga al hecho democrático permite que, la discusión en
ese espacio no sea en torno al reconocimiento de las propuestas plurales
de los distintos territorios, sino que se reduzca
a la
resolución de conflictos individuales que se desafían en pro de es-
tabilizar y hacer perdurar a su élite en el poder. Para García (íbid), es un
papel similar al del mercado
en tanto su política de asignación de recursos.
La
política, entendida como gestión de las libertades de una so- ciedad, aparece
reducida a una competencia entre
ofertantes (los “políticos”)
y consumidores o usuarios (los “votantes”) (…), re- plicando la lógica
industrial fundada en la propiedad y apropia- ción privada
de
las
condiciones de
producción. (García,
2015b:20).
De tal forma, la democracia desde esta concepción se afianza como parte
del proyecto político del mercado
universal, García Linera así lo expone
argumentando que, la competencia planteada
en el escenario democráti- co responde
a la legitimación de los instrumentos de la racionalidad tec- no-científica como herramientas fundamentales (medios de comunicación, centros de poder económico,
transporte) para asumir la institucionalidad política. De manera que la democracia, es sólo un “medio temporal”
para alcanzar la institucionalidad que, al ser electa por una “voluntad
gene- ral” o una voluntad de individualidades, separa
a ésta de cualquier vo-
luntad personal-diferente de opinar en torno al diseño de las políticas.
De modo que este sistema de reproducción de voluntad de individua- lidades para García Linera resulta ser no más que un sistema de conser-
vación de fuerzas dominantes que han perdurado
por tener el control de las herramientas que definen el juego democrático en la sociedad
liberal. Se entiende que estamos ante un “reciclamiento político” que se valida de acuerdo a un sistema
que concibe la voluntad de individualidades como un
proceso para otorgar
mayor validez a una “opinión
general” que se expresa desde la capacidad comunicativa
de cada “fuerza” política (domi- nante). La democracia en conclusión, cumple
el mismo papel que el merca- do al proyecto
capitalista mundial, la diferencia es que ésta, es un proceso
“competitivo” de “ofertas” por controlar lo público donde los “electores”
representan una cuantificación que escoge el orden que lo va a regular y
que no le va a permitir expresar
“cómo desea vivir”.
(García 2015b:25).
Se plantea entonces
que el desafío de la democracia en América Lati-
na es, primordialmente, su ruptura con la presunción
política de la so-
ciedad moderna y del mercado,
esto implica que, en el espacio
polí-
tico puedan reconocerse los derechos
a la convivencia en común que
tiene la humanidad. Una democracia
entendida
como el espacio
idó-
neo para el convivir y la participación de las distintas
formas de pen- sar y discutir
es el reto que nos trazamos
al momento de repensar la praxis
política desde Latinoamérica. Al respecto, García Linera esboza:
En
términos generales, se puede entender la democracia como una manera de organizar la gestión del bien común de una
socie- dad, el modo de esa gestión, la amplitud de ese bien común y las propias características de la comunidad
que quiere definirse en torno a ese bien. (García,
2015b:31).
Bajo esta mirada, la democracia es el escenario
propicio entonces para el reconocimiento permanente de las particularidades presentes
en las comunidades, es decir, la democracia más allá de “cuantificar” a las in-
dividualidades, las reconoce, convive con ellas y le permite participación política para que expresen su forma de “vivir”. De manera que, “Hay de-
mocracias en tanto hay más personas que desear intervenir en la dirección
general de la sociedad porque están dispuestas a producir directamente el contenido de los vínculos
que los unen a los demás”. (García,
2015b:32).
Entendida de esta forma,
la democracia rompe
radicalmente con las prácticas del mercado y de la razón de la competencia por lo público, pre-
cisamente se convierte lo público,
más allá del espacio de producción de “los
políticos”, en el lugar de encuentro donde todos en igualdad de reco-
nocimiento exigen constante
discusión en torno a las políticas para la con-
servación de su buen vivir
y de su continuidad histórica como ser corpóreo portador de una alteridad, pero
consciente de que otros participan en esas políticas, la modifican, la renuevan y exigen sentirse
representados en ella.
Democracia es,
entonces, ampliación de lo político, cre- ciente ruptura de los monopolios de
la política, continua renovación de las instituciones políticas para dar paso a res- ponsabilidades ampliadas de un número
mayor de miem- bros de la sociedad. Democracia
es movimiento, flujo, re- vocatoria, ampliación
de la capacidad de decidir. (García,
íbid).
La ampliación del hecho político y democrático en clave plural, define a éstos
como un necesario escenario de debates
de los distintos movimientos
que claman la afirmación de sí mismos en la institucionalidad política. Así, queda planteada una democracia de movimientos, un Estado de in-
clusión, una participación plural, de universalismos concretos
y la nunca acabada discusión en torno a la emancipación de la democracia liberal.
La consolidación definitiva de la ciudadanía intercultural y el proyecto
plurinacional
El proyecto de la plurinacionalidad se concibe como la alternativa a la concepción universalista de “nación”. Es decir, no se plantea
desde esta perspectiva plural
de las naciones que el territorio está representado en una única nación que reúne todas las valorizaciones, creencias, simbolo- gías, discursos
y culturas, al contrario, se plantea que existe una diversi- dad cultural que a su vez manifiesta el sentido pluralista de las formas de
co-existir en comunidad,
de pensar desde las asimetrías
y diferen- cias, y de reconocer
las distintas representaciones de las identidades-al- teridades. Sobre una concepción práctica
de “nación”, el autor refiere:
Una nación
existe cuando los connacionales, independientemente de donde estén y la
condición económica que posean, creen par-
ticipar de una hermandad histórica de origen y de destino cultu- ral, que han
de traducirse, luego, en derechos que las diferencia de otras naciones.
(García, 2015b:101).
Esta mirada plural de las comunidades en los territorios impli-
ca afirmar que existen diferencias entre culturas,
que las prácticas discursivas y sociales
de éstas comunidades son el resultado de un devenir histórico-cultural de sus seres humanos.
García (íbid) des- cribe que este tipo de pluralidad de identidades constituye configura- ciones simbólicas
diferentes,
de visiones del mundo, de formas orga- nizativas, de saberes y prácticas culturales y de apegos territoriales.
La comunidad
política como el lugar de la ciudadanía multicultu- ral es, entonces, un proceso de construcción
colectiva en el que las diversas identidades étnico-nacionales excluidas son
recono- cidas en sus prerrogativas y poderes en tanto colectividades cul-
turales. Esta ciudadanía diferenciada puede asumir varias
formas, como el Estado autonómico o el Estado multinacional. (García,
2015b:73).
El planteamiento de García
Linera sobre el asunto de la plurinaciona- lidad apunta hacia la necesidad de co-participación política
que exigen las distintas colectividades, esto quiere decir, que el espacio
político plu- rinacional construye los procesos
de acción social de forma colectiva, re-
conociendo que existe una ciudadanía que es diferente. De manera que, estas comunidades en tanto diferentes, también
conceptualizan y prac- tican el poder diferenciadamente, lo que conlleva
a un espacio públi- co de conflictividad, reconocimiento, diálogo y consenso entre
culturas.
De lo que se trata,
entonces, es de garantizar, mediante
una concepción pactista del poder,
la convivencia mediante la articulación de la pluralidad en la unidad política común de
una sociedad diferencial, esto es, que tiene algunas comuni- dades nacionales y otras que no lo son. (García, 2015b:75).
De manera que ésta forma de practicar el poder debe traducirse en una
institucionalidad que sea plural y que erradique
de sus procesos la concep-
ción universal sobre la nación
y la ciudadanía. Acá, estamos afirmando lo que García Linera denomina como un
“Estado plurinacional”. Esta refun-
dación del Estado en clave intercultural, implica
que el mismo sea un espa- cio público donde la institucionalidad está al servicio
del reconocimiento,
legitimación y respeto a las diferencias, es decir, un Estado que al con- trario de anular desde sus políticas las prácticas discursivas y culturales de las comunidades, las promueve
en el marco de la construcción de los espacios públicos
como espacios de participación política
plural y decisiva.
El
Estado Plurinacional además se traduce en el reconocimiento práctico,
institucional de la igualdad de oportunidades los pue- blos, de los idiomas
oficiales, reconocimiento de todas las identi-
dades, posibilidad de ser educado en su propio idioma si uno lo desea y si no,
sólo aprender el castellano, reconocimiento de los idiomas indígenas
en igualdad de condiciones en la escuela,
cole- gio, universidad e instituciones públicas
del Estado. (García,
2009:17).
La igualdad
de oportunidades, en este caso, no se reduce al hecho de po-
der escoger “democráticamente” las representatividades impuestas por las élites políticas, se trata de que la institucionalidad del poder asuma el reco- nocimiento a los derechos, en tanto diferentes todos, que exigen las comu- nidades
y las identidades. García Linera plantea que las instituciones del Estado en su carácter de públicas, deben asumirse precisamente como par- te de una sociedad diferencial que convive por su capacidad de coacción política. Esta coacción, no puede ser más el instrumento idóneo
de las élites para la resolución de conflictos, sino que debe ser el espacio público
donde se debaten las diferencias para construir una institucionalidad que pue-
da ejercer su deber práctico en pro del “buen vivir” de las comunidades.
Conclusiones
Las comunidades políticas, entendidas así
desde el proyecto plu- rinacional, han co-existido en sus diferencias aún con la imposición de la concepción universal
del Estado.
La lógica moderna del mer-
cado fundó una práctica institucional
del poder que anuló la posibi- lidad de participación política desde las diferencias, por su carácter totalista y su visión tecno-científica
de la ciencia política.
Aunado a ello, se suma la consolidación
mundial
del capitalismo como proyec- to político y el eurocentrismo como pensamiento colonial dominante.
América Latina
sin embargo, ha suscitado
desde su ausencia
– como expone Hinkelammert – el levantamiento de los movimientos
socia-
les como expresión de disidencia y ruptura con el Estado liberal. Esto ha
provocado que las exigencias de los movimientos fuercen a los Es-
tados liberales a incluir
en sus instituciones criterios para el recono- cimiento de los mismos.
Experiencias de transformación
del Estado en
América Latina han surgido, sin embargo, la mayoría ha reprodu-
cido la concepción totalista del mercado desde discursos populistas.
La profundización de las refundaciones del Estado se tornan urgente puesto que, la reproducción totalista del poder se esconde
tras discursos progresistas que no permiten
la participación política
de las comunida- des e identidades, aislando
este papel a la representatividad democráti- ca y fundando
nuevas élites políticas enmascaradas en discursos
de iz- quierdas. De manera que, necesario es reconocer por parte del Estado, que las comunidades no pueden seguir
siendo una sumatoria más para la legitimación de una élite en el poder. Se trata de que estas comuni-
dades tengan posibilidad de debatir sobre sus derechos
entendiendo
la institucionalidad como un espacio de aglomeración
de diferencias.
La experiencia del Estado Plurinacional de Bolivia y la producción teó- rica de Álvaro
García Linera nos invita a repensarnos no como comuni-
dades e identidades que resuelven
una mediación para el ascenso de una élite, sino como comunidades que deben ser reconocidas en coacción po- lítica
con otras comunidades desde sus diferencias. Acá, se trata de que la
institucionalidad del poder rompa radicalmente
con la concepción
totalista de la modernidad y asuma a las comunidades desde el recono-
cimiento de sus lenguas, culturas, economías y sus prácticas
sociales.
Por tanto, se trata de ceder
las prácticas del poder,
entendien- do que existe una sociedad de comunidades
y sujetos
diferentes. El ejercicio del poder que en la actualidad recae en la élite que contro-
la la institucionalidad está legitimado incluso por esas formas genera- lizadoras de la voluntad
de los sujetos sociales. Se apuesta por deter-
minar autonomías a comunidades
que desde sus particularidades y asimetrías puedan desde la coacción política,
asumir una instituciona- lidad que posibilite su inserción y su participación activa y protagónica.
De manera que, afirmamos que el proyecto
plurinacional e intercul- tural de la política
tiene su vigencia
en tanto a su carácter
refundador y transformador, pero, sobre todo, en su carácter de radicalidad y de
rompimiento definitivo con el proyecto mundial
del capitalismo. Los movimientos sociales no podrán
reflejarse nunca en un sistema
que los niega, que no propicia
la democratización del poder y que apunta
sólo a que el Estado sea un reproductor de la lógica instrumental y totalista
del mercado. Al contrario tiene su carácter protagónico en un Estado pen- sado
desde la pluralidad de los sentimientos, coexistencias y culturas.
Referencias:
GARCÍA LINERA, Álvaro. (2015a). Estado, democracia y socialismo. Con- ferencia dictada por
el Vicepresidente Álvaro García Linera, en la Universidad de la Sorbona de
París. Recuperado de http://www. vicepresidenciadeboliva.com.bo
GARCÍA LINERA, Álvaro. (2015b). Democracia, Estado, Nación. Caracas.
Trinchera
GARCÍA LINERA, Álvaro. (2015c). La potencia plebeya: acción
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GARCÍA LINERA, Álvaro. (2009). El Estado plurinacional. En: Discursos
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3. Número 7. Vicepresidencia del Estado
Plurinacional. .