ENCUENTROS
Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico
ISSN: 2343-6131 / ISSN-e: 2610-8046
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Maracaibo, Venezuela
Notas y debates
N° 10. Julio-Diciembre 2019
pp. 159-172
El pensar políticamente y la pedagogía para
pensar en el marco de
la utopía.
Thinking politically and pedagogy
to think in the framework
of utopia.
Usmary
Dayana
Moreno Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt Trujillo, Venezuela
http://orcid.org/0000-0002-8777-3836
Harold Ballesteros
Valencia
Universidad de la Costa Barranquilla,
Colombia harballe@gmail.com
http://orcid.org/0000-0003-1158-7348
Este trabajo está depositado en Zenodo:
DOI: http://doi.org/10.5281/zenodo.3241414
“La política organiza de antemano a los absolutamente diversos en consideración
a una igualdad relativa y para diferenciarlos de los relativamente diversos”.
Hannah Arendt
El pensar políticamente
Dónde ubicarnos cuando se trata
de política. La política es el principio organizador de toda ciencia social que atiende entre tantas cosas,
la vida pública y privada de los sujetos.
Aun cuando se tienen prejuicios
contra ella, qué es la pedagogía sino la política
que nace en el lugar
antropológico que la educación ha dispuesto para todos. De esta manera,
la educación se concreta en la reunión
entre sujetos, nunca en un sujeto. Pensemos
enton- ces cuál es el sentido de la política.
Recibido:01/06/2019 Aceptado: 20/06/2019
La política, se dice, es una necesidad ineludible para la vida
humana, tanto in- dividual como social. Puesto que el hombre no es autárquico,
sino que depende en su existencia de otros, el cuidado de esta debe concernir a todos, sin lo cual la
convivencia sería imposible. La misión y el fin de la política es asegurar la vida
en el sentido más amplio.
Es ella quien hace posible
al individuo perseguir
en paz y tranquilidad sus
fines no importunándole. (Arendt,
2008:150)
Arendt (2008) manifiesta, aun con todo los riesgos posibles, que
el sentido de la política es la libertad.
Por supuesto que esto no es algo que impresione, porque al rastrear
las experiencias políticas
pasadas y las más inmediatas hacen dudar de la
libertad como método. Porque no pue- de existir libertad cuando las prácticas
educativas son dominadas por un racionalismo que produce una incapacidad para
pensarse en forma muy nuestra, llevando a reproducirnos sobre un horizonte
óntico que nos acorta
la visión y nos reduce en una continuidad estructural. El racionalismo es un
totalitarismo académico que nos lleva a producir siempre los mismos errores y
por ende nos lleva lentamente a la aniquilación, ya que intenta dejar sin
efecto la política (en términos arendtianos), esto ha sido posible con el consentimiento de todos, puesto que la producción significante de ella detenta prejuicios en su contra y genera la idea de que
esta solo es tarea para las ciencias políticas.
Ciencias
tan importantes para la educación como la biología y la psi- cología se han
convertido en un totalitarismo racionalista que influye la educación tanto
en Colombia como en los demás países
del continente. No es que sus
conocimientos no sean válidos, el problema es que se han convertido en el
significante del hombre y del individuo situándolo en un análisis óntico con lo
que se cierra la posibilidad de pensarse como sujeto (construcción
socio-cultural-histórica). De esta manera, se tiene la creen- cia de que quienes
tienen la verdad sobre nosotros
son los psicólogos y los biólogos. Pero el problema
aun mayor es el sentido
(epistémico-metódico) de estas ciencias, esto es, el racionalismo y la
razón.
Lo anterior
deja sin efecto
la política y la cultura.
Ambos, lugares polí- ticos-antropológicos donde
tienen existencia las relaciones intersubjetivas. Las prácticas educativas
racionalistas se centran en el individuo, creando con ello una pedagogía para
el individualismo y no para el colectivo. En esto hay un contrasentido evidentemente. Arendt (2008) lo devela de la
siguiente manera:
La filosofía tiene dos buenos motivos para no encontrar nunca donde surge el lugar de la política. El primero es la
creencia de que hay en el hombre algo político que pertenece a su esencia. Pero
esto es así; el hombre es apolítico. La política nace entre-los-hombres, por lo
tanto completamente fuera del hombre. De ahí que no haya una substancia propiamente política. La política surge entre y
se establece como relación. El segundo es la representación monoteísta de Dios,
a cuya imagen y semejanza debe haber sido creado el hombre, a partir de aquí,
ciertamente, solo puede haber el hombre, los hombres son una repetición más o
menos afortunadamente del mismo (p.133)
De esta manera, la política, al igual que la pedagogía, son influenciadas
por dos líneas que constituyen el pensamiento occidental, la línea gre- corromana y el cristianismo. Lo que se quiere destacar
es la lógica que se plantea
en el interior de este pensamiento, la producción del indivi- dualismo como
contexto y la individualidad como procedimiento. Está lógica cumple la función
de subsunción. Esta función hace que toda ló- gica diferente que intente tener
existencia contraria a los principios del individualismo, será subsumida
mecánicamente a ella. Se da un proceso de adaptación. La subsunción es un procedimiento práctico que permite
acceder a una lógica de sentido
general de la ética y colocarla al servicio de un campo específico.
Dentro
de esta lógica es muy difícil pensar en el Otro, aun cuando se haga de forma declarativa (como de hecho se hace dentro de la mayoría de los sistemas educativos contemporáneos
de Latinoamérica) esta bifur- cación
en la que está fundamentado el pensamiento occidental tiene un campo de protección casi imposible de penetrar, y con inocencia sería
una misión fallida. La sospecha y la interpelación deben hacerse en una
prác- tica discursiva constante para poder irrumpir en esa lógica (europea) que
nos mantiene en sombra respecto
a nuestros problemas, pues el marco
ca- tegorial con el que estudian
los europeos sus realidades no nos permite
co- nocer las propias
desde nuestras especificidades y diversidades culturales.
Para
Arendt entonces, el sentido de la política es la libertad en el es- pacio público, pero en las prácticas
políticas vemos que se trata también de relaciones de poder, de dominación, conflictos y
antagonismos. Existe todo esto, menos armonía en el espacio de la política. De
manera que, la pedagogía no puede seguir pensándose como una ciencia que se
dedica a estudiar la educación
como un hecho aislado de lo político.
El objeto de la pedagogía debe ser el pensar políticamente la educación desde el Otro
como distinto y no como contrario.
Concibo “lo político” como la visión de antagonismo que
considero constitu- tivas de las sociedades humanas, mientras que “la política” como el conjunto de prácticas e instituciones a
través de las cuales se crea un determinado orden, organizando la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de lo político. (Mouffe,
2007:16)
La
visión de Mouffe es conveniente para
comprender lo que sucede con la pedagogía
y la educación. Este antagonismo del que habla, lo enten- demos desde la categoría
dusseliana del Otro como distinto y
no meramen- te diferente,
reconocer al otro en esta categoría no supone armonía en lo político, reconocer
lo distinto conlleva
un proceso tensitivo
de conflictos y contradicciones tan necesarias en el pensar
políticamente. Ahora, Arendt (2008) y Mouffe (2007) tienen concepciones muy
distintas de la política, pero se encuentran en la afirmación de que la
política y lo político tiene existencia en la pluralidad y nunca en la
individualidad.
Para Mouffe (2007) existe en nuestra sociedad una incapacidad para el pensar políticamente, porque se tiene la creencia que
los problemas políticos se le dejan a los expertos en el tema, de manera que un
grupo minoritario piensa por el resto de nosotros para resolver problemas de la
vida pública. Y mientras Arendt (2008) expresa
que “la ruina de la política
resulta del desarrollo de cuerpos políticos a partir de la familia” (p.132),
Mouffe (2007) piensa que esta ruina se debe a la hegemonía indiscutida del liberalismo, por lo que se dedica a reflexionar el impacto
del liberalismo sobre las ciencias humana y la política.
“El liberalismo, del modo en que lo entiendo en el presente
contexto, se refiere a un discurso
filosófico con numerosas
variantes, unidas no por una esencia común, sino por una multiplicidad de lo que Wittgenstein denomi- na “parecidos de familia” (Mouffe, 2007:
17), le pasa lo mismo
a la peda- gogía. Ambas filósofas
del pensar permiten
con estas posturas,
cuestionar los fundamentos de la educación que tenemos, la política puede
que sea el objeto de estudio de las ciencias
políticas, pero ¿no genera esto sentidos oposicionales cuando decimos que todos somos sujetos de lo político?, hay que suscribir las palabras de Mouffe, la política
como objeto pertenece a la ciencia política,
pero lo político a la teoría filosófica, esto es, al pensar
políticamente. Pensar-pensamiento, reflexión-acción. Nuestra postura
es
la de incorporar en la misma semiosis social lo político-pedagógico y la
pedagogía-política.
La pedagogía, ¿ciencia o campo de conocimiento?
La pedagogía tiene una historia
tan antigua como la historia
misma. Ha tenido diferentes significaciones y funciones
dentro de la sociedad en cada
contexto histórico. La influencia de ella en la producción social-cultural
tiene en su constitución la suma de muchas formas diferentes de conce- bir el
mundo, la educación y la determinación del espacio antropológico. Desde los antiguos griegos hasta el presente, ha sido resignificada dando a esta un carácter de discontinuidad, desde
ser transmisora de morales, sin embargo,
esta discontinuidad se ha valido de mecanismos internos que pudieran considerarse continuos en el tiempo, y es lo que a juicio de Böhm
(2010) son los pasos metodológicos que se
utilizan hasta hoy en la peda- gogía occidental, la ironía (diálogo
aporético), la dialéctica y la mayéutica.
Esta
pedagogía occidental a nuestro juicio es racionalista, tiene como fundamento la
lógica grecorromana y el cristianismo y en su potencia el pensamiento cartesiano
con una filosofía liberal.
Ahora, tal vez, se hace más clara la respuesta a la pregunta ¿por qué nosotros nos aprehendemos
rápidamente de otros discursos y es tan difícil reconocer los propios?, en
estas relaciones de poder el yo pedagógico es un yo eurocentrista, del cual
se aprovechan otros discursos etnocentristas para dominar desde
el pensar (reflexión) el
pensamiento (acción) educativo, social, cultural y político. Toda nuestra educación
está sostenida sobre esta lógica,
aunque con Rous- seau se reconoció el carácter social
de ella, la verdad es que lo que sucedió fue ampliar las redes en todos
los niveles de esta forma de concebir el mundo donde no tiene lugar lo distinto
sino lo hegemónico. Al respecto:
La tendencia dominante en el pensamiento liberal, se caracteriza
por un enfo- que racionalista e individualista que impide reconocer la naturaleza pluralista del mundo social, con los conflictos que este pluralismo acarrea; conflictos para los cuales no podría ocurrir nunca
una solución racional. La típica
comprensión liberal del pluralismo afirma que vivismo en un mundo en el cual existen,
de hecho, diversos valores y perspectivas que –debido a limitaciones
empíricas- nunca podremos adoptar en su totalidad, pero que en su vinculación
constituyen un conjunto armonioso y no conflictivo. Es por eso que este tipo de liberalismo se ve obligado a negar lo político en su
dimensión antagónica. (Mouffe,
2007:Ibid)
Los conflictos (generados en la colonización) son tan diversos, las rea- lidades son tan relativas, que es imposible para el pensar
y el pensamiento racionalista abordarlas todas, por eso es más fácil
recurrir a categorías universales con las cuales se debe comprender el mundo y donde todo el mundo debe identificarse, más por
una cuestión práctica que de poder, pero
que sin duda lleva a la negación
de aquello que es distinto,
en nuestro caso de las realidades latinoamericanas. Sin embargo, no ha faltado
en esta historia, gente que se
hayan percatado de esto y propusieran estudiar las particularidades sociales
y culturales de los diferentes grupos políticos que existen, Dilthey, Malinoswki, Boas, Mead, Mouffe,
Dussel entre muchos otros, que hoy nos dotan de sentido para el pensar políticamente
desde nuestros contextos.
La pedagogía
como ciencia fue condenada en los postulados y métodos de las ciencias naturales, el positivismo al igual que el racionalismo la ha influenciado fuertemente. Como ciencia, ha tenido la
educación como objeto de estudio,
en esta orientación la educación
fue reducida en toda
su complejidad a un objeto que debía a manera conclusiva y universal
dar cuenta de una realidad educativa dada y no construida. El positivismo ha
generado una serie de problemas, entre estos hay dos
que debemos resaltar: el metodologismo en el
que subyace su forma de producir cien- cia, debido a que los instrumentos desarrollaron una forma
de inteligencia artificial y se emanciparon de las teorías
y las realidades, constituyéndose
en portadores de la verdad.
Lo segundo, “el saber ha perdido capacidad de crítica, funciona como
descripción, apegado a ciertos dominios espe- cíficos” (Guzmán, 2007:42). La
pedagogía como ciencia positivista está apegada a su objeto,
es decir a la educación, creando con ello barreras que le impide ver la amplitud en la que se
encuentra inserta, estos es, el es- pacio político-antropológico y la
producción de subjetividades en la vida pública y privada.
Heidegger
(1933), citado por Guzmán (2007), ubica la crisis generada por esta forma de
hacer ciencia en el plano de lo espiritual. Piensa que la ciencia positivista
es una ciencia que terminó en técnica, una especie de tecnificación del saber. Se enfoca objetivamente en las
necesidades que tiene la industria, de manera que para el filósofo lo que está
en crisis en este tipo de ciencia es el pensar,
y por ende el pensamiento.
Si la ciencia no es capaz de obrar dando la medida y la apertura
en una mirada sobre la verdad de la esencia, no tiene sentido como poder espiritual;
deviene una técnica para conocer y planificar las diversas técnicas
prácticas. Heidegger1 (1933:185,
citado por Guzmán, 2007:43)
Y como ya conocemos, el positivismo no mira esencias,
su mirada es epifenoménica, superficial y objetiva
sobre la realidad social, política y cultural.
“planificar y ordenar
no es conocer” (Guzmán, 2007), esta es una de las razones por la cual, aun con
todas las estrategias que se han implementado en el sistema educativo
latinoamericano, la educación si- gue siendo racionalista y positivista que
parte de realidades, problemas y soluciones universales que no encajan
en las realidades de este continente.
La educación sigue sujeta a la técnica, los maestros se han convertido en
didactólogos, se concentran con seriedad en planificar la enseñanza de alguna
disciplina científica o campo de conocimiento para que los sujetos de educación
puedan alcanzar el ideal máximo de la sociedad occidental, subsumirse al
capital y quedar a merced de un Yo
ajeno. Dirá Guzmán (2007:43) “una ciencia apegada a la industria no tenía
razón para pensar problemas que no estaría de acuerdo con este esquema”.
Una pedagogía li- beral, racionalista y positivista potencia a los sujetos a anclarse con fuerza
en la incapacidad para el pensar políticamente. Heidegger está de acuerdo
en que la civilización occidental no se reconoce
en el problema antropoló-
gico, en cambio lo desconoce.
Hay un asunto sobre el que hay que volver, el lugar donde
Arendt (2008) ubica la ruina de la política,
esto es, en la creación
de cuerpos polí-
ticos a partir de la familia. Este es un punto que habría que discutir, porque
esta creación disloca el lugar correcto donde debe ubicarse la pedagogía. La familia es un símbolo
devenido del cristianismo (la sagrada familia), esto exacerba la individualidad dentro de la vida pública,
la familia (la po-
lítica en Mouffe) aniquila lo
político. Esta es la razón por la cual la socie- dad no se asume en la función
educativa que existe en lo político, porque es la política con sus instituciones
las responsables de educar para el bien común.
Es por ello que aun teniendo un marco jurídico
(como es el caso de Venezuela y Colombia) donde
se le asigne legalmente la función educativa a la sociedad, simbólicamente esta función es desplazada o transferida a la
familia, a la escuela, al individuo.
1 Martin Heidegger
en La menace qui pèse sur la science. Écrits politiques
El problema se incrementa aún más cuando la pedagogía es tratada
como un campo de conocimiento, como de hecho ha sido tratada, porque se crea una red de contrasentidos aun mayor que atrapa en ella los sentidos
de todas las disciplinas y técnicas científicas y las religiones que la utilizan como depósito de
conocimientos y doctrinas. Sobre la
pedagogía han di- cho bastante
los biólogos, los psicólogos, sociólogos, médicos, los sacer- dotes, pero debemos preguntarnos, qué
dice la pedagogía sobre sí misma en clave meta-física, política y cultural? Y quiénes son pedagogos?, si la
pedagogía se planteara para el pensar políticamente quiénes serían los encomendados a pensar políticamente
en la pedagogía?, una pedagogía que supere la técnica en la que ha caído debido a la crisis del sentido y a la ciencia racionalista positivista en la que se convirtió debe girar hacia la filosofía, y asumirse como tal y
utilizando como método el pensar.
Pedagogía para pensar
desde nosotros mismos: pensar es filosofar
Pensar es reflexionar.
Si tomamos conciencia que lo ideal para nues- tras realidades latinoamericanas
es pensar desde nosotros mismos, desde nuestras realidades, desde nuestros
problemas más generales e inmedia- tos, debemos sin duda recurrir
a la pedagogía en clave filosófica, pero en los términos políticos
que ya antes planteamos, las miradas de Arendt
y Mouffe sobre lo político
y la política. Además de ello, tener como punto de inicio, no la filosofía
grecorromana ni cristiana, teniendo la filosofía latinoamericana que nos
plantea Dussel.
El pensar siempre se ocupa de objeto que están ausentes, alejada
de la directa percepción de los sentidos. Un objeto de pensamiento es siempre
una re-presen- tación, es decir,
algo o alguien que en realidad está ausente y solo está presente en la mente, que, en virtud de la imaginación, lo puede hacer presente de imagen.
(Arendt, 2007:166)
Esta pedagogía para pensar debe dar cuenta en mayor medida del
pro- ceso de pensar, “no solo de
eventos o fenómenos extraordinarios, sino cualquier reflexión filosófica que hagamos que no sirva al conocimiento y que no esté guiada por fines prácticos” (Arendt,2008: 166),
(como lo son las líneas orientadoras que emana cada año escolar el sistema educativo
a las escuelas para orientar
sus prácticas educativas), lo ideal es que sir-
va para pensar nuestras propias realidades, “la actividad de pensar en sí misma significa que se deben
rastrear experiencias no doctrinas” (Arendt,
2008:167)
Tal vez por eso recién ahora el pensar latinoamericano esté mostrando que lo
que se llama pensar ya no puede ocurrir como si el lugar, el locus o el desde, no importara, porque ahora
se estaría empezando a tomar conciencia de que desde otros lugares,
lo mismo, en este caso la realidad,
no se ve ni se le comprende
del mismo modo que como se ve desde
Europa o EUA. En este caso, ya no se trataría
de pensarnos solamente, sino de pensarnos desde nosotros mismos, o sea, desde
la realidad llamada Latinoamérica. Pero no única y exclusivamente a nosotros,
sino la realidad toda, pero, desde nosotros o, si no, desde la realidad que
somos, desde la realidad que hemos producido, pero también desde la realidad
que he- mos heredado. (Bautista, 2015:83)
Se
trata de girar la significación de la pedagogía como ciencia hacia una
pedagogía para el pensar desde nosotros, desde el Otro como dis- tinto y no como diferente. En ningún caso para
negar como bien expresa Bautista lo que somos, ni para construirnos en
antagonismo con aquello que intentamos deconstruir. Sino para aprender a distinguir a partir
de la reflexión nuestras realidades y al final privilegiar en cualquier
caso solu- ciones propias a problemas muy nuestros. Construir un sistema
categorial que nos permita
comprender las subjetividades, los contextos, los espacios
políticos-antropológicos latinoamericanos.
Experiencias: Motivos
para engranar la pedagogía, lo político y la po- lítica
En relación
a esto, tres experiencias con el CENDES
(Centro de Educa- ción Nacional para Población
Desplazada y Vulnerable) pueden cartogra-
fiar las consecuencias de no reconocer en primer lugar los conocimientos
locales pre-existentes en una comunidad. Para el año 2004 FENALCO Atlántico, encargado de dirigir algunos
proyectos para la restitución social y
económica para población desplazada y vulnerable en Colombia, con los recursos que le daban para ello USAID
y la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD) había focalizado su atención en el munici- pio de Malambo, Departamento del Atlántico, teniendo
en cuenta que este
municipio era uno de los mayores receptores de dicha población. Estos
proyectos, a nivel operativo, se desarrollaban digamos
que en tres momen- tos:
formativo, financiero y seguimiento y control.
Para
el momento formativo, se habían planteado
tres áreas ocupacio-
nales que eran consideradas prioritarias en términos
de necesidades en el municipio, entre otras. Estas fueron
la mampostería, acabados finos, partiendo de la necesidad inmediata de mano de
obra en la creciente in- dustria de la construcción, y mensajería. Lo anterior, se desprendía de un diagnóstico local,
de las necesidades de servicio que tenía la sociedad en ese momento y las capacidades
que supusimos tenían los sujetos a forma- ción que era lo más idóneo y lo más
justo para todos. Los procedimientos didácticos elaborados para cada área eran
apoyados por documentos au- diovisuales y por
la figura de un profesor quien
acompañaba el proceso y la facilitación de los aprendizajes. Luego de terminado
este momento, se procedió a descargar
los recursos financieros para cada grupo, los cuales eran constituidos por un
número no superior a 10 beneficiarios cada uno.
Las diez personas formadas
en mampostería, luego
de recibir los apor- tes en dinero, desaparecieron del municipio, y nadie supo más de
ellos. Esa situación condujo a una situación de profundo extrañamiento y desa-
rrolló en mí- dice Livinstong Krawford- cierta incertidumbre, pues duran- te muchos
días no se supo qué había sucedido con ellos y con todos los esfuerzos y
esperanzas que habíamos depositados en el proyecto, no era para menos. Veinte
días después, cuando me encontraba en la puerta de la entrada del centro de formación con otras personas
del proyecto, vimos a
lo lejos venir una carromula
(carreta halada por un burros),
y detrás otro, y luego otro,
hasta completar diez, una verdadera caravana. Eran los mamposteros, ahora
transformados en recolectores de basura, cumplían dos funciones, la de
financiar su actividad laboral y la de prestar los ser- vicios de aseo en el municipio donde la recolección oficial
de basuras era ineficiente. Algo que no habíamos previsto se nos vino directo al rostro. Habíamos olvidado que estas personas estaban ligadas a
oficios y tecno- logías propias del área rural, que esta era, para ellos, una
ciudad ausente.
La
técnica los llevó por el mismo
camino que lleva a la pedagogía oc- cidental. Desde
la racionalidad que supone unos impresiones apriori
sobre las necesidades de crear empleos
para sobrellevar la pobreza, se dedicaron
a desarrollar una formación técnica muy concreta, y creyendo en el pro- fundo
desconocimiento sobre la reflexión educativa, que estas personas tenían la estructura mental de forma tal
que solo readaptarían sus saberes y asumirían uno nuevo; la verdad fue, que ellos,
comprendieron la esencia
del plan todo y se dedicaron a
producir lo que sabían hacer.
Lo mismo hicimos, dice un instructor del proyecto – Javier
Cáceres- para los otros dos grupos de sujetos en formación. Pero, lo que
resultó un fracaso total fue el grupo de personas
que se formaban en mensajería, pues resulta que el facilitador encargado de reproducir los videos que tenían las clases formativas reporta que no pudo con el grupo, que era un grupo muy difícil. Nunca pensó en que lo difícil
podría ser los recursos didácticos utilizados,
o la maqueta general de formación del curso de mensajería, los que tenían defectos eran las personas.
Resultó que de las 20 personas que hicieron el
curso solo tres sabía leer,
y no fue ante la presión
que signifi- có el fracaso. Lo que hay que determinar aquí es que si la pedagogía se desarrollara sobre el pensar
políticamente (en lo político y en la política), se habría generado entre las partes alguna reflexión
que diera mejores re- sultados, porque la solución a los problemas que
presentaban los grupos en formación hubiesen sido solucionados desde ellos, es
decir, desde el espacio
político-antropológico.
Jutta H. Wester, plantea que en materia de educación, desde la dimen- sión técnica “Las decisiones tienen que tomarse
en vista de las necesidades sociales inmediatas que hay que reconocer y diagnosticar correctamente y para las que hay que diseñar medidas adecuadas” (Wester,
2008: 65 uto- pía y Praxis 42). Justamente, con respecto a la experiencia
contada, no se partió de un buen diagnóstico, razón por la cual el fracaso no fue otra cosa
que la crónica de una muerte anunciada. Más adelante, la misma autora se
refiere a la dimensión socio-histórico- cultural en la cual considera que “La
ciencia y los conocimientos que se necesitan para la toma de decisio- nes responsables no son valorativamente neutrales sino que las ciencias
sociales interpretativo- comprensivas son tan imprescindibles como las ciencias naturales, presuntamente objetivas” (p.65).
Se trata de considerar
esta dimensión en un devenir, esto
es, ubicarse en la perspectiva de una puesta en escena del Día después y
(…) descubrir una cierta dinámica destructiva de la ciencia y la
técnica y de analizar críticamente la relación entre la invención de nuevas
técnicas y las ne- cesidades reales o culturalmente reconocidas de la sociedad
y de los individuos. El desarrollo no ha de entenderse como mero progreso científico- tecnológico o como mero crecimiento económico, sino que las decisiones (p.66)
Implica entonces, que no se puede diseñar una política educativa
por
fuera del sujeto, de la discontinuidad histórica y de sus
cargas de tradi- ción. Los
sujetos del proyecto que puso en cuestión todo un andamiaje en materia de
improvisaciones no contó con que estos venían de trabajar en labores agropecuarias y tenían un completo desconocimiento de la ciudad. Para nada se valoró sus
presupuestos culturales y, menos aún,
la batalla que libraban con las culturas originarias de las distintas
concentraciones urbanas en donde se asentaron, la descomposición de sus
familias, entre otros grandes problemas que le aquejaban.
Este tipo de educación que responde a las famosas ayudas tanto
de los Estados nacionales como de las fundaciones internacionales y que, ade-
más, son canalizadas por los mismos gremios de comerciantes, industria- les y
políticos que los sacaron de su mundo primordial resulta ofensivo y
revictimizante. A propósito, la dirección nacional
de dicho proyecto
estaba en cabeza del actual Ministro de Defensa de Colombia y quien,
para en- tonces, fungía como Director de la Federación Nacional de Comerciantes, FENALCO.
Por
otra parte, no debe olvidarse que en los últimos años, América La- tina, en aras de atraer
inversión extranjera, se ha hecho
a la mar con leoni-
nos tratados de libre comercio en los
cuales la educación y la cultura son puestas en la misma dimensión de los demás productos comerciales, bajo el eufemismo
de la denominada industria cultural
universal, por un lado, y por otro la universalización de la educación con el objeto
de que responda a los estándares de los países del primer mundo
convirtiendo a los sujetos de dicha educación en mano de obra barata para el
mundo de la trashu- mancia de la
globalizante del capitalismo neoliberal.
Colombia, por ejemplo, ha entrado, aparte del
TLC con los Estados Unidos de América, en tratados con los países europeos y de Asia, Corea
y Japón, fundamentalmente. Tras estos, está el de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) del cual hacen parte treinta y cinco países
que representan el 60% del Producto Interno
Global, y las políticas educativas se formulan
en base a las necesidades de los más desarrollados, por encima de las necesidades locales. Esto ha conducido
a la que el país se instrumentalice para pruebas estandarizadas, entre mu- chas otras cosas, pero deja por fuera la formación integral
del ciudadano y lo coloca al margen de su cultura y,
en consecuencia, de sus identidades.
No se trata de negar la globalización y, por ende, la permeabilidad que la cultura, la educación y las
identidades sufren al tenor de la misma sino entender el desarrollo desigual y
combinado de los pueblos.
Al respecto,
Wester insiste en que, en consonancia con las nuevas voces
para una nueva utopía latinoamericana, se hace necesario, citando el Pro-
nunciamiento Latinoamericano, Foro Mundial de la Educación, de “pre- servar
algunos valores que son esenciales a la identidad latinoamericana” (66).
Prefiérase hablar de identidades en plural, para evitar hegemonizar cultural e identitariamente a la región. Comenta
Wester que la represen- tante alemana prefiere hablar de
que los valores latinoamericano deben denominarse “valores humanos,
humanistas…”. Sin embargo, resulta
in- teresante traer a colación a Peter Sloterdijk (2001) en su libro Normas
para el Parque Humano, y en el cual el filósofo considera que
En el núcleo
del humanismo así entendido descubrimos una fantasía sectaria
o de club: el sueño de una solidaridad predestinada entre aquellos
pocos elegidos que saben leer. Para el mundo antiguo y hasta la antesala misma del Estado
nacional moderno, saber leer significaba de hecho algo así como ser miembro
de una élite envuelta en un halo de misterio (…) En sustancia, el
humanismo burgués no era otra cosa
que el pleno poder para imponer a la juventud los clásicos obligatorios y para
declarar la validez universal de las lecturas nacionales (…) La época del
humanismo nacional burgués ha llegado a su fin (…) esto ya no podía ser sufi-
ciente para mantener unidos los vínculos telecomunicativos entre los habitantes
de la moderna sociedad de masas (Sloterdijk, 2001: 23-27-28).
El mismo autor plantea que el humanismo en el mundo moderno en
tanto lo escolar y educativo
ha llegado a su fin en la medida en que la racionalidad del mercado, las prácticas
políticas y la economía no se desarrollan en consonan- cia “con el
modelo amable de las sociedades literarias” (29). Una nueva utopía pasa por mirarse así mismo desde
sus propias culturas, desde el fragmento de las memorias y
sin la intencionalidad homogeneizante y pretensiones totalizantes, de universalidad. Para Adolfo Colombres “América Latina no podrá consumar su emergencia civilizatoria mientras no deje de asumir lo ajeno como propio” (Colombres, 2004:29). Indica que en materia
de cultura y educación, no se puede continuar bajo la reflexión
decadente del raciocinio
europeo y más bien propo- nerse en encontrar los valores que
las sustentan en el mundo de los deslumbra- mientos, en el lugar de las
inexistencias, en la utopía.
Conclusión
La pedagogía tiene ese carácter de modificarse en el tiempo y en
cada contexto en donde es pensada. En su cualidad de discontinua, debe trans-
formarse en algo más la técnica a la que ha sido reducida. Es algo serio
para pensarse,
porque no vemos manera de que podamos superar los po- sicionamientos
epistémicos que nos plantean el racionalismo y el positi- vismo si no reflexionamos profundamente sobre ello. Tenemos
diversos y profundos problemas
educativos estructurales a los cuales tendemos
a aplicar soluciones prácticas. Superar la técnica, el metodologismo, las
prácticas educativas liberales necesita del trabajo político y no solo de la
política. Se debe comprender que la transformación del sistema categorial con el que analizamos nuestras
realidades debe modificarse a partir de miramientos empíricos particulares,
porque la vida política es el espacio antropológico primero.
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